Me sorprendió enterarme de que, para 2027, la competencia deportiva juvenil más importante de nuestro país tendrá nuevamente un cambio de nombre. La Olimpiada Nacional, esa que durante tres décadas hemos identificado como uno de los principales semilleros del deporte mexicano, será presentada ahora bajo la denominación ON: Orgullo Nacional Conade 2027.

No pretendo entrar en una discusión sobre quién tiene la razón, ni mucho menos alimentar versiones sobre diferencias entre nuestras autoridades deportivas; por el contrario, este momento debería servir para recordar algo mucho más importante: El deporte mexicano es uno solo y quienes tienen la responsabilidad de dirigirlo deben encontrar siempre la manera de trabajar juntos.

Conozco muy bien lo que significa la Olimpiada Nacional. Hablo de un proyecto que nació hace 30 años y poco a poco se convirtió en parte de la vida de miles de familias mexicanas. Durante todo este tiempo, niñas y niños llegaron acompañados de sus padres a una alberca, una pista, un gimnasio, una cancha o cualquier escenario deportivo, con una ilusión que comenzaba precisamente ahí.

Algunos solamente vivieron la experiencia de representar a su estado; otros continuaron su desarrollo, hasta convertirse en seleccionados nacionales, y unos cuantos alcanzaron el enorme privilegio de representar a México en Juegos Centroamericanos, Panamericanos, campeonatos mundiales y Juegos Olímpicos.

Por eso me preocupa que nuevamente se modifique una identidad que costó tantos años construir. Y no tenemos que ir demasiado lejos para encontrar un antecedente. Durante el sexenio anterior, bajo la administración de Ana Gabriela Guevara, se tomó la decisión de dejar atrás el nombre de Olimpiada Nacional y convertir el certamen en los Nacionales Conade.

Fue un fracaso, en términos de identidad. Se tomó un evento perfectamente reconocido por deportistas, entrenadores, padres de familia y asociaciones de todo el país; se le colocó una denominación institucional que nunca consiguió generar el mismo sentido de pertenencia.

No desaparecieron las competencias ni dejó de surgir talento, por supuesto, pero se perdió algo que también tiene enorme valor en el deporte: Una marca que las familias mexicanas habían hecho suya.

Tan importante era aquella identidad que la actual administración decidió recuperarla. En 2025, Rommel Pacheco anunció el regreso oficial de la Olimpiada Nacional y habló de volver a los orígenes de la competencia. Me pareció una decisión acertada.

Por eso, resulta difícil entender que —apenas dos años después— estemos nuevamente hablando de un cambio.

Ahora, se anuncia Orgullo Nacional. Respeto las razones de la Conade para construir una nueva identidad. Rommel ha explicado que las siglas ON buscan conservar la relación con Olimpiada Nacional y acercar el concepto a las nuevas generaciones.

deportes@eluniversal.com.mx

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