La Federación Mexicana de Futbol presentó los primeros cuatro partidos de Rafael Márquez al frente de la Selección Nacional. Colombia, Perú, Chile y Estados Unidos conforman un calendario atractivo, pero existe el riesgo de que el llamado “Clásico de la Concacaf” vuelva a convertirse en la cortina de humo perfecta para perder de vista lo verdaderamente importante.

Si México vence a Estados Unidos, volverán los discursos triunfalistas. Si pierde, comenzarán las dudas sobre un entrenador sin experiencia y que apenas inicia su gestión.

Ese partido venderá boletos, generará millones de interacciones en las redes sociales y dominará la conversación durante varios días. Pero el éxito del proyecto de Márquez no puede reducirse a 90 minutos frente al vecino incómodo.

La verdadera noticia está en otro lado. Si Estados Unidos consigue la sede de la Copa América 2028, la Conmebol tendría prácticamente la obligación deportiva y comercial de repetir un torneo conjunto con la Concacaf.

Ahí aparecería la mejor oportunidad de México, durante todo el ciclo mundialista, para saber si realmente está construyendo una Selección capaz de competir contra la élite.

Ni dos Copas Oro, ni dos Ligas de Naciones, ni una eliminatoria en la que históricamente México suele imponer condiciones, ofrecen un parámetro comparable. La Copa América, sí. Ahí no existen rivales cómodos ni margen para el autoengaño. Ahí se desnuda el verdadero nivel futbolístico.

Rafael Márquez necesita tiempo, pero también escenarios que permitan evaluar su trabajo con honestidad. El clásico contra Estados Unidos será apenas el primer capítulo de una historia que muchos intentarán sobredimensionar.

El juicio serio llegará hasta 2028. Si México aspira a ser protagonista en el Mundial 2030, su examen de media carrera no estará en la Concacaf, sino frente a las potencias sudamericanas.

Todo lo demás corre el riesgo de convertirse, otra vez, en una placentera ilusión.

@elmagazo

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