Es un político. Estudió la ciencia arquitectónica del Estado, indispensable para construir las mejores sociedades. La practica con las virtudes del estadista. Por eso, Alejandro Armenta Mier está dando a Puebla el impulso y la proyección que nunca tuvo. Que ni siquiera soñó.

Para él, el status de político no viene de los más de treinta años que ha ocupado cargos por designación y/o de representación; este se halla en el conocimiento. En el domino de la materia constitutiva y constructiva del poder del Estado. En la Administración Pública. En el fin último que persiguen, que es el bien común.

Para el gobernador Armenta Mier, teoría y práctica políticas, y todos los demás saberes que las comprenden y las complementan, van de la mano. Son indisolubles. Indispensables en el ejercicio del poder. Producen beneficios tangibles. Consistentes. Duraderos para la colectividad. Cuando se reflejan en esta cobran su verdadero sentido. Toda su razón de ser.

En el contexto de la descomposición. El desorden y los dislates que se observan en no pocos que conducen los estados nacionales, el de Armenta Mier, por contraste, es un caso digno de hacerse notar aun cuando sólo gobierna una de las entidades del país.

Con menos de dos años de gestión, lo que ha hecho para mejorar las condiciones de vida de miles de personas, abrir su horizonte. Alentar sus expectativas, acredita su sensibilidad. Visión. Sentido del humanismo, esencia de las virtudes del político.

Estas, identificadas. Definidas. Clasificadas. Establecidas por los clásicos de la Antigüedad y retomadas. Reafirmadas por todos los clásicos modernos. Siguen inamovibles ante el paso de cientos de años.

Ignoradas. Violadas. Pisoteadas como nunca. Incluso por los líderes mundiales más conspicuos, Alejandro Armenta Mier, con sus acciones y decisiones, las retoma. Las recrea. Las materializa. Las recuerda a muchos que las han olvidado, si las conocieron. O que, conociéndolas, las burlan. Las atropellan. Sin compromiso. Sin ética. Sin escrúpulos.

Para que no se olviden. O mirando a que otros gobernantes las tengan presentes. Las observen. Las apliquen. Las utilicen a fin de procurar el bien de la ciudadanía, son las siguientes:

Prudencia.- Es reputada como la hija amada de los dioses. Es el eje de todas las demás. Implica sabiduría y discernimiento. Talento para juzgar y decidir oportuna y correctamente. Induce a optar siempre por el bienestar del Estado y del pueblo.

Justicia.- Consiste en asegurar el orden social con base en la concordia y la unidad, la conservación y el engrandecimiento del Estado. Obliga a la justa e imparcial aplicación de la ley y a dar a cada cual lo que le corresponde.

Fortaleza.- Asumida como sinónimo de coraje y valentía, se denota en la entereza para afrontar desafíos, peligros y adversidades. El verdadero político apela a ella para tomar decisiones difíciles, resistir presiones y defender el bien común ante cualquier amenaza.

Templanza.- Está emparentada con la moderación, la mesura y el buen juicio. Se manifiesta en la firmeza de mantener el control sobre los apetitos, las pasiones y las cosas efímeras. Es básica para evitar excesos, corrupción, tentaciones, así como para no perder la serenidad en situaciones complejas ni extraviar los ideales.

Cristalizadas en un estilo de gobierno. Traducidas en bienestar común, las virtudes cardinales del político generan un liderazgo moral. Ético. Político incuestionable. Quien ejerce el poder con esas herramientas, se consagra como un verdadero guía. Un estadista. Un bienhechor de su Ciudad, que lo honra. Lo recuerda con gratitud. Es su camino seguro a la trascendencia de la Historia.

Apoyado en la máxima de su partido de atender primero a los más necesitados. En línea con la presidenta Sheinbaum –lo reitera siempre– de dar prioridad a las personas más vulnerables, Armenta Mier emprendió la terea de incorporarlos a distintas actividades productivas. Dignas. Rentables. Estables.

Con eso, les ha dado a cientos de sus gobernados –considerando únicamente a los del campo– un sentido de pertenencia. De Comunidad. De capacidad. De creencia en sí mismos. De alta estima. De vida. Un cambio realmente profundo. Que va más allá del ámbito personal. Partidista. Electoral. Del factor temporal.

Mediante la Estrategia Seguridad para el Campo, su administración ha atendido y empezado a explotar más de 110 mil hectáreas y beneficiado a cerca de 70 mil productores en 156 municipios de las 31 microrregiones del estado.

Con un parque de más de mil 800 equipos que incluyen tractores, sembradoras, cosechadoras, trilladoras, drones y hasta operadores provistos de salarios y combustibles que pone gratuitamente a disposición de los campesinos, ha detonado una producción agrícola que anuncia la soberanía alimentaria del estado.

La importancia que tienen los productos del campo podría. Debería inducir la réplica de ese programa a nivel nacional. México daría un paso gigantesco contra la dependencia alimentaria. Que le cuesta miles de millones de pesos.

Desde que asumió el poder, Armenta Mier se comprometió especialmente con ese sector en el convencimiento de que políticas bien pensadas. Estructuradas. Evaluadas, Reforzadas, contribuyen al combatir la marginación, promueven el bienestar de las familias y fortalecen el ideal de mitigar, superar, desterrar la pobreza.

En la transformación integral del campo poblano, su secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural, Ana Laura Altamirano Pérez, ha sido y es la gran clave. El motor. La motivación, dados su preparación, capacidad, interés y cercanía con las comunidades rurales.

Con ella como bujía. Con el formidable equipo de colaboradores que ha integrado en cada área y en el que figura su representante en la Ciudad de México, Alexa Heredia, el gobernador está empeñado en que el campo de Puebla se transforme con base en la organización territorial, el uso de la tecnología y el respaldo permanente a los productores.

Lo conseguido es considerable. Pues si al inicio de su gestión el gobierno tenía 800 equipos agrícolas y ahora suma mil 800, para el año siguiente se propone contar con 2 mil 500. En 2026, además, ha canalizado mil 700 millones de pesos a la estrategia integral de atención al campo.

Con ello, reitera pesimista en sus discursos. Conferencias. Entrevistas, se abrirán 400 mil hectáreas al cultivo. El número de beneficiarios crecerá significativamente.

El campo, que da de comer a todos los habitantes del Planeta, requiere y merece todo el apoyo. De todos. De todo tipo. En especial de quienes gobiernan. En México y en el mundo. Asegurar la alimentación de la gente es un seguro de estabilidad. Orden. Paz y progreso social.

Por eso, es necesario. Pertinente. Justo, destacar el caso de Puebla, cuya producción agroalimentaria borda los 70 mil millones de pesos. Se sustenta en 142 cadenas productivas y en una amplia variedad de cultivos que la han posicionado como referente nacional. De avanzada en ese rubro.

Sin ufanarse. Con modestia. Alejandro Armenta Mier gobierna. Lo hace apelando a los instrumentos apropiados. Útiles. Requeridos. Con los que se pueden alcanzar resultados tangibles. Objetivos. Comprobables.

Todos sus programas, que giran en torno al de la de seguridad, entendida simplemente como Intolerancia Total contra la delincuencia, les está dando a los poblanos preciados bienes que todos los mexicanos deseamos. De los que ellos, apenas… están viendo el principio.

Línea de Fuego

La diferencia entre Javier Barros Sierra y Leonardo Lomelí Vanegas es notable. Notoria. Inequívoca. Insalvable. Uno prefirió la trascendencia histórica. Del otro…está por verse. El ingeniero Javier Barros Sierra, quien ocupaba la rectoría de la UNAM durante el conflicto de 1968, es un hombre de grata memoria. Se instaló en el sitial de honor que ocupa por su dignidad, honradez intelectual y valentía. Izó la bandera a media asta como protesta por la invasión militar a la Preparatoria Uno y la violación de la autonomía universitaria. Encabezó una manifestación contra el gobierno en defensa de los derechos de los estudiantes y la libertad de expresión. Prestigió a nuestra Máxima Casa de Estudios en grado sumo con la modernización de los planes de estudio y el impulso a la ciencia y la tecnología. Todo ese reconocimiento, indeclinable pese a las crisis que ha sorteado en distinto momento, se está derrumbando por las anomalías del examen de admisión a licenciatura de este año. Leonardo Lomelí Vanegas está obligadísimo a evitar la estrepitosa caída. Sólo puede hacerlo ordenando una investigación total. Imparcial. Cruda. Disponiendo, incluso, que se proceda penalmente contra los responsables, posibles beneficiarios de un presunto fraude. Patricia Dávila no puede quedar en la condición de simple cesada de la secretaría general. Debe ser investigada y sancionada, si fuere el caso. Ivonne Ramírez, directora de Administración Escolar, quien se ha enquistado en el cargo como si le perteneciera, también debe rendir cuentas. En eso está no sólo la continuidad de Lomelí Vanegas en el cargo; está su paso a la Historia. Si no tuvo ninguna participación en las irregularidades y eventuales corruptelas, no puede detenerse ante nada para salvaguardar su fama. Dejar en claro todo. Demostrar que no tuvo participación indebida en el escándalo y renunciar, reflejaría su verdadera estatura moral. Sería su mejor decisión. Para que se esclarezca todo legalmente, cuenta con una pléyade universitarios preparados. Capaces. Íntegros. Leales a la UNAM. Conscientes --entre los que se halla el ex director de la Facultad de Derecho, Raúl Contraras Bustamante-- de que salvarla como última defensa de la conciencia de la Nación, es de crucial, vital importancia… ¡Piénselo, rector! El (D)Andy y la protegida del vampiro tropical andan, como mucho otros desesperados, en abierta campaña; él para ser diputado por Tabasco, y ella para convertirse en gobernadora de Chihuahua; ambos, para seguir soñando en la Presidencia. Y las autoridades electorales, que están totalmente cooptadas, desacreditadas y corrompidas, sólo mirando.

Cargando comentarios...