Ofrecieron que nos llevarían a la tierra prometida. Que la economía crecería, que la gasolina costaría más barata, que seríamos una potencia petrolera, que los militares regresarían a sus cuarteles, que la corrupción terminaría. Que se romperían las cadenas que tenían atado al pueblo de México. Y en realidad lo que hicieron fue llevarnos al infierno. Porque para acceder al poder hicieron alianzas inconfesables. Pactaron con criminales para allegarse de votos y recursos ilícitos en la lógica poco ética de que el fin justifica cualquier medio. Pero ese apoyo lógicamente no era gratis. Significó un manto de impunidad disfrazado de la política de “abrazos no balazos”. Pregonaron a los cuatro vientos sus mandamientos de “no mentir, no robar, no traicionar”, cuando en la práctica significan todo lo contrario. Mienten todos los días al asegurar que el país va bien cuando tenemos el peor desempeño económico de las últimas décadas. Hacen malabares para justificar que la gasolina cuesta mucho más, que Petróleos Mexicanos está quebrado, y que para extraer el preciado oro negro tienen que recurrir al capital privado, lo que tanto denunciaron en el pasado vendiendo la idea de que se ponía en jaque a la soberanía energética. Mienten cuando hablan de economía si el desempeño de la mexicana ocupa los últimos lugares en América Latina, pero sobre todo cuando la economía familiar sufre descalabros por el aumento del costo de la vida, porque se tienen que pagar medicamentos y servicios médicos ante el colapso del sistema de salud pública, porque los bienes básicos están más caros y a millones de familias les cuesta trabajo acceder a la canasta básica.
Dijeron que la corrupción se barrería de arriba hacia abajo y hoy toda la nomenclatura morenista está involucrada en escándalos. No hay semana en la que alguno aparezca, por ejemplo, con mansiones multimillonarias como es el caso de la senadora que sacrificó miles de perros.
Pero lo peor de todo es que traicionaron a la gente. Porque lejos de liberar permitieron que un poder fáctico, un nuevo yugo esclavizara a las y los mexicanos. Porque no les importó pactar con los criminales para ganar elecciones. Traicionaron porque le entregaron esta nación soberana a los que matan, secuestran, extorsionan y trafican con drogas y personas. No pueden romper este pacto criminal que tiene a México herido y arrodillado porque están sentados en sillas financiadas por esos oscuros intereses y manchadas de sangre y de dolor de tantos mexicanos.
No pueden arrancarse esa herencia porque su poder está directamente ligado a ella. Y para refrendarlo se sacan de la manga una nueva iniciativa. Están leyendo las encuestas, pero sobre todo el estado de ánimo de la gente. Saben que la mayoría está despertando. Que se dieron cuenta que son unos falsos profetas. Por eso ahora buscan anular las elecciones en las que no resulten triunfadores con el pretexto vago de la “injerencia extranjera”. La trampa para mantener el poder. Esto es lo que ellos representan y pretenden. Le toca a la oposición estar a la altura y entender la enorme responsabilidad que se tiene enfrente. Liberar al pueblo sometido por la inseguridad y la violencia significa poner por delante el interés nacional.
Política mexicana y feminista

