Durante el Mundial el nombre de Juan Rulfo ha aparecido en al menos tres lugares inesperados.
Una pregunta se hizo famosa en estos días de junio y julio: “¿Y si sí?” Tal vez se trata de una elaboración anónima que cundió y se convirtió en canto y porra porque sintetiza un ánimo colectivo profundo, basado en la esperanza y tal vez en la ilusión de que el equipo mexicano haría historia en esta edición del certamen global.
¿Puede entonces hablarse de Rulfo y de un deporte de masas? Sí, porque las actividades humanas forman un conjunto de incontenibles corrientes, y la cultura letrada y la cultura masiva o mediática son afluentes que se entremezclan en el río inabarcable de la vida, y no es fácil separar una de otra.
Resulta que una imagen –un meme– presentó la portada original de Pedro Páramo y en vez de este título pudo leerse: “¿Y si sí? / por Juan Rulfo / Letras Mexicanas / Fondo de Cultura Económica.”
En vísperas del partido entre México e Inglaterra, Juan Rulfo apareció dibujado junto al escritor británico George Orwell, ambos sonrientes y tranquilos, y al fondo se divisa el Estadio Azteca.
Por último, el editorialista Eduardo Caccia escribió lo siguiente:
Inglaterra nos dio a William Shakespeare y a Jane Austen. México, a Sor Juana y a Juan Rulfo. Unos escribieron desde una tradición imperial, universalmente reconocida; otros desde una tradición distinta, menos numerosa quizá, pero no menos profunda. Nadie diría que la literatura mexicana es imposible frente a la inglesa. Nadie leería a Rulfo pidiéndole permiso a Shakespeare, ni a Sor Juana sintiéndose menor frente a Austen.
La historia inspira respeto. La tradición pesa, pero no escribe la siguiente línea. Nadie lee Pedro Páramo midiendo cuántos siglos de literatura había detrás de Rulfo, sino lo que esas páginas son capaces de provocar.
Diversas voces se han ocupado del tema, y como filólogo me siento obligado a contribuir con algún aporte.
Por lo pronto, ha de decirse que la final se jugará este domingo en español, como ya lo decía Érik Huesca. De hecho, de los 23 campeonatos entre 1930 y 2026, 18 han sido ganados por países de lenguas herederas del latín: 7 en español (ya considerando la final del domingo), 5 en portugués brasileño, 4 en italiano y 2 en francés; las cinco victorias restantes son 4 en alemán y 1 en inglés. La lengua española es, sí, la más victoriosa en esto.
Volvamos a la pregunta. Primero: la pregunta es de una economía admirable y de una sonoridad perfecta. Me recuerda aquel “I like Ike” de la campaña presidencial de D. Eisenhower en 1952; Roman Jakobson hizo un análisis ya clásico de esta frase: vocales y consonantes apuntan en una misma dirección; no tienen desperdicio en fondo y forma. Y desde luego la brevedad es decisiva.
“¿Y si sí?” es versátil. Por ejemplo, es útil para que en clase de ortografía enseñemos cuándo no se acentúa “si” y cuándo debe escribirse “sí”.
La pregunta incluye una condición y una afirmación: resulta sintética y representativa, pues andamos por la vida entre condiciones y afirmaciones, entre requisitos y posibilidades, entre obstáculos y expectativas voluntariosas.
La “Y” inicial es una conjunción que precisamente conjunta una esperanza condicionada y una situación previa. La situación previa no se menciona, pero se presupone, pues sabemos que existe. Ya lo decía sabiamente cierto campesino en un cuento de Rulfo (“Nos han dado la tierra”): “Vamos a comenzar por donde íbamos.” No dice, como aconseja la frase hecha: “Vamos a comenzar por el principio.” No lo dice porque ¿quién puede alcanzar el principio?, ¿quién puede volver al primer mensaje en el vértigo de la vida diaria y sus decenas y hasta cientos, si no es que miles de intercambios verbales en muy pocas horas?
Segundo: en esa “Y” está toda la historia del futbol mexicano y sus ilusiones a veces logradas (como la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de 2012, con un equipo y un proyecto que hubieran debido continuarse) y muchas veces frustradas (el avance de la selección en 2026 es indudable, y qué bien que se piensa en una dirección técnica para los próximos años: el entrenador de España trae un proyecto de un cuatrienio, y España está en la final, con un verdadero “juego de conjunto”).
Desde luego, comentaristas han ligado el “¿Y si sí?” futbolístico a un “¿Y si sí?” político, social, económico, jurídico. Y han puesto en claro que la euforia de estas semanas no era de ningún modo escapismo, sino la urgencia de recargar baterías colectivas en horas difíciles, con asuntos ineludibles como los que plantearon hace un par de días Pedro Isnardo de la Cruz y Juan Carlos Reyes en estas mismas páginas de El Universal.
Los dos autores insisten en la importancia de la educación como plataforma a largo plazo para que el país esté tan a la altura como lo estuvieron, pese a todo, los jugadores de una selección que acaso tendrá todavía mejores resultados en las próximas competencias.
Y tercero: esta pregunta colectiva, que de seguro tiene antecedentes, es una muestra de talento verbal en el plano público y es una lección implícita a quienes elaboran lemas, frases, slogans para partidos políticos y para discursos.
El imaginario colectivo mexicano exhibe síntomas de fisuras serias, y las palabras son un termómetro de la calidad de la democracia y de la capacidad de las autoridades para animar al país mediante un necesarísimo lenguaje de unidad y de orientación hacia el futuro.
Se acercan las elecciones intermedias de 2027. Ojalá tengamos lemas inteligentes, que de verdad toquen los temas fundamentales y los sinteticen en una poética de la brevedad como la que practicó Juan Rulfo.
Por lo pronto, valdría la pena preguntarse lo siguiente:
––¿Y si sí se detiene a los autores intelectuales del cobarde asesinato de una joven periodista veracruzana, a la que se sacó de su casa con lujo de impunidad e incluso, al parecer, de complicidad?
Muchos “¿Y si sí?” podrían añadirse a esta pregunta, triste ella en sí, de acuerdo, pero cuya respuesta con un “Sí” muy acentuado ayudaría a mantener el ánimo de junio.
Rulfo estaría interesado en estos asuntos, él, que hace setenta años, en 1956, laboró en la Comisión del Papaloapan.
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