El asesinato de Alejandro Leyva volvió a exhibir la vulnerabilidad de quienes nos dedicamos a informar. Ya había denunciado amenazas desde 2025. La organización Reporteros Sin Fronteras reportó que era además víctima de acoso judicial y de campañas de desprestigio. Sin embargo, nunca recibió medidas de protección. Lo atacaron a balazos mientras desayunaba en San Pablo Etla, Oaxaca.
Llevaba más de tres décadas como comunicador. Su postura fue siempre crítica, pero en los años recientes denunció presuntos vínculos entre funcionarios y delincuentes. Esa fue su sentencia de muerte.
México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Tan solo en lo que va de este año, han ultimado a Juan David Gámez en Nuevo León, a Manuel Alejandro Moreno Serna en Guerrero, a Josué Martínez en Puebla y a Carlos Castro, Roxana Guzmán y Luis Ángel López en Veracruz.
A nivel mundial, el Comité para la Protección de Periodistas documentó 129 casos de trabajadores de medios asesinados en 2025. Se trata de la cifra más alta en tres décadas. México apareció en tercer lugar, solo detrás de Israel y Sudán. El organismo consideró que el programa federal de protección ha demostrado ser insuficiente, pues varios periodistas incorporados a él fueron asesinados.
A la violencia e impunidad que afectan al gremio, hay que sumar el acoso recurrente de las autoridades. Y ni cómo esperar que los gobiernos estatales y municipales respeten a la prensa, si incluso en la conferencia mañanera se confronta y descalifica a quienes opinan distinto a la presidenta Sheinbaum.
Aquellos que se atreven a investigar y exhibir al crimen organizado son especialmente vulnerables. La crucial tarea de documentar los vínculos entre autoridades y criminales es toda una osadía, porque no se puede contar con la protección de un Estado que muchas veces es cómplice.
Si a eso sumamos la desinformación que pueden generar los medios digitales y la dificultad para distinguir lo que es verdad y lo que no con la incursión de la inteligencia artificial, nos topamos con una precariedad sin precedente para la prensa.
Toca recordar con urgencia que cuando la verdad se vulnera, lo hace también la democracia. Si todavía a alguien le importa defenderla, que empiece por cuidar a la libertad de expresión y a quienes todos los días se arriesgan por ejercerla sin censura.
@PaolaRojas
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