Hay criaturas que parecen pertenecer al mundo de los sueños. La ballena azul es una de ellas. Se trata del animal más grande que ha existido y que nada cada año en las aguas de México, frente a Loreto, en Baja California Sur. Ahí, en el que muchos llaman “el acuario del mundo”, estos gigantes en peligro de extinción han encontrado refugio, alimento y un espacio seguro para reproducirse.
Pero hoy ese santuario enfrenta una preocupación real. El pasado 10 de abril se publicó en el Diario Oficial un decreto que convierte formalmente a Loreto en puerto de “Cabotaje y Altura”, permitiendo la llegada de grandes embarcaciones. La medida fue presentada como una oportunidad para fortalecer el turismo y la conectividad marítima de la región. Pero también encendió las alertas entre ambientalistas, especialistas y habitantes de Loreto por el brutal impacto que un mayor tráfico marítimo podría tener sobre las ballenas y otros cientos de especies marinas.
Las ballenas no son solamente animales majestuosos que emocionan cuando emergen del mar, son también fundamentales para el equilibrio del ecosistema marino. Las grandes embarcaciones las impactan y hasta matan en su avance por el océano. Además, un ser que depende del sonido para orientarse, comunicarse y sobrevivir, sufre intentando abrirse paso entre motores, hélices y el estruendo constante del tráfico marítimo.
En Loreto habitan también cachalotes, orcas, delfines, ballenas jorobadas y muchas especies amenazadas. Eso es justamente lo que está en riesgo. Cuando desaparece una especie, no sólo perdemos un animal; perdemos historia, equilibrio y belleza. Perdemos también parte de lo que nos hace humanos porque nos confirmamos como depredadores voraces, inconscientes de las consecuencias irreversibles de decisiones arbitrarias tomadas por quienes ignoran o desdeñan el potencial destructivo de algunos proyectos.
La naturaleza no es infinita, pero la soberbia humana sí parece serlo. Sobre todo entre aquellos que con un decreto abren la puerta a la degradación de un santuario único en el planeta.
Solo el gobierno federal tiene el poder para revertirlo. Si la presidenta Sheinbaum no sabía que al convertir a Loreto en puerto de alto cabotaje estaba firmando la sentencia de muerte para cientos de especies marinas, con el activismo de los ambientalistas ya se habrá enterado. Aún está a tiempo de corregir.
Ojalá elija rescatar ese patrimonio natural, en lugar de ser la responsable de la desaparición de especies tan bellas, inmensas y entrañables como la ballena azul.
@PaolaRojas

