La semana pasada, las autoridades federales protagonizaron un episodio que generó impacto e indignación primero, y mucha confusión después. Resulta que la Secretaría de Educación Pública informó que, junto con las 32 autoridades educativas del país, decidió adelantar el cierre del ciclo escolar al 5 de junio por las altas temperaturas y el Mundial de Futbol 2026. El boletín explicaba que el acuerdo “surgió tras peticiones de 10 estados y solicitudes planteadas también por el SNTE”.
El anuncio enfureció a los padres de familia y a todos aquellos preocupados por la educación. México tiene un rezago educativo que aumentó con la pandemia y que estamos lejos de revertir; somos los peor evaluados académicamente de la OCDE y hemos perdido oportunidades cruciales de crecimiento económico por la falta de capacitación. ¿Cómo justificar entonces que se anulen 40 días de clases? El pretexto del calor y el futbol es ridículo. Parece chiste malo de país bananero.
Ahí no paró la cosa. Ya con el anuncio oficial de la SEP publicado, vino una declaración de la presidenta Sheinbaum en la que aseguró que todavía no existía un calendario definitivo, que aún faltaba revisar antes de tomar una decisión final. Incluso remató diciendo que lo importante era que ¡los niños no perdieran clases!
Para ese momento ya nadie entendíamos nada. Pero en el ámbito de lo patético siempre se puede aportar más, así que vino después el intento de aclaración de Mario Delgado. El secretario de Educación corrigió, pero volvió a confirmar. Terminó alimentando todavía más la confusión porque primero sostuvo que sí se adelantaba la salida y después anunció que el tema volvería a revisarse.
La Ley General de Educación establece que el ciclo escolar debe cubrir entre 185 y 200 días de clases. Pero eso de cumplir la ley parece no ser prioridad. Hasta la CNDH pidió revisar la decisión. Sí, ¡la Comisión Nacional de Derechos Humanos todavía existe! Se le menciona poco porque desde hace algunos años solo acompaña y respalda las acciones del gobierno, pero esto de reducir el ciclo escolar sí la sacudió. Dijo que el ajuste afecta directamente a los niños, pero no cambia las jornadas laborales de madres, padres o cuidadores.
Advirtió que dejar a menores solos durante tantas semanas puede generar riesgos físicos, emocionales y sociales, especialmente en familias sin redes de apoyo. Y es que a Mario Delgado se le olvidaron los millones de madres que trabajan fuera de casa y que hacen casi magia para cuidar a los hijos durante las vacaciones. El anuncio del secretario fue su cariñoso regalo para ellas en este 10 de mayo.
Lo sucedido exhibe una incapacidad, una falta de coordinación y una ausencia de liderazgo tan tremendas, que hace dudar de la autenticidad del episodio. Es tan tonto que resulta inverosímil. Por eso muchos tienden a pensar que se trató de una estrategia para desviar la atención de otros temas que ponen en peligro a importantes figuras de la clase política. Este fin de semana dejamos de hablar de Rocha Moya. Su lugar en la conversación lo tomó Mario Delgado.
Sin embargo, el tema Sinaloa regresará eventualmente al centro de la discusión. Ni el ciclo escolar, ni el Mundial, ni el calor serán suficientes para distraernos de lo que realmente importa. Los señalamientos desde Estados Unidos no se van a detener y los vínculos entre narcotraficantes y políticos serán cada vez más difíciles de cubrir. Y entonces sí, que caiga quien tenga que caer.
@PaolaRojas
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