Si guardas tickets, permites que tus hijos jueguen con ellos o los manipulas todos los días, esta información es para ti.

Pagamos en la tienda, en el supermercado, o en el estacionamiento y recibimos tickets. Los guardamos en la bolsa de pantalón, el bolso de mano o lo ponemos con las cosas que compramos junto a verduras y frutas, incluso los hacemos bolita con las manos, para desecharlos.

Como clientes podemos recibirlos con frecuencia, pero hay miles de personas como las cajeras y cajeros que pueden manipular cientos de esos papeles al día. Parece inofensivo. Sin embargo, hay algo que nunca aparece en la cuenta: las sustancias tóxicas utilizadas para imprimirlo.

La mayoría de estos tickets son de papel térmico y tienen un recubrimiento que cambia de color cuando recibe calor. Entre las sustancias utilizadas para producir esa reacción se encuentran el bisfenol A, conocido como BPA, y el bisfenol S o BPS.

El problema es que cuando tocamos los tickets estas sustancias tóxicas pueden penetrar la piel o llegar a la boca cuando comemos sin lavarnos las manos.

Como científico en salud ambiental, no me preocupa que alguien toque un ticket una sola vez. Me preocupa que millones de personas los manipulemos como si fueran un material seguro, que niñas y niños jueguen con ellos y, sobre todo, que cajeras y cajeros puedan tocar cientos durante una jornada laboral.

En un estudio realizado con 54 cajeras de supermercados en Corea del Sur, la concentración de BPA en orina se disparaba a casi el doble al finalizar la jornada cuando trabajaron sin guantes; en cambio cuando los utilizaron, ese incremento no se observó. El estudio sirvió para demostrar que los tickets son una fuente directa de exposición a estas sustancias.

¿Pero ... por qué importa?

Porque los bisfenoles pueden interferir con las señales hormonales encargadas de funciones esenciales del organismo: metabolismo, reproducción, embarazo y desarrollo infantil.

De acuerdo con un par de artículos revisiones científicas, el BPA se asocia con parto prematuro, obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedad cardiovascular, síndrome de ovario poliquístico y enfermedad renal. Adicionalmente, existe evidencia de su asociación con resistencia a la insulina en niñas, niños y adultos.

Otro motivo de gran preocupación es la salud reproductiva. Una mayor exposición al BPA se ha asociado con alteraciones de las hormonas sexuales y, en los hombres, con una menor producción y peor calidad de los espermatozoides. En las mujeres, se ha relacionado con alteraciones hormonales y con cambios en algunos indicadores de la función y la reserva ovárica, procesos que podrían afectar la fertilidad. En conjunto, estos hallazgos sugieren posibles efectos adversos sobre la fertilidad tanto masculina como femenina.

Esto no significa que recibir un ticket ocasional cause por sí solo diabetes, infertilidad o enfermedad cardiovascular. Significa que: los tickets son una fuente evitable de exposición a sustancias tóxicas relacionadas con problemas metabólicos, cardiovasculares, reproductivos y del desarrollo infantil.

El ticket no es la única fuente de bisfenoles. También podemos exponernos a través del uso de latas, plásticos y otros productos de consumo.

El problema parecía comenzar a resolverse cuando distintas empresas retiraron el BPA y lo sustituyeron por BPS. Sin embargo, “libre de BPA” no significa libre de bisfenoles y mucho menos garantiza que el producto sea más seguro.

Desafortunadamente, el BPS cumple una función industrial parecida y también puede provocar alteraciones hormonales. California, por ejemplo, ya lo incluyó en su lista de sustancias relacionadas con toxicidad reproductiva femenina y masculina y con toxicidad del desarrollo. Es decir, el sustituto que ofrecía una aparente seguridad y tranquilidad también se ha asociado con efectos semejantes a los del BPA.

El caso del BPS refleja un problema frecuente: cuando una sustancia se restringe, puede ser sustituida por otra que cumple la misma función industrial, pero sobre la que existe mucha menos información toxicológica y con el tiempo descubrimos que el reemplazo tiene los mismos efectos que el compuesto anterior o que tiene efectos sobre la salud adicionales.

Ya se utilizan otras alternativas, como Pergafast 201, pero existen vacíos importantes sobre su seguridad. El riesgo es repetir la misma historia: asumir que una alternativa es segura simplemente porque no contiene BPA. Su seguridad debería evaluarse antes de su uso masivo, no décadas después de que la población haya comenzado a exponerse. Incluso, es un pendiente y una deuda histórica para miles de sustancias que hoy son parte de nuestra vida diaria.

La parte laboral tampoco puede ignorarse. Para un consumidor, el contacto con el ticket dura unos segundos. Para una cajera puede repetirse durante ocho horas, cinco o seis días a la semana. Además, en muchos comercios estos puestos son ocupados mayoritariamente por mujeres, incluidas mujeres embarazadas o en edad reproductiva.

En este caso, los empleadores deben eliminar o reducir la exposición desde su origen: impulsar la digitalización de los comprobantes, evitar la impresión automática, establecer que cajeras y cajeros pregunten al cliente si necesita el ticket y adquirir papel térmico sin bisfenoles. Asimismo, es indispensable proporcionar y utilizar guantes como medida de protección de las personas trabajadoras que están en contacto frecuente con los tickets.

La Unión Europea restringió el BPA en papel térmico desde 2020. Suiza prohibió tanto el BPA como el BPS. Desde enero de 2026, el estado de Washington prohíbe fabricar, vender o distribuir papel térmico con bisfenoles añadidos intencionalmente.

Por eso, México necesita regular el papel térmico por familias químicas, exigir información sobre los sustitutos y proteger especialmente a quienes enfrentan una exposición ocupacional. Pero regular el papel no basta: también debemos reducir las impresiones innecesarias.

El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum ha colocado la simplificación y la digitalización entre sus prioridades. Esta transformación podría extenderse a los comprobantes de compra mediante una política que favorezca los tickets digitales y la impresión únicamente cuando el consumidor la solicite. Así, la digitalización también contribuiría a reducir exposiciones evitables, residuos y costos para los comercios.

Mientras eso ocurre, podemos tomar decisiones sencillas. Si no necesitamos el ticket, podemos rechazarlo o elegir la versión digital. No debemos permitir que niñas y niños jueguen con él ni guardarlo junto con alimentos. Conviene lavarse las manos antes de comer y evitar manipular recibos inmediatamente después de aplicarse gel antibacterial, crema o productos grasos, porque pueden aumentar la absorción de estas sustancias en nuestra piel. Quienes trabajan manipulando tickets de manera frecuente tienen que utilizar guantes, preferentemente de nitrilo.

El ticket puede durar apenas unos segundos en nuestras manos, pero su verdadero costo nunca aparece impreso. Sin duda, el ticket más seguro es el que no se imprime.

Doctor en Toxicología por el CINVESTAV y Postdoctor en Salud Ambiental por la Universidad de Harvard

Consultor en Salud Ambiental y Salud Pública.

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