El gobierno mexicano está en el epicentro de un caos institucional. Una espiral que hiede en el fango de la narco-corrupción y el desorden que afecta seriamente el funcionamiento normal y eficaz del sistema. El peligro latente de la acumulación de crisis es la desestabilización de este sistema social y político.
Sheinbaum enfrenta una fractura de la cacareada lealtad morena ante los graves señalamientos del gobierno de Estados Unidos contra una lista de narcopolíticos. La Presidenta ha optado por arropar y desafiar a Washington en un juego de suma cero previo a la revisión-negociación del T-MEC. Un pésimo cálculo geopolítico.
Las señales estadounidenses de la tensión bilateral que van in crescendo —ahora con la revisión de la red consular mexicana— no merma la mirada lánguida del régimen.
Incrédulos sobre las amenazas en los discursos de altos funcionarios de los Estados Unidos en áreas estratégicas en el combate al narcoterrorismo, Trump volvió a arremeter puntualizando, nuevamente, que el gobierno está controlado por los cárteles.
No hay medias tintas, diplomacia alguna o matiz.
Lo que hay es una advertencia, un aviso.
Una llamada de atención para el escenario que inevitablemente enfrentará México ante la negativa de cooperar en el caso Rocha Moya y asociados.
El timing de la revelación de CNN acerca de la presunta operación encubierta de la CIA en el carro bomba que explotó afuera del AIFA asesinando a un objetivo criminal, es un botón de la mercería de la logística de las operaciones estratégicas desde Washington.
La precisión del manejo mediático del evento exhibió la dureza del mensaje para Sheinbaum y su gabinete de seguridad.
Actuar detrás del discurso de la soberanía presenta ya una retórica anacrónica y carente de contenido sustantivo. Vacío y desactualizado evidencia poca resonancia y una enorme contradicción ante varios de los hechos registrados en los últimos meses, pero sin duda la mención estelar se la lleva lo sucedido en Chilapa, Guerrero.
La crisis del desplazamiento forzado de comunidades indígenas por parte de dos organizaciones narcocriminales en disputa obligó al gobierno federal a ofrecer una mesa de diálogo con los delincuentes para alcanzar ¿la pax narca?
La cacareada soberanía está comprometida en esa región donde hay una erosión y debilitamiento del Estado de derecho por la sencilla razón que el poder no es ejercido exclusivamente por las instituciones legítimas. Chilapa es otra pequeña muestra de escandalosos ejemplos como Sinaloa.
¿Acaso no es una contradicción discursiva y política afirmar en la mañanera tener control y autoridad plena mientras se reconoce indirectamente el poder de actores no estatales armados y sentarse a negociar condiciones de gobernabilidad o pacificación?
Aducir que es una estrategia pragmática de contención de violencia es una bofetada para esas comunidades hartas de esa pesadilla. Ni hablar de los resultados del mismo pragmatismo cínico de abrazar a delincuentes que empujó a México al abismo de incertidumbre, desestabilización e ingobernabilidad, amén de una crisis sin precedente bilateral.
Se acumulan los errores y la falta de estrategia de este régimen para nivelar la relación cada vez más asimétrica con la Casa Blanca que buscará revisar el T-MEC periódicamente como mecanismo de presión constante. Cada revisión, nuevas exigencias: Los acuerdos comerciales deben servir primero a los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos.
¿Capisci?
@GomezZalce
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