Ahora dirán que L. A. Times vulnera la soberanía nacional a través de la desinformación, la misma cantaleta: todo es parte de una conspiración de la derecha internacional que tiene la intención de descarrilar a la transformación y convertir a los conservadores extranjeros en el Gran Elector.

Pero si todo se reduce a una apuesta de credibilidad entre el narcopatrioterismo y la información publicada ayer, el premio se lo llevaría el diario norteamericano, que apunta con precisión los hechos. El reportaje —firmado por Steve Fisher y Kate Linthicum, en colaboración con Puente News Collaborative— sostiene que el gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, y el de Tamaulipas, Américo Villarreal, tienen la visa revocada desde el año pasado y cruzan la frontera gracias a un permiso especial: el Significant Public Benefit Parole, un mecanismo normalmente reservado para quienes cooperan con las autoridades, e incluso para testificar ante un gran jurado y mitigar cargos propios o de terceros.

A Durazo se le investiga por presuntos vínculos con el crimen organizado en Sonora, una de las principales rutas de trasiego de droga hacia Estados Unidos, señaladamente fentanilo. A Villarreal, el reportaje de ayer lo ata al huachicol: el contrabando de combustible robado. Detalle nada menor: cuando Villarreal cruza a Estados Unidos, según las fuentes del diario, frecuentemente lo escoltan oficiales estadounidenses. Durazo viaja con regularidad para recibir atención médica. Pero la ficha de Américo viene de más atrás, y de más arriba.

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Desde hace años se ha documentado en estas páginas el hilo que conecta a Villarreal con el dinero del narco. Américo fue el coordinador de la campaña de Rubén Rocha Moya en Sinaloa en 2021: la misma contienda que, según la acusación que el 29 de abril presentó el Distrito Sur de Nueva York, recibió financiamiento de Los Chapitos a cambio de protección.

Una testigo de excepción, Jocelyn Hernández Jiménez, operadora de alto nivel de Morena en Sinaloa, narró en audios y videos que el crimen organizado envió maletas de dinero a la casa de campaña de Rocha, y ubicó a Américo Villarreal en esas entregas. La frase que, según ese testimonio, le habría reclamado el propio Rocha lo dice todo: “No seas cabrón, cómo me traes esto aquí…”.

Y está la otra hebra, la del combustible. El asesinato en noviembre de 2021 de Sergio Carmona, el “Rey del Huachicol”, destapó una red de financiamiento ilegal a campañas de Morena; su hermano acabó entregándose como testigo protegido en Estados Unidos para detallar el destino de esos dineros. No es casualidad que hoy a Villarreal lo investiguen, precisamente, por huachicol.

Rocha Moya —gobernador con licencia, citado ya a comparecer por la FGR— fue el primero. Durazo y Villarreal entran hoy a la lista. El patrón es el que la propia Presidenta describió sin querer (¿o queriendo?) el domingo: vienen por unos, luego por otros.

Más allá del tradicional masiosare cuatrotero, y suponiendo incluso un error de Los Angeles Times, el gobierno de Sheinbaum sabe bien que la publicación no aparece porque sí: apunta a una filtración de alto nivel.

Lo peor es lo que parece más probable: que esto no es ningún invento, y que hay dos gobernadores cantando para el Tío Sam desde hace un buen rato para salvar el pellejo y aportar a la investigación que lleve a la captura del pez más grande.

Ahí radica la pregunta que aterra a Palacio, la que hace rabiar en privado, y a veces en público, a la Jefa del Estado, la que tumba todo como un juego de jenga: ¿quién es el pez más grande?

Decía Andrés Manuel López Obrador que él lo sabía todo, que no se movía ni una hoja sin su consentimiento.

Alguien cenará pronto PejeLagarto.

De Colofón.- Andy necesita a papi para que lo tomen en serio, el poderoso heredero que ahora mendiga un fuero con una diputación federal donde le garanticen su triunfo. El príncipe fracasado corre a los brazos del Mesías para demostrar lo que es: un pobre junior.

Jesús Ernesto, ya un adulto, salió de gustos refinados, antípodas de la pobreza franciscana, a años luz de los doscientos pesos en la cartera de papá: a él le fascina lo nice y fifí, como un filete con baño de oro, literalmente.

¿A qué sabrá el oro embarrado en la grasa?,

Tal vez, sus hermanos lo sepan bien.

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