“No volverán a haber elecciones para que por allí intenten ellos atrapar el gobierno, atrapar el poder.” Esto que pareciera una locura fue lo que dijo el anciano dictador Daniel Ortega en el 47 aniversario de la Revolución Sandinista.
El poder corrompe. Quien permanece por mucho tiempo en él, irremediablemente, termina buscando la manera de eternizarse, se genera una falsa noción de eternidad buscando por todos los medios impedir que alguien llegue a ocupar el mismo espacio, se intenta detener cualquier avance de peligro. Se persigue, reprime, encarcela y asesina a quienes pretenden poner en riesgo la dictadura.
El dictador envejece, se vuelve más cobarde, sabe que sus fuerzas físicas disminuirán y necesitará de nuevos mecanismos para protegerse y asegurarse que los suyos lo sustituirán. Los ejemplos son múltiples, América es un territorio fértil para este tipo de arquetipos.
Daniel Ortega ha terminado con el marco legal e institucional de su país. Su voluntad y la de su esposa, Rosario Murillo, vicepresidenta, es la que se impone y amedrenta. La advertencia lanzada se justifica en la idea de impedir que la derecha, de aquel país, y Estados Unidos puedan intervenir. Suspender la vida democrática es el mayor riesgo, se borra por completo la oportunidad de alguna transición pacífica que termine con la dictadura y eso no evita que Estados Unidos intervenga, sino pregúntesele a Venezuela, acabo con un dictador para convertirse en una colonia que es explotada en sus recursos naturales y con la tragedia del terremoto quedó sola, hundida en los escombros sin que el otro dictador bananero, Donald Trump, haya enviado ayuda a aquel país.
Nicaragua se encuentra en vilo porque es una dictadura cerrada. Que extermina todo aquello que amenaza. Expulsa a quienes piensan y denuncian, ahí están los ejemplos de Sergio Ramírez y Gioconda Belli, se les quito hasta su nacionalidad, pero no su capacidad de evidenciar con su pluma las atrocidades que se viven en aquella nación.
Ortega dio la orden a los diputados de que preparen “las leyes para que le pongan un muro, un bloque, a los golpistas, a los vendepatrias, y que por mucha plata que le den los yanquis no podrán competir en las elecciones.” No es menor el llamado. La Asamblea Nacional ya inició con el plan de trabajo para tener lista la ley que cumpla el capricho del anciano dictador.
No tengo duda que de Nicaragua surgirá la insurgencia cívica, encabezada por los jóvenes, se levantará contra el dictador y su esposa. Daniel Ortega tiene una enorme desventaja, la edad. El tiempo va en su contra y a medida que envejezca su grupo cercano se moverá buscando ser el relevo. Las traiciones desmoronarán, desde dentro, la dictadura. Que no podrá sostenerse sin la imagen del caudillo, por eso el germen revolucionario que existe entre los nicaragüenses impulsará un movimiento que intente restablecer el orden democrático e institucional en aquella nación. En América Latina ninguna dictadura se ha logrado eternizar, pronto Cuba iniciará un proceso de cambio político, necesario porque el mundo no es el mismo que en 1959, no hacerlo será hundir a la isla en la miseria y eso provocaría la revuelta social.
Espero que el llamado de Daniel Ortega despierte la protesta social, que el pueblo de Nicaragua luche por su derecho a tener elecciones y que se cierren a la posibilidad de que Estados Unidos intervenga, siempre que lo hace las cosas salen peor para nuestros pueblos, tan solo véase el reciente ejemplo de Venezuela que cambiaron de una dictadura a otra y naufragan sin rumbo propio.
Hasta aquí Monstruos y Máscaras…
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