En las últimas tres semanas, desde la inauguración del mundial de futbol en nuestro gran país, se ha respirado un aire diferente de optimismo; se ha sentido alegría, euforia, y sobre todo, lo que es más relevante, de unión entre los mexicanos de todos los niveles económicos y culturales, y esto es indudablemente lo más relevante, porque desde el gobierno, tanto del sexenio que terminó como del actual, se ha atacado el pasado de manera cotidiana, se ha sembrado discordia y se ha hecho aparecer el presente como lo mejor que pudiera vivirse, como si eso fuera útil para el bien nacional.

Es muy difícil hallar una conferencia matutina en la que no se busque la confrontación entre grupos o ciudadanos, y sobre todo endilgarles a los gobiernos pasados los males que actualmente padecemos y que no han podido o querido resolver el anterior y la actual titulares del Ejecutivo Federal. Al parecer, nuestra Presidenta cree que todavía está en campaña buscando votos, y no ha entendido, o al menos así actúa, que ya ganó las elecciones y ahora tiene el honor de servirnos a todos.

Ha servido este Mundial como un respiro para problemas que padecemos. Se pospusieron muchos hechos y realidades que motivan preocupantes reflexiones. Nos olvidamos del huachicol alentado por almirantes, conocido al más alto nivel; del secuestro violatorio de nuestro Estado de Derecho para detener al Mayo Zambada; del homicidio del diputado Melesio Cuén al parecer cuando fue secuestrado el Mayo; de determinar que las investigaciones realizadas al exgobernador de Sinaloa se mantendrán reservadas hasta 2031, como si algo se quisiera mantener oculto; del regalo millonario a líderes de profesores y de muchos otros temas que hemos padecido y otros que siguen presentes.

Permitió el campeonato ser coanfitrión de esa justa deportiva para decirle al mundo que no obstante los miles de seres humanos desaparecidos y a cuyas madres no ha tenido oportunidad de recibir la Presidenta, como también los miles de mexicanos privados de la vida en homicidios no esclarecidos, nuestro pueblo tiene el talento, el vigor y la templanza de festejar y celebrar los triunfos y los esfuerzos singulares del equipo nacional.

Ha quedado evidencia clara que los mexicanos somos mucho más grandes que nuestro gobierno, que para mantenerse en el poder, ha logrado arbitrarias reformas legales alcanzadas con el apoyo de compatriotas que las aprobaron, quizá sin tener conciencia del daño que le están haciendo a sus representados, o probablemente solo orientados por sus personales afanes crematísticos que como afirmara Aristóteles, tienen solo el fin de adquirir riqueza como único propósito.

La grandeza de México, sustentada en la de los mexicanos, manifestada en estos días en que se celebra la copa mundial, no le resta importancia, ni hace desaparecer los muchos problemas, de los que la actual 4T tiene el deber de considerarse responsable como que con sus acciones torpes, tienen al país con lo que ahora padecemos; sin embargo, los mexicanos con su grandeza se levantan y se resisten a ser víctimas de su mal gobierno.

La grandeza de México radica en la conciencia y energía vital de cada mexicano; como bien dijera el brillante Waldo, colaborador de esta casa, en el anuncio petulante de que Morena es “la esperanza de México”, se deben omitir las letras “en” del nombre del Partido destructor, para que se lea “Mora la esperanza de México” en honor al joven futbolista de nuestra selección.

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