Juan Carlos Bustamante

El patrocinio deportivo es para muchas marcas una forma de comprar visibilidad. Pero aparecer en la camiseta de un equipo, en la pantalla de un estadio o en la transmisión de un torneo no es suficiente para justificar una inversión tan elevada. En un mercado saturado de estímulos, donde los consumidores están expuestos a miles de marcas todos los días, otro logo más puede pasar desapercibido.

El verdadero valor de un patrocinio no está en que la marca “se vea”, sino en que logre conectar de forma relevante con la audiencia. Un patrocinio construye marca cuando la asociación entre la marca, el evento y la comunidad genera recuerdo, vinculación emocional, credibilidad, afecto, confianza, preferencia y, eventualmente, comportamiento de compra.

El deporte no es sólo entretenimiento, es un ritual social. Un partido, una carrera, una final o un torneo activan vínculos emocionales que pocas plataformas de comunicación pueden replicar. Por eso, cuando una marca patrocina un evento deportivo, está comprando, más que exposición mediática, identidad, pertenencia, emoción y memoria colectiva.

Pero ¿la marca tiene derecho a estar ahí? No hablo de dinero, sino del ajuste necesario que debe haber entre la marca y el evento (lo que en marketing suele llamarse fit). Para que un patrocinio realmente funcione, la asociación entre la marca y el evento debe resultar natural, coherente y creíble, es decir, rápidamente comprensible para el consumidor. Cuando una marca deportiva patrocina una competencia atlética, tiene un fit evidente. Pero el fit no tiene que ser exclusivamente funcional, ya que lo más importante es lo simbólico. Por ejemplo, una marca tecnológica puede asociarse con innovación y desempeño; una marca financiera con disciplina y planificación; y una marca alimentaria con energía y bienestar. El problema surge cuando la asociación parece forzada; cuando la marca aparece, pero no pertenece. En esos casos, el patrocinio puede ser visto como oportunismo o volverse simplemente ruido.

Una segunda pregunta igual de importante es: ¿qué hace la marca con el patrocinio? Uno de los errores más comunes es creer que pagar el patrocinio equivale a activar el patrocinio. Una marca puede tener derechos de patrocinio y, aun así, desaprovecharlos si no desarrolla experiencias, contenidos, narrativas, promociones, comunidades, beneficios o interacciones que conecten con la audiencia antes, durante y después del evento. Un patrocinio efectivo debe traducirse en experiencias memorables, historias que la audiencia quiera compartir, momentos que fortalezcan la relación con la marca y en datos que permitan aprender sobre el público.

Y la tercera pregunta es: ¿cómo evaluar el retorno de la inversión (ROI)? Muchas empresas miden los patrocinios con métricas como el número de impactos, segundos en pantalla, menciones, alcance estimado o equivalencia publicitaria. Pero el objetivo de un patrocinio no es tener exposición mediática. Lo relevante es saber si el público identificó correctamente al patrocinador, entendió la asociación, mejoró su percepción de la marca, aumentó la intención de compra, fortaleció la confianza o generó mayor lealtad. De hecho, un patrocinio puede tener alta exposición y bajo impacto; o ventas inmediatas modestas, pero crear valor a largo plazo. Aquí es donde se vuelve útil complementar el ROI tradicional con el Customer Lifetime Value (CLV). Este indicador mide la probabilidad de recompra, retención o preferencia futura, ya que el valor financiero real de la marca puede ser mayor al observado en el corto plazo.

Esto cambia la conversación a nivel gerencial. El patrocinio va más allá de un gasto publicitario; es una inversión en valor futuro del cliente. Es probable que una marca no recupere toda la inversión con la primera transacción, pero lo hará si logra transformar la experiencia deportiva en una relación más fuerte, duradera y rentable. Por ello, las marcas deberían hacerse seis preguntas antes de invertir en un patrocinio deportivo:

1. ¿Existe un fit claro entre la marca y el evento?

2. ¿La audiencia del evento es relevante para la estrategia de crecimiento?

3. ¿Hay suficiente involucramiento emocional para que la asociación sea profunda?

4. ¿La marca cuenta con un plan de activación antes, durante y después del evento?

5. ¿Qué asociaciones del evento se quiere transferir a la marca?

6. ¿Cómo medir el impacto en awareness, imagen, confianza, intención de compra, recompra y valor del cliente?

En síntesis, el patrocinio deportivo no debe entenderse como una compra de visibilidad, sino como una plataforma de construcción de significado. La presencia debe convertirse en una experiencia relevante para la audiencia y un activo estratégico para la marca. Para ello, se debe transformar la visibilidad en significado, el significado en relación y la relación en valor de negocio. Al hacerlo, las marcas dejarán de patrocinar eventos para empezar a construir comunidades, lealtad y crecimiento sostenible.

Director nacional de la Maestría en Mercadotecnia de EGADE Business School del Tecnológico de Monterrey

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