Llegar a los es una de las experiencias más grandiosas y profundas en mi vida. Durante estas seis décadas, he tenido la fortuna de trascender y poder abrazar no sólo a mis hijos, sino también a mis tres nietos, Gianna, Matthew y Nathan, quienes —con sus sonrisas y ocurrencias— me inyectan grandes dosis de juventud, misma que ya estoy perdiendo... O quizá ya perdí.

Decidí venir a mi México a celebrar esta fecha que para mí es muy especial, porque vienen conmigo mis mayores cómplices, Laura y Ernesto Jr. Ellos, simple y sencillamente, son mi mundo entero.

Cuando decidí festejar en esta legendaria ciudad que me vio nacer, en el Hospital 20 de Noviembre —justo donde se juntan la avenida Coyoacán y Félix Cuevas— me fui dando cuenta —poco a poco— de que, llamada tras llamada para ir reuniendo a los invitados surgieron varias épocas: la de la primaria José Martí, la de la Secundaria 49 Defensores de Churubusco, la de la Prepa 6 en Antonio Caso, la de mi paso efímero por la UNAM, para luego llegar a la DGTVE, para especializarme en los medios de comunicación.

Obviamente, no podían faltar compañeros de mi vida como artista marcial y empresario de las artes marciales, donde —sin empacho alguno— tuve la fortuna de lograr una carrera muy destacada como peleador y empresario.

Otra de las facetas de mi vida es la de los medios de comunicación, donde mi maestro Óscar Mario Beteta me dio la oportunidad de ingresar a este sufrido y mágico mundo, pasando —hasta ahora— por cadenas como Grupo Fórmula, Televisa, Gol TV, ESPN, Univisión Deportes, Telemundo y —por supuesto— mi casa, EL UNIVERSAL.

Vaya que he disfrutado y sigo muy agradecido en estos ya casi 30 años comunicando.

Durante mucho tiempo, viví de la patada y de la trompada; es decir, narré todo el futbol habido y por haber, y en cuanto al boxeo, he narrado y cubierto prácticamente todos los grandes eventos durante los últimos 20 años, de manera ininterrumpida.

Cuando inicié diciendo que nos vestimos de orgullo verde es porque —afortunadamente— pude disfrutar del debut de la Selección Mexicana en el Mundial de 2026, en la CDMX, rodeado de familia y compañeros de la infancia. Este momento me lo llevaré a la tumba.

El futbol y los mexicanos demostramos que estamos muy por encima de discursos que buscan dividirnos por nuestros colores políticos y nuestra manera de pensar.

Siempre he pensado y declarado abiertamente que, si te gusta el verde o el guinda, al final todos somos mexicanos y el 2-0 sobre Sudáfrica lo dejó claro: Somos mexicanos, punto.

Con seis décadas encima, sólo espero que el país más grandioso del mundo algún día se una, pues como México no hay dos.

Cierro diciendo que venir a comer tacos con mis amigos en esta tan especial celebración ha marcado mi corazón para siempre.

Ojalá que —algún día— México se vista todo de verde y jalemos parejo como hermanos, porque créanme que me ilusionó muchísimo pensar en un México unido, que se vista de verde y jale parejo.

@ErnestoAmador

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