La autorización. Licencia. Permiso. Consentimiento. Por complicidad. Incapacidad. Impotencia, está sobre la mesa. “Yo no lo haré. Háganlo ustedes”.
La respuesta ha estado ahí durante más de siete años. El gobierno no está en disposición. Voluntad. Perspectiva de cambiarla. A todo costo, seguirá tolerando. Encubriendo a los narcopolíticos. Estados Unidos vendrá por ellos.
La disyuntiva, por enésima vez, fue planteada por el presidente Donald Trump el 6 de mayo: “Si México no hace el trabajo, nosotros lo haremos”.
“Háganlo ustedes…”, ha sido la implícita, reiterada contestación. Con hechos. Declaraciones. Inacciones evidentes y constantes. Envueltas en la soberanía que esgrime la presidenta de la República. Igual que lo hizo su antecesor durante todo su sexenio.
Apenas unas horas después, el 8 de mayo, el presidente norteamericano fue más directo. Enfático. Categórico: “Los cárteles gobiernan México y nadie más”.
Aun así, Claudia Sheinbaum no se moverá un ápice de su postura. Ante las exigencias de Estados Unidos de actuar contra los narcopolíticos, previsiblemente mantendrán su negativa. Lo único que apunta a seguir exhibiendo es rechazo. Petición de pruebas. Evasivas. Largas. Inútiles ganancias de tiempo. Hueca cabeza fría.
Ayer, el secretario de la Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, habría lanzado un ultimátum: Intensifica México su lucha contra el narco, o Estados Unidos actuará.
La de Claudia Sheinbaum es la misma línea discursiva de su padre político. La dejó de encargada. Para que cuidara el poder que él construyó. Su nefasto legado de destrucción sistemática de leyes. Instituciones. Personas.
Ella jamás lo va a desmontar. No lo alterará. No puede hacerlo. Su inmovilismo, que deriva en inocultable consentimiento, es superior a sus facultades. Responsabilidades. Deberes. Hacia allá podría leerse, hipotéticamente, el señalamiento de Trump de que “los cárteles gobiernan…”.
Por eso, también ayer, la presidenta dijo que no se investiga al ex secretario de Marina, José Rafael Ojeda Durán por el huachicol, y Omar García Harfuch aseguró que no se detectó alguna conducta ilícita a Rubén Rocha Moya.
En tratándose del ejercicio del poder legal, quienes gobiernan, en efecto, son los morenistas. Están en sus manos la presidencia del país. El Congreso Federal con sus dos cámaras, aún por medio de chantajes y presiones cuando lo requieren para formar mayoría calificada.
Los tomboleros y acordeoneros tienen dominio territorial con 23 gobiernos estatales. Cientos de alcaldías. Los más de los Congresos Locales.
El aparato estatal a todos los niveles es manejado. Usufructuado en la totalidad de los puestos que comprende, por morenistas. Quizás no hay uno que no haya accedido a él por complicidad. O que, habiendo sido honesto, no se haya contaminado de la corrupción VIP.
Con ese cuadro mínimo del poder en México, la aseveración del jefe de la Casa Blanca cobra sentido. Consistencia. Encuentra fundamentos: “Los cárteles gobiernan México…”. Son el poder legítimo. Pero actúa fuera de la ley.
Si la intención de Trump era decir que el poder ilegal. Criminal, es el que lleva las riendas del país, a Trump no le asiste la razón. En todo caso, lo que hay es un poder bicéfalo. Un gobierno de dos cabezas. Un cogobierno. Compartido.
Sin que entre ellos se dé una pugna. Pues conviven. Cohabitan. Actúan de manera conjunta. Concertada. En una sola dirección. Por un mismo interés. El de hacer daño a la sociedad con todo tipo de atrocidades.
Dada la naturaleza. Formas. Métodos de conseguir sus objetivos, los cárteles del crimen no tienen límites. Jamás se detendrán ni renunciará a hacerse de todo el poder político. Lo engullirán sin titubeo alguno.
En esa vertiente caminan. Han avanzado bastante. Se sobrepondrán al Estado legalmente constituido. Formarán un Estado Criminal si no se los detiene.
Ese proceso es, justamente, el que, desde que Andrés Manuel López Obrador accedió a la presidencia, está en curso. Sin el menor escrúpulo, ese individuo puso innumerables instrumentos del Estado al servicio de los cárteles. Los anuló. Los inmovilizó para que actuaran con toda libertad. Impunidad. Crueldad.
La sangre corre por el territorio nacional desde entonces. Pese al discurso, no para. No hay expectativa alguna de que, con la continuidad del segundo piso eso vaya a ocurrir.
Se podrá argumentar que la política de abrazos no balazos del huachicolero de la política quedó atrás. Que hay cientos de criminales detenidos. Confiscados miles de armas y laboratorios donde se producían drogas. Y es cierto.
Pero esos datos. Hechos irrefutables, no son la respuesta que Estados Unidos quiere. Con todo lo importante que hayan sido algunos de los criminales capturados o extraídos, no son el centro del engranaje del sistema delictivo.
Lo que al presidente Trump le interesa. Busca. Quiere realmente, son los padrinos. Protectores. Cómplices de todos ellos. Los jefes de las redes gansteriles. Los que están enquistados en todas las posiciones de la estructura de poder público.
Estados Unidos persiguió las fuentes directas de información delincuencial como “El Chapo”, “El Mayo” “El Mencho”. Sus familias. Sus socios. Sus cómplices de máxima confianza. Los tiene.
De ellos derivan las causas en las que ha formulado su solicitud a México de detención con motivos de extradición del gobernador Rubén Rocha Moya, el senador Enrique Inzunza y casi una decena más de la maquinaria criminal con la que desgobernaron Sinaloa y ayudaron a tantos a encumbrarse.
Entre estos, se afirma a toda hora en todos los medios, figuran varios gobernadores. Marina del Pilar Ávila, de Baja California. Américo Villarreal, de Tamaulipas. Alfredo Bedolla, de Michoacán. Alfonso Durazo, de Sonora. Evelyn Salgado, de Guerrero, no agotan el largo listado de extraditables.
Adán Augusto López, a quien se atribuye la formación de “La Barredora” en Tabasco. Ricardo Monreal, líder de los morenistas de la Cámara Baja. Otros ejecutivos estatales, legisladores, secretarios que se sienten en riesgo de ser llevados ante la justicia en Estados Unidos son, para ese país, parte de la gama de los cárteles “que gobiernan” México.
Son los políticos-criminales-criminales políticos, los que en cualquier momento pueden atrapar las fuerzas policiaco-militares de Estados Unidos y llevárselos. Ante eso, la “defensa” que con la soberanía opone Claudia Sheinbaum, caerá hecha pedazos. Abierta. Definitivamente.
Es a lo que ella está orillando al gobierno de Donald Trump. Está muy claro: “No lo quieres hacer tú. Lo voy a hacer yo. No lo haré yo. Háganlo ustedes”. Sobre advertencia, no habrá engaño ni sorpresas.
Probablemente el presidente se encuentre indignado porque sus exigencias y peticiones hayan caído hasta hoy en el vacío. Pero sabe que, llevándosela con calma, mientras Sheinbaum se mantenga inamovible en lo que le pide, él seguirá obteniendo cuantiosos beneficios personales y para su país.
La carta que seguirá jugando hasta el último momento es, sin lugar a dudas, Andrés Manuel López Obrador. Todos cuantos quieran sacar ventaja en una eventual acusación, pueden apuntar a él como culpable. Lo delatarán. Será el capo di tutti capi. El jefe de jefes. El Gran Criminal. Seguramente ya le tienen su propio expediente.
En tanto Claudia Sheinbaum se niegue a actuar contra los narcopolíticos importantes de su partido, y con eso le diga a Trump: “Hazlo tú”, él, por lo pronto, impondrá condiciones en el T-MEC, lo que, junto con la captura de uno o varios narcopolíticos, lo llevarían a una exitosa elección de medio término.
Con el mensaje emitido. Con la indubitable definición: “Yo no lo voy a hacer. Háganlo ustedes”, ya no hay vuelta. Estados Unidos lo hará. Encontrará a sus presas donde quiera que se encuentren. En cualquier tiempo. No importa cuándo.
A la vez que los hará pagar lo que en México su presidenta se niega a cobrarles pese al enorme daño. Dolor. Sufrimiento, que le han causado a la sociedad, quedará demostrado que ahora, como nunca, el Imperio hará lo que sea, mirando a conservar e incrementar sus intereses… y a reafirmar su hegemonía.
Línea de Fuego
Tormenta de ofensas. Improperios. Ataques. Expresiones de indignación. Condena. Repudio, es lo que cosechó “El sapo loco”, como califican al secretario de Educación, Mario Delgado, por querer cerrar las escuelas debido al Mundial. Aunque se corrigió, la aberrante pifia, quedó en claro que ese funcionario --multicitado en listas de narcopolíticos a los que Estados Unidos sentará en el banquillo de los acusados--, desprecia, ignora y desafía abiertamente a la presidenta en su alianza con Clara Brugada. Quiso salvar cara. Espectáculo. Carrera. Fracaso que tiene encima la “jefa” de gobierno de la Ciudad de México por su incapacidad manifiesta. Y mundialmente se equivocó… Como en el sexenio pasado, en el actual se miente. Se roba. Se traiciona con la mayor facilidad y con suprema impudicia. La afirmación presidencial de que se acabaron los ataques contra las mujeres, es desmentida día tras día. El oleaje de feminicidios y la violencia contra ese sector, son recurrentes. Bestiales. Inhumanos. Y no se detendrán con discursos de ocasión…No vamos a entregar el país a Estados Unidos, dice el desvergonzado. Despreciable Chango Lenón. Lo que no quiere recordar, es que tomboleros y acordeoneros, él entre los primeros, ya lo entregaron a los narcotraficantes. Por eso “el pueblo los ama”, según él… Con extrañeza se ve que al Toro Macedonio se le hayan acabado las ganas de buscar la candidatura al gobierno de Guerrero y dejara de pagar encuestas a modo que lo ubicaban como puntero para suceder a su hija. ¿Será porque algunos lo ven o lo han visto en “la lista”?... ¡Qué poca consideración de la presidenta con las madres buscadoras! En lugar de recibirlas. Escucharlas. Decirles algunas palabras de consuelo y comprometer acciones específicas orientadas a la recuperación de sus hijos desparecidos, se da tiempo para ofrecer tours por su palacio a algunos artistas. Cada vez deja constancia de con quiénes no está ni estará…No debe haber duda: si la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, violó la soberanía nacional autorizando la presencia de agentes norteamericanos en esa entidad, debe ser destituida y enjuiciada. Pero con pruebas. No con patrañas.
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