El desplome. Colapso. Caída. Fracaso. Derrumbe de Morena, ha comenzado.
La bomba de la corrupción que lleva en sus entrañas, causará estragos inimaginables. En un proceso al que nadie, a este momento, podría ponerle fecha de conclusión.
La putrefacción que el mundo está viendo con asombro, asco y horror en la acusación de Estados Unidos contra Rubén Rocha Moya y su cártel, es apenas el principio. Las ondas expansivas de ese cataclismo serán de enorme alcance. De larga duración.
La limpia de narcopolíticos, iniciada desde el exterior por la complicidad y el encubrimiento con el que se blindan todos ellos aquí, aún a pasos agigantados, podría demorar años.
Lo que se ha puesto en perspectiva con la primera cacería, es la modificación. La demolición de una estructura completa. Compleja. Enorme. El cambio de todo un gobierno. Un sistema. La purga de mafiosos. Corruptos. Criminales. A todos los niveles.
Al momento que eso suceda por el descabezamiento del cártel político que está en el gobierno, puesto en perspectiva, empezará lo más doloroso para la sociedad. Para la República. Quedarán huérfanas. Desprotegidas. Desamparadas. Expuestas. A la deriva.
Entonces, habrá que comenzar casi de cero. A reconstruir mucho de lo bueno que permitió al Estado mexicano ser tal. Revitalizar lo que cayó en obsolescencia. Disfunción. Restablecer. Rehacer todas las piezas que el morenismo ha deshecho, en cuyo furor sigue embebido.
Eso implicaría revertir la mayor parte de las locuras. Faltas. Abusos. Excesos que cometió López Obrador, en lo que su heredera, Claudia Sheinbaum, sigue incurriendo con el segundo piso de la involución. Regresión. Destrucción. Como proceso histórico, llevará mucho tiempo.
El final de Morena, sin importar el tiempo que tarde, será obligadamente un nuevo comienzo. En todos los sentidos. Los que se hicieron del poder con base en todos los vicios, tratarán de conservarlo con ellos. Y aun de aumentarlos.
Tienen a su alcance todos los recursos del Estado. Pero estos palidecen o nada representan cuando un pueblo consciente. Decidido a liberarse de la opresión. El yugo. La Esclavitud, dice: “¡Ya basta!”. Hacia allá camina.
Esa motivación podría derivar del propósito de Donald Trump de liberar a México de los políticos narcorruptos, el mayor cáncer que lo asfixia. O tal vez del surgimiento providencial de un líder que, ante todo, genere credibilidad. Confianza y quiera sacarlo del atolladero, a condición de diferenciarlo del desquiciado AMLO.
Hombres-Leyes-Instituciones-Hombres virtuosos, serán imprescindibles. Absolutamente indispensables para recomenzar. Para seguir adelante. Esos tres factores son la base. El elemento y el cemento. La certeza fundacional de todos los Estados.
El problema es que ese tipo de ciudadanos. Capaces. Honrados. Prestigiados. Dispuestos a llevar a cabo esa tarea, no abundan. Fueron hostilizados. Marginados. Por dignidad, se alejaron de la cosa pública, convertida en rastro y porqueriza por Andrés Manuel López Obrador.
La descomposición. La crisis moral en la que se halla hundido México por la ambición de riquezas de unos, los habría extinguido porque la política dejó de ser un instrumento de beneficio colectivo. Fue convertida en un bien particular. De pandillas. De deslamados rufianes.
El “rochazo” ha invalidado a la totalidad de posibles sucesores de la presidenta que están ahora en la función pública.
En el supuesto de que el relevo sexenal fuera concebible en la situación por la que hoy pasan ella. Su partido. La Nación, ninguno tiene las credenciales suficientes ni para ser candidato. La reputación. Oportunidad. Posibilidad de alguno, corre en la marea del desprestigio morenista.
En el gabinete presidencial no hay un solo integrante con el que pudiera contarse para protagonizar una sucesión más o menos tranquila. Antes de llegar hasta ese punto, se verán muchos sobresaltos. Incluso, por lo menos uno de ellos es extraditable. Mario Delgado debe tener pesadillas.
El líder de los diputados tomboleros, Ricardo Monreal, y su ex par en el Senado, Adán Augusto Hernández López, saben muy bien que Estados Unidos los tiene en la mira. Les llegará su momento.
El tsunami Rocha Moya ha tocado e inhabilitado directamente también y por lo pronto, a los gobernadores que no podrán evitar la rendición de cuentas. En Estados Unidos.
Con razón o sin ella. Con fundamento o sin él, en automático, su militancia partidista los ha anulado para ser candidatos. Para conducir la República. Ninguno es prospecto para aventurarse a realizar la catarsis que permita a Morena recrearse en el poder para evitar la pérdida del Estado. Ningún morenista piensa en esto.
Omar García Harfuch, quien tanto ha hecho contra la criminalidad en lo que va del sexenio, ha empezado a despertar suspicacias en Estados Unidos por su actuación, limitada a la captura de capos “menores”, en comparación con los que convive y acuerda medidas de seguridad cotidianamente.
Asegurar ahora que no había sospechas sobre las actividades y relaciones delincuenciales del ex gobernador de Sinaloa –no volverá–, es algo que lo obligaron a decir, no que esté en su convicción e información, según algunos de sus cercanos. “Comenzó la decepción… tal vez la separación de la señora…”, comentan.
En las filas de la oposición, tampoco hay una sola alma en posibilidades de refundar el Estado. Es lo que se necesitará en el momento en que el morenismo quede hecho añicos. Para eso, podrían pasar años, pero en ese momento México quedará en el limbo.
Alejandro Moreno Cárdenas, con todos los baños de pureza que se da, lleva la marca de la prevaricación. A su paso por la política, ha dejado sembrados muchos cadáveres. Cancelarán siempre sus sueños presidenciales.
De Jorge Romero Herrera o de cualquier otro panista, ni ocuparse. De Jorge Álvarez Máynez, Samuel García o quien sea de MC, ni pensarlo. Y del PT o Verde, plagado de desprestigio y de buitres que se quieren eternizar, como Ricardo Gallardo en SLP, no se hace uno.
En la anulación de la clase política toda está, justamente, le primera. Medular. Gran perversidad de Andrés Manuel López Obrador. Esa es la madre de todas sus traiciones.
El huachicolero de la política los huachicoleó a todos. Los contaminó. Destruyó su carrera. Su futuro. Incluso a algunos su vida y excepcionalmente a alguien sus buenas intenciones para con la sociedad desde el poder.
El maléfico personajillo que se miraba al lado de los Padres de la Patria. Que hizo todo para estar en el resumidero de la Historia, incorporó a todos de cuantos podía servirse. Una simple credencial de “lealtad” era suficiente. No hubo distinción partidista.
Formó una élite gobernante casi total. Incluyó prácticamente a todos. Todos se dedicaron seguir sus enseñanzas: Mentir. Robar. Traicionar. Si alguien reniega de su situación, únicamente a él puede reclamarle.
Así, hoy, casi todos están marcados. Herrados. Ninguno está exento de ser señalado. Apuntado con índice de fuego. En tratándose específicamente de morenistas, muy probablemente no se encuentren excepciones. Con la retirada que ha comenzado a darse, no quedará ninguna.
¿Quién, habiendo militado en Morena, podría ser recibido en cualquiera de los demás partidos? ¡Ninguno! Se los calificará de corruptos. Aún si no lo fueren.
¿Quién, de otros partidos, querría ir a Morena hoy, cuando se evidencian, irrefutables, sus máximas improntas de corrupción, impunidad, criminalidad y está en la perspectiva insalvable de incrementar su desprestigio, agudizar la animadversión social en su contra y quedar diluido, con sus integrantes más conspicuos en prisión?
El huachicolero de la política, Andrés Manuel López Obrador, calculó que, teniendo bajo su control. Dominio. Voluntad, a todos los políticos cuestionados. Acusados. Bajo sospecha. Tránsfugas. Saltimbanquis. Inconformes, su partido sería una sola fuerza político-partidista ad perpetuam, y que, respaldada por el crimen organizado, podría tener el poder siempre.
Con esa cooptación general de políticos, verdadera escoria que por dinero sepultaron toda ética. Principios. Moral. Responsabilidad. Honor, realizó un desclasamiento político del país. Aniquiló a quienes, en un momento dado, podrían rescatarlo. Los “opositores” lo hicieron por mérito propio.
López Obrador pudo, sin duda, alcanzar la trascendencia que soñaba. Tuvo todas las condiciones para hacerlo. Por su estupidez y su vesania, perdió la ocasión.
De haber sido el artífice de un movimiento político-electoral único en todos los sentidos. En tiempo récord. También en tiempo récord lo llevó a la perdición. A la ruina. Al muladar. Él, y sólo él, es el causante. El culpable de la tragedia y el drama que envuelven a México.
Puede tener la seguridad de que su sucesora no lo tocará ni lo lastimará en ninguna forma ni grado. Lo seguirá protegiendo a costa de perder el gobierno. El país. Y a como está Trump, quién sabe si hasta su libertad.
Su decisión de dar protección al prácticamente prófugo Rubén Rocha Moya hasta con la Guardia Nacional, refleja nítidamente la opción que ha tomado. No está a favor de México. Eso prefiguraría una traición.
Eso le conviene a Estados Unidos. Sin defensa moral no hay ninguna defensa. Para nadie. Vendrá por la pieza de caza mayor. La más codiciada. Y en una de esas… hasta el trofeo le resulta doble.
Línea de Fuego
El World Trade Center y los alrededores de Insurgentes, donde este se ubica, quedaron ensangrentados con la sangre de Ariadna Montiel, líder de Morena, por haberse mordido la lengua al decir que su dirigencia no tolerará la corrupción en ningún gobierno porque en su partido “los corruptos no tienen cabida”. ¿Qué hace ahí entonces el (D)Andy López Beltrán y todos los ladrones que, al escuchar esa mentira en vez de ruborizarse se rieron socarronamente?… Algunos gobernadores tienen las maletas listas para salir despavoridos del país en cuanto reciban “el pitazo” de que van por ellos. Temen, con razón, que para hacer eso, Estados Unidos puede pasar por encima de protocolos, leyes y acuerdos… A su paso por el IMPI, Santiago Nieto Castillo integró un poderoso y eficiente equipo de colaboradores que le da vida, movimiento y eficacia a la institución. Destacan en él, la directora general adjunta, Guadalupe Itzi-huari Hurtado y las directoras divisionales de Patentes, Eulalia Méndez Monroy, y de Marcas, Mayra Elena Ramos González. Es de esperar que el relevo del queretano –Vidal Llerenas– quien buscará gobernar su estado por Morena, las ratifique. Si ellas quieren, ¡claro! Con su talento, experiencia y conocimientos le ayudarían a hacer un excelente papel…Yeraldine Bonilla, gobernadora interina de Sinaloa, en realidad hará el papel laboral del que proviene. Se lo recordó y se lo ratificó su jefe, imponiéndole –a la carta– como secretario general a Francisco Bedolla Bañuelos.

