El mayor desafío para la administración de Claudia Sheinbaum será evitar que se reviertan los niveles de bienestar y la transformación social alcanzados. Sostener este piso social podría resultar una tarea más compleja que haber implementado las políticas originales en su momento, afirma el periodista y analista político Ricardo Raphael ().

Tiene razón.

Hoy la hegemonía electoral de Morena, conseguida por malas artes, parece refractaria al huachicol fiscal, el mayor escándalo de corrupción en décadas. Luce invulnerable a la violencia sistémica, las desapariciones de personas, y los feminicidios. Podría sobrevivir incluso a la extorsión cotidiana a empleadores y trabajadores. Esa es la impresión en un primer vistazo, que puede volverse un espejismo.

En América Latina hay casos claros de gobiernos que lograron reducciones significativas de la pobreza extrema mediante incrementos salariales y transferencias monetarias, para luego sufrir retrocesos posteriores.

En Brasil, el programa Bolsa Familia, más los aumentos reales del salario mínimo y la expansión del empleo formal redujeron la pobreza del 25% en el 2000 al 5% en 2014. La recesión económica, el aumento del desempleo y el deterioro del mercado laboral, así como la crisis fiscal posterior provocaron un ‘rebote’ de los niveles de pobreza.

En Argentina, entre 2003 y 2015 los gobiernos kirchneristas redujeron fuertemente la pobreza extrema mediante la asignación universal por hijo, los aumentos sucesivos del salario mínimo, las pensiones no contributivas y las políticas de empleo. La caída vino con la inflación, la crisis de deuda, y el deterioro del empleo formal.

En Venezuela, en el gobierno de Hugo Chávez (1999-2013) los aumentos salariales, las transferencias directas, los subsidios y programas de alimentación, redujeron la pobreza extrema de 25% a un dígito. El desplome llegó con el colapso de los precios del petróleo, la emigración masiva, y, sobre todo, con la mala gestión económica y el deterioro de la capacidad del Estado para sostener los programas.

En México, a partir de 2018 se ha registrado una mejor distribución del ingreso nacional, en favor de los trabajadores. Los incrementos en el salario mínimo y la reducción de la pobreza son conquistas muy significativas y con enorme eficacia electoral.

Cada país y cada gobierno han tenido sus peculiaridades, pero el ascenso y posterior descenso registran rasgos en común: los desequilibrios como déficit fiscal, inflación y deuda; el alza en la informalidad laboral y la imposibilidad de financiar los programas sociales con dinero fiscal.

Las transferencias monetarias son efectivas para detener el empobrecimiento, pero sin un financiamiento fiscal sólido los logros se revierten con relativa facilidad, y el bienestar que prometía ser permanente se esfuma. Quienes fueron pobres y hoy son clasemedieros esperan tener casa propia y movilidad social ascendente. Nada sustituye al acceso a educación pública de calidad y a un sistema público de salud con un satisfactorio desempeño en sus unidades médicas y el abasto estable de medicamentos. No hay atajos.

El mayor desafío al gobierno actual es evitar el tobogán del retroceso a la pobreza. La mayor pesadilla para el control hegemónico de Morena, amanecer un día con la noticia de que no hay dinero para depositarle a los beneficiarios de la pensión del bienestar.

Profesor asociado en el CIDE

@Carlos_Tampico

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