Por GUILLERMO RAFAEL SANTIAGO RODRÍGUEZ
Hay una frase que he escuchado muchas veces desde que comencé a hacer política: hay que transformar al país. Estoy de acuerdo. Pero con los años aprendí que inmediatamente después tenemos que hacernos otra pregunta: ¿cómo se ve esa transformación en la vida de una familia en Chiapas?
Porque para una madre de familia la transformación no es un concepto. Es que sus hijos tengan una escuela digna. Para un joven es encontrar una oportunidad sin tener que abandonar su comunidad. Para una colonia de Tuxtla Gutiérrez puede ser que finalmente se resuelva un problema que durante años ha sido una promesa. Para una comunidad puede significar tener caminos, conectividad, servicios y las herramientas necesarias para construir su propio futuro.
Por eso creo que la política no puede quedarse en los grandes discursos. Tiene que tocar tierra.
Yo aprendí esa lección desde muy joven, cuando comenzamos a construir Morena en Chiapas. En aquel momento no teníamos grandes estructuras ni posiciones de gobierno. Teníamos algo mucho más sencillo: la voluntad de caminar, organizarnos y hablar con la gente. Éramos jóvenes y muchas veces teníamos más entusiasmo que recursos, pero entendimos algo que sigo creyendo hasta hoy: la política se construye escuchando.
Las circunstancias cambiaron. Hoy tengo la responsabilidad de representar a Chiapas en la Cámara de Diputados y de participar también en tareas nacionales de Morena. Sin embargo, cada vez que regreso a Tuxtla recuerdo por qué decidí dedicarme a esto. Las colonias no preguntan cuántos discursos pronunciamos ni cuántas reuniones tuvimos. Preguntan cuándo se resolverá el problema. Y esa pregunta es completamente válida.
Desde el Congreso he buscado que las necesidades que encontramos en territorio tengan una expresión en la agenda legislativa, pero también hemos acompañado gestiones para atender problemas concretos en colonias de Tuxtla y mantenemos comunicación permanente con ciudadanos y liderazgos que nos cuentan lo que ocurre todos los días.
A veces se piensa que gestionar una obra, atender un servicio o resolver un problema de una colonia es poco frente a las grandes reformas nacionales. Yo pienso lo contrario. Una transformación que no mejora la vida cotidiana corre el riesgo de quedarse solamente en discurso. Tenemos que hacer las dos cosas: transformar las instituciones y atender las calles; discutir el futuro del país y resolver los problemas del presente; legislar y regresar al territorio.
Y también tenemos que cambiar la manera en que hablamos de Chiapas.
Durante demasiado tiempo nuestro estado ha sido visto principalmente desde sus carencias. Yo quiero que empecemos a hablar también de sus posibilidades. Chiapas tiene una población joven, una enorme diversidad cultural, recursos naturales, una ubicación estratégica y una relación privilegiada con Centroamérica. Tenemos condiciones para construir una nueva etapa, pero necesitamos preparar a nuestra gente para ella.
Por eso he planteado desde el Congreso la necesidad de reconocer nuevos derechos frente a la transformación tecnológica. La inteligencia artificial ya está cambiando nuestra manera de estudiar, trabajar, producir y relacionarnos con el gobierno. No podemos esperar a que la tecnología transforme nuestras vidas para después preguntarnos qué derechos tenemos frente a ella. Tenemos que anticiparnos.
Que un joven de Tuxtla tenga acceso a las mismas herramientas tecnológicas que uno de cualquier otra ciudad del país no debería ser un privilegio. Que nuestros estudiantes aprendan a utilizar inteligencia artificial tampoco debería depender de dónde nacieron. Y que una persona pueda conocer cómo se tomó una decisión automatizada que afecta sus derechos debería formar parte de las garantías de cualquier ciudadano.
Chiapas no puede llegar tarde al futuro.
Una de las cosas que más he aprendido en estos años es que representar a alguien significa regresar. Regresar después de pedir su confianza. Regresar después de escuchar un problema. Regresar después de presentar una iniciativa. Regresar incluso cuando todavía no tenemos la solución.
Porque hay algo que no debemos perder cuando llegamos a una responsabilidad pública: la capacidad de escuchar a quien no tiene un cargo, una oficina ni un micrófono.
Esa es una de las razones por las que sigo recorriendo Tuxtla. Quiero conocer de primera mano qué preocupa a las colonias y qué esperan de quienes tenemos una responsabilidad pública. No siempre podremos resolver todo, pero sí podemos comprometernos a no dejar de escuchar.
También creo que Morena tiene una responsabilidad particular con Chiapas. El movimiento llegó al gobierno con una promesa de transformación. Esa transformación tiene que ser nacional, pero también tiene que sentirse en cada territorio.
Chiapas merece formar parte de las grandes decisiones del país, no solamente aparecer cuando hablamos de pobreza, migración o rezago. Tenemos que hablar de infraestructura, empleo, educación, innovación, seguridad, desarrollo regional y oportunidades para los jóvenes.
Y tenemos que hacerlo desde Chiapas, no solamente desde la Ciudad de México.
Yo soy parte de una generación que creció políticamente con Morena. Conocimos el movimiento cuando todavía había que tocar puertas para explicar qué queríamos cambiar. Hoy las circunstancias son diferentes.
Ya no basta con decir que queremos transformar. Tenemos que demostrar que sabemos hacerlo.
Cuando un movimiento llega al gobierno, deja de tener únicamente la responsabilidad de señalar lo que está mal. Tiene la obligación de construir lo que sigue.
Ese es el desafío que tenemos.
Construir un Chiapas donde la transformación pueda verse en una calle, pero también en una escuela; en un servicio público, pero también en una oportunidad de empleo; en una comunidad, pero también en una computadora; en una política social, pero también en la capacidad de nuestros jóvenes para competir en la economía que viene.
No quiero que Chiapas sea el estado al que siempre hay que ayudar. Quiero que sea uno de los estados que ayuden a construir el futuro de México.
Ese es el propósito que me llevó a la política cuando era joven.
Y sigue siendo el mismo.
Chiapas no puede esperar a que la transformación llegue. Tenemos que construirla desde aquí.
Exclusivas
5 lugares imperdibles para disfrutar de un buen postre sin gastar de más
Experiencias El UniversalDónde comer platillos diferentes con nogada este septiembre con precios especiales
Experiencias El Universal5 beneficios de practicar escalada y dónde probarla con descuento en CDMX
Experiencias El Universal






