Si José María Morelos y Pavón resucitara y viera en qué se ha convertido la entidad con su nombre, ¿pediría que se retirara este último y se le pusiera al risueño territorio otro más acorde con los tiempos actuales?

En su clásico estudio Zapata y la Revolución Mexicana, John Womack Jr. nos platica que un muchachito y otros amigos se deslizaban subrepticiamente por un terreno que conocían muy bien y les llevaban comida a Morelos y a la valiente población durante el sitio de Cuautla. Corría 1813, y aquel muchachito no era otro que el abuelo de Emiliano: del futuro Caudillo Suriano.

¿Qué análisis concretos de la realidad asimismo concreta harían esos dos genios militares y políticos que fueron Morelos y Zapata ante la ola de feminicidios que azota al país, especialmente a “Morelos”?

Una primera conclusión, ineludible, consistiría en que fue gente de la sociedad civil de Cuautla la que con valentía intentó salvarle la vida a Claudia aquel imperdonable sábado 12 de septiembre por la noche y fue una periodista (cuarto poder) y otra vez gente de la sociedad civil (décimo) la que dio todos los pasos para detener al subnormal que la acuchilló.

El “Estado de Derecho” (o lo que quede de él) fracasó en todos los órdenes. Morelos y Zapata verían con pesadumbre que el asesino de Claudia ya había pisado la cárcel dos veces. Y fue liberado… ¡Así no se puede, sistema de justicia en México! ¡Así–no–se–puede! La liberación del subnormal le costó la vida a una joven que prometía ser educadora de infantes, hoy que más que nunca necesitamos educación auténtica desde las edades más tempranas.

¿Y dónde están los demás feminicidas de jóvenes en “Morelos”, morenos? ¿Están tranquilos en casa, seguramente fraguando nuevos crímenes? ¿Hoy debemos hablar de impunidad selectiva, según sean el escándalo mediático y el consecuente costo político nacional y sobre todo internacional?

El auténtico Morelos, el original, es el padre del constitucionalismo y de la legalidad en México. Sus Sentimientos de la Nación y la Constitución de Apatzingán son la base del Estado de Derecho en México (o lo que quede de él). Pesadumbre inmensa debe causarle ver el pésimo estado de la justicia en muchas regiones del país.

José María y Emiliano advertirían asimismo que la Auditoría Superior de la Federación (asf) detectó en 2024 cinco mil millones de pesos faltantes en “Morelos” por culpa del impresentable que “gobernó” la entidad en el sexenio anterior. Y detectó (la asf) faltantes por 6 mil millones en Veracruz, entidad “gobernada” por otro impresentable, al que una figura prominente del sexenio anterior calificaba de “poquita cosa, así, mira” y ponía muy juntas la yema de su índice y la yema de su pulgar. Aun así, la “poquita cosa” terminó alegremente “su” sexenio y no parece haber devuelto ni justificado los 6 mil millones.

Emiliano y José María merecerían imaginarse cuántas cosas podrían haberse hecho con los cinco mil millones de pesos faltantes. Por ejemplo, se hubiera mejorado el servicio de llamadas de emergencia en Cuautla, que a todas luces falló en los momentos críticos. Un funcionario dijo que la policía y la ambulancia habían tardado siete minutos en llegar; lo que por interés no dijo fue que ya habían pasado muchos minutos desde que la gente en el lugar de los hechos había intentado comunicarse. También se hubiera mejorado la iluminación y se hubieran puesto botones de alarma y destacado una patrulla a las afueras del acto cultural. Y habría más psicólogas contratadas para estudiar psicópatas con tendencias feminicidas.

La corrupción mata. La corrupción mata a los votantes, no a los votados, muchos de los cuales se retiran a su chaletito de descanso en Suiza, la Costa Azul, Bahamas, La Habana. La corrupción de impresentables ha matado a gente que votó por ellos, confiada, esperanzada. La corrupción pone en peligro la soberanía; no la pone en peligro la inversión legal, autóctona o foránea. La corrupción mata en México. La corrupción mata a México.

Como en 1813, Cuautla está otra vez sitiada, esta vez por el latrocinio, la estupidez, la maldad pura y dura. Y, como en 1813, cuenta con gente dispuesta a romper el sitio. ¿Tenemos un(a) José(fa) María Morelos y Pavón a la altura de las circunstancias?

Otra Claudia, la primera mandataria federal, tendrá al país entero con ella en la medida en que incremente su esfuerzo por ir limpiando nuestra Suave Patria de los muchísimos daños y retrasos que la aquejan. Desde luego, quien empieza a gobernar sabe que su margen de maniobra suele ser muy pequeño, muy estrecho. Y trata de ir ampliándolo. Entiendo que la primera magistrada de la Nación está en tales tareas.

Malcolm Lowry, que algo sabía del tema, llamó “paraíso infernal” a nuestras tierras tropicales. Tras los terremotos del 19 y el 20 de septiembre de 1985, que hace días cumplieron 41 años, José Emilio Pacheco escribió: “Hoy todo México es Comala”; se refería a la devastación que cuenta Juan Rulfo en Pedro Páramo, devastación causada precisamente por… Pedro Páramo. Jorge Ibargüengoitia bautizó como Cuévano a su Guanajuato natal. Hoy podríamos llamar “Cuévano” a “Morelos” por las muchas cuevas de ladrones y asesinos y demás involucionados que padece. O podríamos llamarlo “Beltrán” (Leyva, desde luego).

La literatura, el cine, la pintura, el teatro, la danza han hecho la tarea de nombrar la violencia y delatarla. La seguirán haciendo. Es su misión urgente en estos tiempos. Y desde luego la educación es omnipresente en todas las ecuaciones de progreso, bienestar, desarrollo, bien común.

Morelos y Zapata dirían: ––Si un huracán cierra las aulas, que no se pierda un solo día de aprendizaje. Materiales didácticos para estudiarse en casa contribuyen a resolver los crecientes problemas que la naturaleza provoca.

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