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Tecate.— Las comunidades indígenas atravesadas por el muro fronterizo entre Baja California, México, y California, Estados Unidos, se resisten a la política de aniquilamiento de ambos países. Su mayor temor, en ambos lados, es el creciente control del crimen organizado en sus tierras y el reforzamiento del muro que traspasa sus territorios; “no somos de nadie”, responden con contundencia y ferocidad.
“La frontera es como un cáncer que se va formando y va acabando con un cuerpo, la frontera es el cáncer de nuestro territorio. Nuestra tierra es como un cuerpo cortado por la mitad y el territorio es esencial para la comunidad kumiai. La frontera atraviesa nuestro territorio y se va acabando la lengua, la cultura (...) el territorio. Como el cáncer, la frontera aniquila todo”, lamenta Ángel Díaz Ojeda, promotor cultural kumiai en Ensenada.
En septiembre pasado el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicó un aviso: De conformidad con la ley es necesario renunciar a ciertas leyes, reglamentos y otros requisitos legales para garantizar la rápida construcción de barreras y carreteras en las cercanías de la frontera terrestre internacional en el estado de California.
El proyecto, por parte de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) consiste en la construcción de aproximadamente 9.74 millas [15 kilómetros) de barrera fronteriza y 51.5 millas (82 kilómetros) de partes del sistema en el este de Tijuana y en los extremos del este y el oeste de Tecate. Para esto el gobierno de Donald Trump renunció al cumplimiento de leyes que protegen el ambiente, sitios arqueológicos, la eliminación de residuos sólidos y de la contaminación auditiva, así como la preservación de flora y fauna silvestre, además de la protección de zonas de los nativos como las de la comunidad kumiai, en un área que integra territorio de ambos países.
“Nos han tratado de diluir como a las demás culturas indígenas (...) La intención es que perdamos nuestra identidad, el territorio. Ellos ponen una frontera y con eso esperan que entonces uno diga ‘no hay relación’, pero somos una comunidad, una nación, muy aguerrida y resistimos porque existimos”, asegura Ángel Díaz.
La comunidad indígena kumiai atraviesa el territorio desde el sur de California hasta Tecate y Ensenada, en Baja California. Su terruño es maquillado por un paisaje mediterráneo, con veranos cobijados por el calor ardiente del sol intenso, con atardeceres rosa y naranjas, abrazados por la dura corteza de troncos de viejos encinos y pequeños árboles de manzanita, vivos de los ríos y arroyos que los alimentan. Un oasis para la flora y fauna nativa de la región.
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Una de las tradiciones de los kumiais son las ceremonias luctuosas. A diferencia de los velorios entre rezos, ropa negra y silencio, ahí se baila y se canta entre 12 y hasta 24 horas continuas, con pañuelos y mantos, para terminar con el cuerpo del difunto sepultado o incinerado.
Una frontera que amenaza su cultura
Con el reforzamiento de la frontera y el endurecimiento de las políticas migratorias en EU, la comunidad denuncia que cada vez es más difícil mantener la relación entre las familias divididas por el muro. Los permisos especiales que tenían para pasar a territorio estadounidense ya no son tan accesibles y la separación ha comenzado a impactar en sus tradiciones e idioma. Los más pequeños no hablan kumiai.
La organización ambientalista Club Sierra alertó sobre el impacto negativo del proyecto que anunció CBP para reforzar la frontera entre Tijuana y Tecate.
El fundador de Radio Axiom y estudiante de maestría en Ciencias de la Acción Humanitaria en la Universidad de San Diego, Xavier Vásquez, también advirtió que con este proyecto se afectaría el área Marron Valley, un santuario de 2 mil 644 acres (8 mil metros cuadrados) para especies en peligro que, además, es considerado territorio kumiai.
“Permitir que un muro fronterizo marque esta tierra antes de que el pueblo de San Diego siquiera sepa que existe sería sumar una injusticia histórica a otra. Somos guardianes de algo irreemplazable. Una vez destruidos, estos ecosistemas no pueden reconstruirse. Una vez extinguidas, estas especies no pueden revivir”, lamentó.
Yolanda Meza, promotora cultural y líder kumiai en Valle de las Palmas, un poblado enclavado en la frontera de Tecate, explicó que la intervención de los gobiernos en el territorio de la comunidad es una política de exterminio.
“Al intervenir nuestros territorios es un desplazamiento. Estamos tristes y enojados. Nunca nos han tomado en cuenta ni para este muro ni para ninguna otra actividad, ellos trabajan en el territorio como si fueran los dueños únicos, en México y en Estados Unidos es lo mismo”.
Mientras concluye la entrevista Lucero, la hija de Yolanda, se asoma y lanza un auka. Luego explica que es una palabra kumiai usada como saludo, aunque en realidad significa luz o fuego, con la intención de siempre desear que la luz o el fuego te ilumine, “porque hasta para comunicarnos somos diferentes, lo hacemos desde el amor”.
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