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La directora de orquesta Alondra de la Parra (Nueva York, 1980) habló de un punto de coincidencia entre el tiempo convulso que vivió Ludwig van Beethoven y nuestros días: "Esta noche nos reunimos para buscar la armonía dentro de un mundo fracturado porque realmente está fracturado, de la misma manera que lo estaba en el momento en que Beethoven compuso esta sinfonía. Cuando la compuso, en 1824, Europa estaba marcada por una guerra y profundamente dividida por la desconfianza política".
La humanidad, dijo con ironía, parece no haber aprendido mucho en 200 años.
Con estas palabras presentó el concierto sinfónico "Voces de fraternidad", donde llevó la batuta frente a decenas de artistas de primer nivel que interpretaron la "Sinfonía núm. 9 en Re menor, Op. 125, Coral" ayer en la quinta edición del Festival PAAX GNP: los cantantes Serena Sáenz (soprano), Gaëlle Arquez (mezzosoprano), Arturo Chacón-Cruz (tenor) y Gianluca Margheri (bajo-barítono), junto a La Orquesta Imposible y la Orquesta y Coro de la Comunidad de Madrid.
"Casi 200 años y seguimos con la misma pregunta. A nivel personal, Beethoven sufría de un aislamiento profundo porque estaba completamente sordo, luchando contra esa soledad y el deterioro físico. Dentro de esta situación se habría pensado que Beethoven hubiese escrito una obra sumamente trágica (...) Tenía todos los motivos para escribir una obra llena de desesperación y, sin embargo, tomó otra decisión. Y es a lo que les invito que hoy pensemos, es una decisión lo que cambia al mundo. La decisión fue hacer una obra optimista que llamara a la hermandad, un llamado a la hermandad como decisión, como opción".
Explicó cómo la Novena de Beethoven fue una obra que, en cada uno de sus movimientos, se atrevió a lo que nadie antes se había atrevido: desde el primer movimiento que empieza reflejando el vacío y la ansiedad del conflicto ideológico, una metáfora que logra a través del temblor de las cuerdas —"Es como el susurro, el nervio de la Tierra, de la humanidad. Nunca había empezado así una sinfonía"— hasta el hecho de que el segundo movimiento arrancara con el scherzo —"el desafío, el juego"— o que, sin tratarse de una ópera o un réquiem, aparecieran cantantes para darle un grado de cohesión conceptual a la música.
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En entrevista, el cantante Arturo Chacón-Cruz (Navojoa, 1977) dijo que la Novena de Beethoven es una obra que no tiene comparación: "Es necesaria para la vida. Es un papel muy complicado. Beethoven no tenía la experiencia de escribir para voces. Es el comentario general en colegas de varias generaciones: Beethoven escribió algo muy difícil para la voz. El público no se da cuenta, pero el coro está cantando muy finamente, pero el resultado es increíble: una vibración, una masa de voces que llegan junto con la orquesta que llegan al fin a un himno a la unidad. Cada frase que Beethoven escribió para cada una de las voces es muy difícil técnicamente. Puccini, Verdi hubieran sido más cuidadosos al escribirlo con saltos o melodías más fáciles de entender. Beethoven hizo una ingeniería de sonido para crear una amalgama excelente".
A nivel personal, el cantante dijo que hablar de entendimiento es indispensable: "Como artistas tenemos que encontrar la manera de conectar con el público, sin ningún escaparate. Que sea una comunicación pura. Al lograr eso, creo que estoy cumpliendo mi razón en la Tierra. Es la mayor satisfacción que puedo sentir".
Largos minutos de aplausos y ovaciones del público de pie siguieron al final del concierto.
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