México tiene recursos de gas no convencional. Sin embargo, llevarlos del subsuelo a las industrias y centrales eléctricas requeriría inversiones multimillonarias, nuevas reglas e infraestructura.

El camino podría tomar hasta una década. Pasar de los proyectos piloto a una industria capaz de producir volúmenes relevantes implica resolver una cadena de obstáculos.

Así lo explicó Ramsés Pech, asesor de energía, economía y proyectos. “Al país le falta convertir el recurso prospectivo en un modelo de negocio operable”. El experto afirmó que hay obstáculos contractuales, financieros, regulatorios y de . Esta discusión se volvió más relevante en agosto, luego de que un comité científico convocado por la administración de Claudia Sheinbaum presentara sus recomendaciones sobre el desarrollo de estos recursos.

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El grupo dejó abierta la posibilidad de avanzar con , una técnica que permite extraer gas atrapado en formaciones de roca mediante la inyección a presión de agua, arena y otros compuestos, en Burgos y Sabinas-Burro-Picachos, aunque sujetos a nuevas evaluaciones.

Antes de dar ese paso, aconsejó comprobar condiciones como la disponibilidad de agua salada profunda y el volumen de gas que realmente podría aprovecharse. En Tampico-Misantla, en cambio, recomendó no desarrollar este tipo de proyectos.

Los desafíos antes de producir a gran escala

Uno de los primeros desafíos es el financiamiento. Pech estima que una fase piloto en Burgos podría requerir entre 2 mil y 3 mil millones de dólares, destinados no solo a perforar entre 50 y 100 pozos, sino también a estudios, permisos, caminos, manejo de agua, compresión y sistemas para recolectar el gas.

Si los resultados permitieran avanzar a un desarrollo de mayor escala, la inversión acumulada durante una década podría ubicarse entre 15 mil y 25 mil millones de dólares, según sus cálculos.

Pemex, inversión privada y certidumbre jurídica

“Pemex difícilmente podría desarrollar esta industria por sí solo en los tiempos y escala necesarios”, consideró Pech. La petrolera cuenta con experiencia e infraestructura en regiones productoras, pero el especialista señala que un desarrollo intensivo de gas no convencional necesitaría también capital y tecnología especializada.

Su propuesta apunta a un modelo de participación pública y privada en el que Pemex mantenga la rectoría del recurso.

Especialistas advierten que México necesitaría hasta una década para producir gas no convencional a gran escala. Foto: Cortesía
Especialistas advierten que México necesitaría hasta una década para producir gas no convencional a gran escala. Foto: Cortesía

Para atraer ese capital, agrega, las reglas tendrían que permitir que inversiones de largo plazo puedan recuperarse y ofrecer certeza frente a cambios regulatorios. “El cuello de botella principal es el diseño contractual y la certidumbre jurídica; después vienen agua, infraestructura y seguridad”, afirmó.

Para atraer el capital y la tecnología que requeriría el desarrollo de gas no convencional, la certidumbre jurídica sería un factor clave. El debate ocurre en un momento relevante para la relación económica de México con Norteamérica, en medio de la revisión del T-MEC.

En proyectos que demandan inversiones multimillonarias y plazos de desarrollo de varios años, los inversionistas suelen evaluar la estabilidad de las reglas antes de comprometer recursos.

¿Cuánto tardaría México en producir gas no convencional a gran escala?

El efecto sobre la producción nacional no sería inmediato. Pech calcula que podrían transcurrir entre siete y diez años antes de alcanzar una producción de gas no convencional capaz de generar una diferencia relevante para el sistema energético.

“Si México empezara ahora, un calendario realista sería de 7 a 10 años para alcanzar una producción que haga diferencia sistémica”, dijo. Primero vendrían estudios y permisos; después, proyectos piloto para medir productividad y costos; y solo entonces un eventual desarrollo a mayor escala.

Por eso, el potencial estimado de 141.5 billones de pies cúbicos de gas no convencional es apenas el punto de partida. El propio comité científico señaló que se trata de recursos prospectivos cuyo volumen realmente aprovechable todavía debe comprobarse.

Aun con esos desafíos, México forma parte de una de las regiones con los precios de más bajos del mundo. Mientras en América del Norte el gas se comercializa en un rango cercano a 1 y 3 dólares, en Europa y Asia los precios se ubican entre 18 y 21 dólares, según las principales referencias internacionales del mercado

De acuerdo con el experto, el desafío para México ya no es únicamente saber cuánto gas existe bajo tierra. Es determinar cuánto puede extraer de manera económica y ambientalmente viable, quién financiará ese desarrollo y qué infraestructura necesitará para convertirlo en energía disponible para el país.

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