Nos emocionaron hasta el último minuto del partido. Durante 24 días sembraron felicidad entre los mexicanos. Fueron el catalizador constante para aumentar nuestro intenso espíritu colectivo. Gracias Selección Mexicana por unirnos y hacernos creer que sí se podía.

Y sí, dentro de la reflexión debe haber una autocrítica del último partido de México en el Mundial. Debemos reconocer que falló la defensa mexicana con lo que Inglaterra logró anotar un doblete en menos de 98 segundos. Hay que decirlo: no nos ganaron por superioridad futbolística sostenida. Nos ganaron por dos fallas puntuales contra un equipo que no perdona ninguna.

Ya lo había advertido un día antes del encuentro, Javier “El Vasco Aguirre”: México tendría que “hacer un partido casi perfecto”, pero no se logró. Pese a eso, es injusto afirmar que “se jugó como nunca y se perdió como siempre”. Perdimos distinto.

Los seleccionados del tricolor sacaron la garra en el 2-0 en contra. A comparación de otros partidos, los mexicanos lejos de arredrarse se entregaron hasta el último minuto. Compitieron tú a tú contra una potencia. Antes de terminar la primera mitad, Julián Quiñones marcó el primero para nuestro país. El 2-1 supo a gloria dentro y fuera del Azteca.

Al final, Inglaterra se llevó los octavos 3-2, en lo que fue la última función del Mundial en territorio mexicano. Con ese marcador, en las calles de las ciudades donde se vivió la algarabía de los partidos pasados, los mariachis callaron. Se sintió un silencio estremecedor entre los mexicanos, probablemente era una mezcla entre enojo, tristeza y frustración.

Si de verdad se quiere ganar el tan añorado quinto partido, grandes retos se vienen. Se deberá impulsar a los jóvenes de este Tricolor a fin de forjarse en otros países, con equipos de potencia mundial, y la Liga MX deberá retornar al sistema de ascenso y descenso de los equipos para una verdadera competencia, más allá de los intereses de los dueños.

Un sistema competitivo obliga a los clubes de todo el país a invertir en sus canteras y a apostar por el talento local, porque su permanencia en el máximo circuito dependerá de lo que produzcan dentro de la cancha, no de lo que paguen fuera de ella.

Hoy nuestra realidad es que México no se encuentra entre los mejores ocho equipos del mundo. Debemos hacer un reconocimiento a esos muchachos. Se lo merecen. Lograron despertar el espíritu de unidad y el sentido de hermandad. Sacaron a los mexicanos de sus casas para que se adueñaran de las calles. Superaron las expectativas de muchos de nosotros. Rebasaron los intereses millonarios de la FIFA, de las marcas, de corporativos, de los dueños de equipos de la Liga MX, incluso, fueron más allá de discursos gubernamentales.

Tengan seguro, muchachos, que su afición seguirá entregándose. Que el corazón de millones de mexicanos los acompañará en la cancha. Que celebraremos cada triunfo de ustedes como si ganáramos la Copa del Mundo. Sigan haciéndonos soñar porque queremos volar con ustedes. ¿Y si sí?

Comentario final

Sí estamos en modo mundialista, pero no se nos olvida, semana cuarenta: ¿Cuándo terminará la impunidad de Adán Augusto López?

Ciudadana