México es el principal mercado de exportación de California, pero cuando hablamos de la relación con Estados Unidos, seguimos mirando casi exclusivamente hacia Washington. En 2025, California exportó a México 34.9 mil millones de dólares en bienes. La cifra revela una relación económica que va mucho más allá de la frontera y que merece una estrategia mexicana que mire también hacia Sacramento.
Una muestra de que California desarrolla una agenda propia hacia México es la AB 655, aprobada por la Legislatura estatal y firmada por el gobernador Gavin Newsom en julio de 2025. La ley modificó el California-Mexico Border Relations Council y permitió incorporar al Consejo a un senador y a un asambleísta cuyos distritos compartan frontera con México, aunque sin derecho a voto.
California está fortaleciendo sus mecanismos para atender una relación estratégica. Y no parte de cero: desde 2019, este estado y México han firmado siete memorandos de entendimiento.
San Diego y Tijuana muestran por qué esta relación merece una mirada diferente. Comercio, trabajadores, familias, universidades, infraestructura y problemas ambientales conectan diariamente a ambos lados. Las comunidades mexicanas y mexicoamericanas también son un activo estratégico: constituyen una red social, económica y política que puede fortalecer la interlocución de México.
El río Tijuana lleva décadas transportando aguas residuales y otros contaminantes desde México hacia California, provocando contaminación y cierres prolongados de playas. En julio de 2025, México y Estados Unidos acordaron acelerar obras para enfrentar la crisis; sin embargo, las autoridades californianas también han tenido que movilizar recursos propios. En junio de 2026, el gobernador Gavin Newsom anunció 46 millones de dólares adicionales para atender la contaminación, además de los aproximadamente 38 millones que el estado había destinado desde 2019.
El caso muestra que los problemas de la relación bilateral no siempre esperan a que Washington y Ciudad de México lleguen a un acuerdo. Cuando el agua contaminada cruza la frontera, el problema se convierte inmediatamente en un asunto de California. Lo mismo ocurre con infraestructura, comercio, energía, transporte y medio ambiente.
México debería responder con una política exterior estratégica. No se trata de sustituir a Washington ni de construir vínculos desde cero: ya existen mecanismos de cooperación en comercio, infraestructura, medio ambiente, energía y seguridad entre ambos territorios. El reto es darles continuidad, coordinarlos y reconocer su potencial para convertir los vínculos existentes en una verdadera estrategia de Estado. Eso exige mirar más allá de Washington.
La relación México–Estados Unidos no se agota en el nivel federal. También tiene una dimensión México–California y, en la frontera, una dimensión San Diego–Tijuana.
Bertha Banuet, asociada del Programa de Jóvenes COMEXI.
Cuenta de X: @berthabanuet
mahc
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