Contar con un sistema universal de salud pública para las mexicanas y mexicanos fue por mucho tiempo una demanda sin respuesta, un sueño sin aspiraciones de realidad. Hoy, las cosas muy distintas, México ha cambiado y lo seguirá haciendo, el Servicio Universal de Salud es un proyecto de nación, orientado a garantizar que ninguna persona quede excluida del acceso a servicios de salud oportunos, de calidad y con enfoque preventivo.
Se avanza con paso firme hacia la consolidación de la universalidad, orientada a la prevención, la atención primaria y la garantía efectiva del derecho a la salud para toda la población sin distinciones. El gobierno Federal, liderado por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, refrenda el discurso con acciones, “la salud no puede ser un privilegio; es un derecho constitucional y un bien público que debe garantizarse con instituciones sólidas, coordinación interinstitucional y políticas de Estado”.
Y es que la imperante necesidad de instrumentar un rediseño estructural que permita integrar servicios y garantizar continuidad en la atención es imperativo, para lograrlo se ha trabajado a marchas forzadas en mejorar la calidad de los servicios y acrecentar la confianza institucional. A pesar de la incomprensión de algunos, de las voces sin memoria y de una férrea campaña que a manera de revancha se empeña en denostar los avances, los resultados son visibles y los beneficios inobjetables.
Algunos servicios universales ya están en marcha, como la vacunación, la atención de urgencias, el tratamiento integral de VIH y el programa Salud Casa por Casa; sin embargo la consolidación del Servicio Universal de Salud requiere impulsar una serie de procesos estructurales que se encuentran en fase de diseño e implementación progresiva, tal es el caso de la credencialización de las y los usuarios, para facilitar la identificación y el intercambio de servicios entre instituciones; la portabilidad de servicios, que permita a las personas recibir atención sin importar su afiliación; la homologación y simplificación de trámites y registros, con procesos más ágiles y accesibles; el desarrollo de un expediente clínico y una receta digital interoperables, como base de un sistema moderno, eficiente y centrado en las personas; y el diseño de mecanismos de coordinación y compensación financiera entre las instituciones del sector salud.
La credencial del Servicio Universal de Salud tendrá la función principal de identificación a efecto de garantizar el acceso al derecho a la salud en las instituciones públicas más cercanas al domicilio; tendrá la opción de ser digital o impresa a partir del mes de abril, se vinculará a un expediente médico electrónico con toda la información y posibilitará agendar citas para consultas y estudios, y facilitará el intercambio de información y servicios entre instancias médicas.
Por lo que hace a los medicamentos, se transitará hacia un modelo estratégico de compras bianuales, basado en planeación, priorización clínica y economía de escala, así como la optimización del Compendio Nacional de Insumos para la Salud, con el objetivo de mejorar la costo-efectividad y la seguridad del paciente.
Además, se impulsan Protocolos Nacionales de Atención Médica, con el objetivo de otorgar mejores oportunidades diagnóstico-terapéuticas a la población mexicana, garantizar un manejo equitativo, integral y oportuno, y reducir las brechas en la calidad de la atención, independientemente de la institución o entidad donde se otorguen los servicios.
La salud no es una mercancía, privilegio ni sueño. Es un derecho sin revés.
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