En tu lomito y tus ojos desiguales, reconocemos la valentía y solidaridad de las heroínas y héroes de cuatro patas.

Los más de 120 perros rescatistas en Venezuela mostraron su valor al mundo entero. De ahí que las redes sociales se volcaron con gratitud en su defensa; transcribo unos de los mensajes más elocuente, sensible y verdadero que me impulsó escribir una vez más sobre este tema: “Es una dolorosa paradoja. Mientras miles de binomios caninos arriesgan su vida buscando sobrevivientes—exhibiendo una lealtad que rara vez es igualada—, la especie humana condena a millones de animales a una vida de abandono y crueldad”. Decenas de videos nos mostraron cómo perros y gatos se negaron a abandonar a su familia humana en los escombros, sin agua, sin comida y en condiciones lamentables preferían quedarse ahí junto a ese cuerpo lastimado o sin vida que lo es todo para ellos.

La crueldad animal se ha convertido oficialmente en un delito federal en el país vecino del norte, lo que constituye una victoria dentro y fuera de Estados Unidos, debido al impacto que tendrá en otras legislaciones del mundo. Afortunadamente existen importantes avances, muchos países han legislado y sancionan el maltrato y la crueldad animal, otros han prohibido el uso de animales para paseos turísticos y fines de entretenimiento, cada vez más naciones prohíben las corridas de toros, y son más las personas y organizaciones que luchan por el bienestar y los derechos de los animales, reconociéndolos como seres sintientes dignos de recibir cariño, cuidados y respeto.

En México hemos avanzado mucho; sin embargo, necesitamos ir más allá. El creciente activismo en defensa de los animales es proporcional al índice de maltrato y crueldad, lo que refleja, como ya lo han señalado diversas investigaciones, una profunda crisis de empatía social y violencia sistémica.

El reconocimiento explícito del maltrato hacia los animales recorre una dolorosa ruta que va desde la negligente falta de cuidados hasta la violencia premedita, por eso su cuidado ha sido elevado a rango legal y constitucional, consignando su bienestar como un principio jurídico que coloca al Estado mexicano como garante.

Y es que la modernidad, el neoliberalismo, el individualismo y el valor supremo que se le ha dado al dinero y a la satisfacción de necesidades inexistentes y deseos inconcebibles ha derivado en la cosificación de los animales.

La evolución de las especies ha sido un argumento biologista que permite sostener la creencia de que los animales son seres inferiores a nosotros, por lo tanto, su bienestar es secundario y su muerte irrelevante porque puede ser reemplazado por otro. Desde esta óptica los animales no tienen valor propio, están para servir y satisfacer a los animales humanos, lo cual es un grave error y una felonía que constituye una oda al horror y a la degradación humana.

Es necesario entender y asumir que tenemos una deuda histórica con los animales, particularmente con los de compañía, una deuda que se extiende a la naturaleza y todos las formas de vida que hay sobre la faz de la tierra. Es urgente saldarla y hacer consciencia de que la crueldad animal es la antesala de la violencia interpersonal y social.

La evidencia psicológica, sociológica y criminal demuestra que el abuso, maltrato y violencia hacia los animales detona y determina comportamientos violentos hacia otros seres humanos, sobre todo hacia los más vulnerables. Es el preludio de los peores crímenes de sangre y bajezas.

Tenemos que seguir avanzando, homologuemos el delito de violencia hacia los animales en todas las entidades federativas, impongamos sanciones ejemplares y tipifiquemos sus agravantes; pero, al mismo tiempo eduquemos a las presentes y nuevas generaciones para que lo inaceptable nunca más sea normalizado; regulemos la compraventa; hagamos registros; adoptemos; participemos activamente como sociedad en el cuidado de los animales abandonados, lastimados y abusados. Resignifiquemos su valor, reivindiquemos su vida y démosle un lugar propio y digno en la casa, en la comunidad y en nuestros corazones.

Que sea este espacio un llamado a la compasión y un tributo para quienes con lealtad y amor nos lamen el alma, diciéndonos una y otra vez que somos lo más importante en sus vidas. Nacha, Balú, Lucas, Julio, Pepé, Sálem, Max, Moet, Barril, Picasso, Shata, Astro, Estrellita, Carranza, Gala, Goyo, Maka, Galleta…, gracias, por siempre gracias.

Activista social

@larapaola1