Un avión viejo suele convertirse en una lección de historia, sobre todo cuando reaparece, casi dos años después, transformado en pieza de museo. La aeronave que trasladó a Ismael “El Mayo” Zambada y a Joaquín Guzmán López hacia territorio estadounidense ya se exhibe en Nuevo México. Ello podría parecer un dato curioso, casi decorativo, pero usted y yo sabemos que los símbolos pesan, y este pesa mucho.
El Mayo Zambada enfrenta acusaciones gravísimas en Estados Unidos. Su historia está ligada a una organización que ha dejado muerte, miedo y territorios heridos. Por lo tanto, cualquier persona razonable coincide en algo simple: el Estado tiene la obligación de actuar con toda la fuerza de la ley frente al crimen organizado. Y precisamente por eso se necesita verdadera cooperación internacional.
Piense conmigo un momento. El problema del avión no está en el destino judicial de Zambada, que ya corre por su propio cauce. El problema está en las preguntas que ese avión vuelve inevitables. ¿Quién organizó el traslado? ¿Qué autoridades de ambos lados conocieron la operación con anticipación? ¿Participaron agencias estadounidenses antes de que la aeronave tocara suelo de aquel país? ¿Por qué la versión oficial inicial contrasta hoy con datos que apuntan hacia otro lado?
México hace bien en pedir claridad. Lo pide la presidenta Sheinbaum. Lo pide el gobierno mexicano. Lo pedimos todos. Y esa exigencia merece atenderse con seriedad institucional, lejos del ruido político, porque todos entendemos, en el fondo, que reclamar información protege a las instituciones, mientras que el silencio suele proteger otra cosa.
La cooperación con Estados Unidos en materia de seguridad resulta indispensable. Compartimos frontera, amenazas, rutas criminales y una crisis de tráfico de armas y de drogas sintéticas que golpea a ambos países por igual. Entonces, conviene ser honestos: la cooperación verdadera exige reglas claras y verificables y por ello, cuando las agencias actúan en zonas grises, la confianza se erosiona; cuando una versión oficial se contradice con hechos posteriores, la relación bilateral se contamina igual que el agua contaminada envenena el pozo entero.
El crimen organizado se combate con inteligencia, capacidad operativa y coordinación internacional, siempre dentro del marco constitucional y de los entendimientos bilaterales; y en este caso vale la pena recordar que la eficacia obtenida al margen de las reglas suele costar cara. Puede producir una captura espectacular y, al mismo tiempo, abrir una crisis diplomática que después nadie sabe cerrar y que termina por afectar a las dos partes y sus comunidades.
México merece que las decisiones tomadas dentro de su territorio nazcan de sus propias instituciones. La soberanía es una condición viva y actual, la base mínima para que la cooperación funcione entre países que se tratan como iguales, y una exigencia que debemos abrazar todos los mexicanos.
En fin, el avión descansa hoy en un museo. Allá quizás lo presenten como trofeo. Aquí debemos verlo distinto, como el recordatorio de que faltan respuestas. Y cuando faltan respuestas en un asunto de esta gravedad y trascendencia política, pedirlas se vuelve, sencillamente, una obligación de Estado.
Abogado penalista. X: @JorgeNaderK
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