Amy Glover Drake
“No es que haya personas diferentes y voces diferentes, sino que hay múltiples voces dentro de cada persona. Por eso, la idea de aferrarse a la patria ancestral no es más que una ilusión”. Yoko Tawada.
México está de moda. Nuestro país es “trending topic” en las redes sociales en África. Hay alemanes, nórdicos, japoneses y coreanos hablando de lo cariñosos que somos los mexicanos, de que la comida es increíble, de que nunca se han sentido tan bienvenidos en ningún lugar en sus vidas. En resumen, como se ve escrito en algunas chamarras que rondan por allí: Mexico is the shit.
No cabe duda de que nuestro país de identidad dual, latinoamericana y norteamericana a la vez, es de lo más cool, y que los mexicanos son la dulzura misma, jarabe de agave. Y esto no es un asunto menor ni superficial, porque ser cool importa. Ser cool es un elemento clave en lo que llamamos en la geopolítica “el poder suave”, o la capacidad de convencer a otras personas de que eres un socio valioso o un líder a seguir.
¿Y sabes qué país ya no es nada cool? Los Estados Unidos. Ser de ultraderecha no es cool, punto. Denigrar a los inmigrantes y meter niños en centros de concentración lejos de sus papás, cero cool. Insultar a tus aliados y amigos, mala onda. ¿Bailar como Trump? Ni se diga.
Hablo mucho de que México debería empezar a forjar una estrategia seria de diversificación con otras regiones y ya hemos comenzado; firmar el Acuerdo Global Modernizado con la Unión Europea en mayo es una gran noticia y vendrán otras.
Un paso útil para la diversificación es ser bien recibida y reconocida cuando tocas la puerta, y el éxito a la fecha de nuestros partidos mundialistas será una buena tarjeta de presentación, que también alentará el turismo. No tengo estadísticas para comprobarlo, pero sospecho que ver a tantas personas libremente gozando la vida en las calles de México, quitará al menos un poco el peso de la narrativa narco que cubre con tanto ahínco la prensa internacional.
Hace más de un año estuve involucrada en sesiones creativas con think tanks enfocadas en cómo impulsar una identidad de América del Norte (el bloque de México, EUA y Canadá) al utilizar la Copa Mundial regional como gancho; según la esperanza de antaño, todos nos volveríamos hermanas y este evento deportivo haría que los gringos entraran en razón y nos respetaran como los increíbles aliados y socios comerciales que somos. Pues, nel.
En mi opinión, este Mundial fracasará en consolidar un sentido de pertenencia para que todas las personas de nuestra región se sientan norteamericanas. Y tampoco me preocupa mucho, porque de este Mundial México saldrá ganando, pase lo que pase en la cancha.
Hace meses, se me revolvía el estómago al pensar en la frivolidad del Mundial. ¿Jugar fútbol y tomar un mezcal cuando hay guerra y el mundo está ardiendo? ¡Qué poco empática! ¿Celebrar un evento con un peso cultural tan importante organizado por una organización tan desagradablemente capitalista como la FIFA? ¡Cómo! Pues al cantar el himno nacional mexicano enfrente de la tele con mis amigos el 16 de junio, estos cuestionamientos moralistas salieron volando por la ventana.
Una amiga querida, Marion Reimers, me ayudó a resolver dignamente mis dudas al respecto de disfrutar el fútbol, gozar de una gran fiesta y no estar de acuerdo con todas las decisiones y conceptos alrededor. Ella misma ha hablado en sus redes sociales de disonancia cognitiva: la sensación de querer estar contenta, y al mismo tiempo reconocer que muchas cosas están mal; se vale, es humano. La vida no es blanco y negro, hay aristas y tonos de gris.
Sé que habrá objeción de algunas personas que subrayan la falta de avances en temas socioeconómicos en muchos frentes en México. Dirán que el crimen organizado es un problema gravísimo —y sí, lo es— y que el tráfico y la contaminación del aire en la CDMX está del nabo —y sí, lo es. Hay muchos temas de injusticia en el país que tenemos que arreglar. Pero como alguien que tomó la decisión de naturalizarse mexicana hace 21 años, jamás me he sentido arrepentida.
Ser inmigrante implica un amor especial porque no naciste en el país, sino que tomaste la decisión de llamarlo tu casa, aprender el idioma y abrazar la cultura. Explicar el amor es difícil porque justamente no es cerebral, es química, es instinto e involucra el alma, es ese ente que valoramos más que nada, pero que nunca veremos.
Mientras que podría construir una lista de razones por las que amo a este país, prefiero simplemente decir que amo a México y a los mexicanos. Y ahora, gracias al Mundial, el mundo entero entiende mejor por qué.
Pie de página: Otro inmigrante que expresa su amor por México sin tapujos es Rui Machalele de Mozambique @rui_machalele_official en Instagram. ¡Vale mucho la pena seguirlo!
Amy Glover Drake es estadounidense por nacimiento, mexicana por elección.
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