Camino a Beijing, Marco Rubio apareció en el Air Force One usando un pants gris Nike Tech. La imagen se volvió viral, no tanto porque no es común ver al secretario de Estado vestido así, sino porque las redes encontraron rápidamente el parecido con el conjunto deportivo que utilizó Nicolás Maduro al ser trasladado a Estados Unidos meses atrás. Incluso, el presidente Donald Trump evitó entrar en comparaciones y simplemente dijo que “se veía muy bien”.
La anécdota podría parecer superficial. No lo es. La propiedad intelectual (PI) estuvo presente en Beijing. Y no solamente en el dichoso pants Nike, ni en la ya tradicional ‘YMCA’ de Village People, que formó parte del repertorio musical durante la recepción oficial ofrecida por el presidente Xi Jinping. La PI también apareció, con mucha mayor fuerza, en las delicadas conversaciones sobre inteligencia artificial (IA), semiconductores, transferencia tecnológica y presunto robo de innovación estadounidense.
Horas antes del encuentro, y en pleno vuelo, Rubio se refirió abiertamente al problema del “robo de PI” y de la ingeniería inversa sobre tecnología estadounidense atribuida a China. Y no era una declaración cualquiera. Hablar de “robo” en plena discusión sobre IA y semiconductores –con Taiwán permanentemente en el trasfondo de la conversación– difícilmente puede considerarse un detalle menor.
Por mucho tiempo, la PI fue vista como un asunto técnico, lejano y hasta aburrido para quienes no se dedicaban al tema. Pero eso cambió. Hoy las dos superpotencias hablan de ella como asunto de seguridad económica, liderazgo tecnológico y competencia geopolítica. La discusión volvió a instalarse en conversaciones diplomáticas, políticas y económicas del más alto nivel.
Y si la PI estuvo presente en la conversación con China, principal rival estratégico y segundo socio comercial, sería ingenuo pensar que estará ausente en la próxima revisión del T-MEC. Todo apunta en sentido contrario: llegará fortalecida y con mayor protagonismo económico e incluso político.
Lo ocurrido en Beijing también deja algo importante que México no puede pasar de largo: la PI sigue ocupando un lugar prioritario para nuestro vecino y principal socio comercial. En este contexto, y ante las negociaciones del T-MEC, se concretaron movimientos importantes por ambos lados. En México, la reforma a la Ley Federal de Protección a la Propiedad Industrial y la publicación, después de casi seis años, de su Reglamento. En Estados Unidos, el reciente cambio de México dentro del Reporte Especial 301, pasando de la ‘Priority Watch List’ a la ‘Watch List’.
Nada de esto, como lo hemos comentado en esta columna, significa que los problemas hayan desaparecido. La piratería física y digital sigue creciendo, persisten rezagos institucionales y continúan pendientes relevantes, como los relacionados con la observancia y la vinculación IMPI-Cofepris respecto a patentes farmacéuticas, entre otros.
Con motivo de la cumbre Trump-Xi, Rubio habló sobre PI, tecnología y el futuro de ambas potencias, dejando ver algo que pocas veces se expresa tan abiertamente en diplomacia: que tras las discusiones comerciales y tecnológicas, hay una competencia directa por el liderazgo global del futuro. La discusión ya no sólo es jurídica. Es económica, industrial y geopolítica.
México tendrá que convencerse rápido. La PI ya no es únicamente un asunto de abogados, oficinas de patentes o tratados comerciales: forma parte de las grandes conversaciones económicas, políticas y de seguridad del mundo.
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