Cada generación enfrenta momentos en los que debe decidir si el Derecho será un instrumento de libertad y justicia o una simple herramienta del poder político. México atraviesa uno de esos momentos históricos.

Hace unos días recordaba a la Academia Mexicana de Jurisprudencia y Legislación que, en su refundación, hace casi cien años, en 1930, nuestro país salía de la Revolución Mexicana, y así llegaba la hora de que los juristas volvieran a alzar la voz, como había dicho el poeta de la Suave Patria, “a la mitad del Foro”.

Corrían momentos oscuros para el Derecho. Momentos de Maximato e imposición, de la confusión entre el Derecho y la ley. Estaba por iniciarse lo que Jean Meyer ha llamado “la verdadera persecución religiosa”, esto es la derivada del incumplimiento de los acuerdos de 1929; años también de la lucha de la autonomía universitaria que más tarde pelearía y lograría don Manuel Gómez Morín, años en que se discutía la libertad de la Escuela Libre de Derecho.

Hoy, casi un siglo después, el escenario es parecido: se pretende disciplinar a los jueces, callar a las y los juristas, someter a quienes legislamos y dejar sin amparo y acciones colectivas a quienes requieren de la protección de la Justicia y la defensa frente al poderoso.

Como hace casi 100 años, estamos viviendo una vez más momentos oscuros para el Derecho y por esta causa quienes consideramos que el Derecho es más que una disposición en la ley, quienes sostenemos que el derecho es el instrumento de los pacíficos, que es bandera de justicia y libertad frente al absolutismo del poder político, estamos obligados a mirar otra vez aquellas razones o motivos que nos fortalecieron: el espíritu crítico, decidido y valiente, la prudencia en el obrar que nada tiene que ver con la cobardía; tenemos que rescatar la autoridad del jurista, la autoridad del derecho.

Sí, vivimos tiempos oscuros y, por oscuros, desafiantes. Aceptemos ver estos momentos como uno de los momentos más retadores de la historia del siglo XXI en nuestro país: se trata de ver la grieta por la que todos podemos pasar y yo digo que se puede; sostengo que, en medio de esta oscuridad, hay razones para la esperanza.

Podemos pasar por ahí, por la grieta que se abre. Y pienso en los innumerables cambios que hicimos las mujeres en el derecho para poder ser incluidas en la toma de decisiones, pienso en la historia de juzgadoras y magistradas que llegaron a sus puestos no por cuotas sino por una heroica historia de voluntad, inteligencia y conocimiento; pienso en las mujeres que logramos cambiar el derecho para que se hablara de la violencia de género que todos los días estaba presente hasta que logramos que las leyes nos miraran; pienso en el derecho que un día se decidió a mirar a las niñas y los niños, a las personas con discapacidad, y estoy convencida que esos derechos llegaron de la mano de la mujeres.

Los invito vivir para México en este oscuro y desafiante momento del derecho. Recuerdo aquí, por ejemplo, la gran lección que nos dieron los jóvenes estudiantes de derecho que nos convocaron a defender públicamente la independencia judicial. La historia de México está llena de hombres y mujeres que defendieron la dignidad humana incluso en los momentos más difíciles. Nos toca ahora estar a la altura de esa tradición. Porque, en estos tiempos oscuros, defender el Derecho es también defender la libertad y el futuro de México.

No tengo duda: estamos en los momentos más desafiantes para quienes “amamos la justicia y el Derecho” (Salmo 32).

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