Tengo que ser honesto y decirles que en 2018, yo no veía mal que pudiera gobernar una izquierda moderada en México. No me daba miedo que llegara al poder una izquierda moderada; es más, me preguntaba que si con el nivel de desigualdad que existe, ¿por qué no había gobernado la izquierda antes?

Nunca he tenido miedo a dialogar con gente que piensa diferente o que tiene otras creencias. Incluso en la segunda mitad de los 90 nos reuníamos un grupo de políticos y empresarios con Cuauhtémoc Cárdenas en la casa de su madre doña Amalia, en la calle Andes de la colonia Lomas de Chapultepec, en la CDMX. En estas reuniones asistíamos personajes como Porfirio Muñoz Ledo, Amalia García, Graco Ramírez, Ricardo Pascoe, don Enrique González Pedrero, Vicente Fox y este servidor, entre otros.

De estas reuniones aprendí que la izquierda moderada y la derecha no eran antagónicos sino complementarios, y que la derecha impulsaba preferentemente el desarrollo económico mientras la izquierda moderada era un impulsor del desarrollo social, y lo anterior era cierto sólo si ambos tenían vocación democrática.

Esta ha sido la gran diferencia de la izquierda moderada con la izquierda radical, ya que esta última siempre se ha convertido en tiranía y generado mayor pobreza y marginación en los lugares que ha llegado al poder.

En 2018 impulsé mi proyecto independiente por la senaduría, pero a lo largo de la campaña me empecé a dar cuenta que iba a ganar López Obrador, como finalmente ganó con un triunfo arrollador no solo él sino Morena, también.

La verdad es que hoy, visto en retrospectiva, nos damos cuenta que López Obrador y su grupo sí eran un peligro para México. Yo nunca me imaginé que serían tan malos para administrar la cosa pública; nunca vi que serían unos resentidos sociales tan ideologizados que se dedicarían a promover la polarización y la lucha de clases que son la antítesis de la verdadera solidaridad.

Me ha sorprendido que viniendo muchos de ellos de la lucha social, es decir hombres y mujeres de lucha, nunca pensé que serían tan autoritarios e intolerantes y que promoverían la eliminación de muchos derechos humanos fundamentales como el derecho a la información, el debido proceso judicial, el derecho a la salud, la libertad de expresión, los derechos de participación política, derecho a la igualdad ante la ley, entre otros.

Finalmente, nunca imaginé que llegarían al poder con tanta hambre atrasada y el fuerte deseo de convertirse en burgueses. La mente no me dio para imaginar lo corruptos que serían, lo insaciables de dinero y poder que se convertirían, el sentido patrimonial con que han ejercido y abusado del poder; es decir, no se han reconocido como servidores, si no que se creen dueños del país.

Así hemos visto cómo han desmantelado las instituciones democráticas y judiciales que se diseñaron para servir al ciudadano contra el abuso de poder, mientras somos testigos de cómo también concentran más poder y discrecionalidad en el Ejecutivo.

Finalmente, lo peor, inimaginable e imperdonable, es la alianza criminal que realizaron con el narcotráfico para consolidar su posición de poder con el discurso demagógico de “abrazos no balazos”, que hoy sabemos se refería al trato que daría la 4T a los narcotraficantes y a los narcopolíticos, condenando así a los ciudadanos de bien a padecer una de las peores violencias que se haya vivido en el país como lo demuestran las cifras de homicidios, desapariciones, robos de autos, producción de fentanilo y contrabando de huachicol.

¡No tienen madre, ni perdón!

Ingeniero industrial y empresario

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