A raíz de una iniciativa del gobierno de Togo, con el respaldo de los países africanos, Naciones Unidas se dio a la tarea de hacer una revisión minuciosa de la cartografía mundial a efecto de que las dimensiones territoriales que aparecen en los mapas correspondan a la realidad. Una iniciativa audaz de diplomacia multilateral en los actuales momentos de turbulencia geopolítica.
El mapamundi que usamos actualmente se diseñó en 1569, obra de Gerardus Mercator, cartógrafo del siglos XVI, cuyo principal interés eran las rutas marítimas. De su método se desprende que conforme los territorios se alejan del Ecuador, adquieren dimensiones que en nada reflejan su superficie real. A guisa de ejemplo, en la cartografía que heredamos de Mercator, Groenlandia, con 2.1 millones de Km2, aparece más grande que el continente africano, que tiene 30.3 millones de Km2. En el nuevo mapa, países como Rusia, Estados Unidos y Canadá, aparecen mucho más pequeños que en el anterior.
El pasado 4 de septiembre se aprobó en Naciones Unidas, por 164 votos a favor y uno en contra (Estados Unidos), “la corrección del mapa”, un nuevo mapamundi que se presenta como una recomendación para gobiernos y población para utilizar con fines educativos. Es importante destacar que lo que se hizo en Naciones Unidas fue un ejercicio estrictamente de geografía física, lo que en nada altera las fronteras políticas, esto es, las fronteras terrestres, marítimas y áreas de los Estados, lo que es materia de la geografía política.
Estados Unidos fue el único gobierno que se opuso a esta iniciativa argumentando que era un “proyecto ideológico radical” como si aparecer más pequeño en los mapas le redujera poder e importancia. Su argumentación tiene cabida en su proyecto onírico de conquista mundial en el que la geografía política se modifica para ensanchar las fronteras territoriales de Estados Unidos. Después de renombrar el golfo de México como “golfo de las Américas”, el lago Ontario como “lago de las Américas” e incluso pretender renombrar al estado de Nuevo México, como “Nueva América”, el presidente Trump ha publicado mapas de la “Gran América” en los que, además de Estados Unidos, aparecen Canadá, Groenlandia, México y El Caribe. En su último mapa aparece Venezuela como la estrella 51 de la Unión Americana.
El nuevo método de medición, conocido como “equal earth”, resulta pertinente en la medida en que ahora refleja en los mapas la dimensión territorial real de cada país. Los instrumentos de medición ahora disponibles han llevado a que, en muchos casos, se busque revisar el trazado de las fronteras políticas debido a que en el pasado resultaba complicado dibujar las fronteras en el terreno a partir de las coordenadas geográficas acordadas. Este proceso cae en el campo de la geografía política.
Las representaciones visuales de la realidad forman parte del imaginario de cada persona. Para la mayoría de los habitantes del planeta el mapamundi es algo difuso y confuso. Poco conocemos de geografía física y política o de la geografía económica que se encarga de ubicar los recursos materiales existentes en el planeta. La aparición de un nuevo mapa mundial se plantea como una buena oportunidad para cubrir nuestros rezagos.
lherrera@coppan.com
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