Dice la Presidenta Sheinbaum que “no era un momento” para acudir a la Asamblea General de la ONU. Para la mandataria —con “a”— no son razón suficiente, a nivel global, las pugnas geopolíticas que están reconfigurando el mundo, ni la amenaza y los retos crecientes por el dominio de la inteligencia artificial, que marcan un parteaguas en la historia de la humanidad.

A nivel local, tampoco le pesan a Sheinbaum la falta de confianza que se siente en la economía mexicana ni la imagen internacional de un país sin Estado de derecho, presa de la delincuencia organizada.

¿Para qué responderle a Donald Trump eso de que somos el epicentro del narcotráfico? ¿Para qué desgastarse rebatiendo la comparación de los narcos con el Estado Islámico? Si, para Sheinbaum, el mundo gira en torno a convenciones de presidentes izquierdosos; el peso global se discute, según su brújula, en Barcelona con los rojillos y no en Nueva York con los neoliberales.

De Trump podrán decirse muchas cosas, y podrá rebatirse muchísimo de su postura frente a Gaza, Ucrania o Irán, pero del argumento en torno al epicentro mexicano del narco no hay mucho que decir. Lo sabe Sheinbaum y, para su desgracia, lo sabe muy bien el mundo.

Pero, al menos, se habló de la agenda LGBTQ+. Un día antes de que Trump subiera a la tribuna, el canciller Roberto Velasco acudió al Grupo Núcleo LGBTI de Naciones Unidas, que México copreside con Noruega, para hablar de la violencia que se vive contra la diversidad sexual y de cómo México combate el tema.

Al día siguiente, ya en el pleno, escuchó a Trump exigir que México “recupere el control de su suelo de manos de los enemigos de la humanidad”, y se limitó a torcer la boca. Un puchero que pasó a los anales de nuestra diplomacia.

¿Pues qué esperaba?, ¿abrazos y no zarpazos de Trump?

Y cuando por fin habló, no fue para responderle a Washington, sino para llamar “retrógrados”, desde su cuenta de X, a quienes le reprocharon sus prioridades. La respuesta de México ante el pleno, dice la propia Presidenta, llegará hasta el viernes.

No está mal llevar el tema de la diversidad a la ONU y darle visibilidad en la agenda… pero queda claro que, para la 4T entera, la realidad del país —las madres buscadoras, la violencia desbordada, los coches bomba, la corrupción rampante, el narco— es muy distinta a su propia realidad.

DE COLOFÓN.— Crecimos menos, poblacionalmente, pero crecimos: 0.7% anual entre 2020 y 2025, cuando veníamos de 1.0% entre 2015 y 2020.

El 41.4% de los hogares recibe algún programa social; algunos por verdadera necesidad, muchos otros con fines electoreros. Ya vendrán los datos. En 2020 era el 25%.

Pero en medio millón de hogares hubo al menos un integrante obligado a cambiar de residencia por violencia o inseguridad. Un desplazado, pues.

@LuisCardenasMX

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