La Universidad Nacional Autónoma de México organizó recientemente una ceremonia en la que distinguió a 137 profesores, investigadores y técnicos académicos por haber prestado 50 años de servicios. De igual manera reconoció a cuatro universitarios que cumplieron su tarea como integrantes de la Junta de Gobierno y se dio cumplimiento al acuerdo del Consejo Universitario por el que se designó como profesores e investigadores eméritos a siete universitarios.

Durante la ceremonia tuve la oportunidad de intervenir y hablar sobre la Universidad, sus valores, importancia y aportes a nuestra sociedad. En esta entrega me propongo compartirlos con los lectores. Lo primero que debo decir es que en el auditorio se dieron cita muchas de las ramas del quehacer universitario y se sentía la presencia de musas y deidades de distintas culturas. Nos acompañaban entre muchos otros: Quetzalcoatl, Itzamná, Ixtliton, Mitra, Isis, Tot, Atenea y Apolo. Por supuesto asistieron Calíope, Clío, Euterpe, Melpómene, Urania y muchas más.

Sostuve y lo creo con firmeza, que la UNAM es una institución única en México, una que pronto celebrará 475 años de existencia, en ruta para su primer medio milenio. Es cierto que en el mundo existen otras de mayor longevidad, y tal vez con mayor prestigio. Sin embargo, no sé de ninguna otra que tenga la relevancia de la nuestra para el país. Se trata sin duda alguna de una Casa de Estudios presente en el ayer, la actualidad y el porvenir de la sociedad. Es una que vivió la fundación de una nación, su desarrollo y sus aspiraciones.

La Universidad es una comunidad en la que sobresalen sus principios: libertad, autonomía, pluralidad, diálogo, tolerancia, servicio, ciencia, ética y humanismo. Ahí se pueden cerrar los ojos, pero solo para imaginar un México más justo y un mundo mejor o para concebir las utopías que convienen a la colectividad, nunca para ignorar la realidad. Se trata de una comunidad con compromiso social que sabe estar y ser, aprender, servir y compartir.

En México no se puede encontrar otra institución en la que confluyan lo real, lo imaginario y lo deseable. En la que se desarrollen las humanidades, las ciencias, las artes y la tecnología. En la que se den cita el estudio, la formación, la crítica, la indagación, la creación, la propuesta y el servicio. Otra que atraiga lo moderno y lo antiguo, las novedades y lo bien sabido, lo útil y lo bello, lo propio y lo universal. Una que convoque a sabios y a aprendices, a reformadores e innovadores. La universidad es en la sociedad occidental invención extraordinaria y la nuestra un ejemplo admirable.

Algunas cifras dimensionan la tarea de la UNAM. En el primer cuarto de este siglo ha atendido más de dos millones de alumnos de primer ingreso. Se han titulado cerca de 750 mil nuevos profesionales en más de un centenar de campos del saber. Se han graduado en el posgrado casi doscientos mil especialistas, maestros y doctores. Sus académicos han publicado cientos de miles de artículos, capítulos de libros y libros en el país y fuera de él. De igual manera, tres veintenas de millones de personas han disfrutado las actividades de difusión de la cultura y el deporte.

No hay duda alguna: la UNAM es indispensable en la vida del país y cumple su tarea con extraordinaria calidad. México requiere muchas instituciones como ella “para sanar heridas, resolver problemas, mirar hacia adelante y dejar atrás las numerosas y seculares oportunidades perdidas”. La Universidad Nacional es factor de unidad, progreso y esperanza para nuestra juventud.

Exrector de la UNAM. @JoseNarroR

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