Una persona desaparece en un estado y su teléfono aparece en otro. La última operación bancaria se registra a cientos de kilómetros. Una cámara municipal guarda una imagen aislada del expediente federal, y una familia recorre oficinas mientras las horas corren. Cada autoridad conserva una pieza. La justicia depende de que alguien logre reunirlas.

Reunir esas piezas exige lugar y voluntad. Por eso, hoy y mañana, fiscales y procuradores se reunirán en Bahía de Banderas, Nayarit, en la LIV Asamblea Plenaria de la Conferencia Nacional de Procuración de Justicia. El programa establecido toca lo que más duele y lo que más promete, desde la desaparición de personas hasta la fuerza que aporta la inteligencia artificial.

Esa Asamblea la conozco bien. Años atrás fui secretario técnico de la Conferencia. Desde ahí aprendí que la coordinación institucional vale por sus efectos cotidianos. A veces se expresa en un gran acuerdo nacional, otras en una base de datos compartida. Incluso puede ser tan sencillo como saber a quién llamar cuando una investigación cruza la frontera de un estado.

Cruzar esa frontera pone a prueba a las fiscalías. Trabajan bajo presión enorme y cargan rezagos. Mientras tanto, enfrentan fenómenos criminales que cambian de método. La fragmentación cuesta tiempo y dispersa información valiosa. También obliga a repetir diligencias que un canal confiable evitaría. El delito se mueve con soltura y nuestras instituciones necesitan la misma agilidad.

Esa agilidad se aprende. Nace cuando las instituciones hablan el mismo idioma y confían entre sí, y crece cuando los servidores públicos entienden el valor de compartir información.

Compartir información abre otra puerta, la de la tecnología. Vincular la innovación con la búsqueda de personas es de lo más acertado aquí. La inteligencia artificial ordena volúmenes inmensos de datos y encuentra coincidencias que superan la capacidad de un equipo humano. También acerca indicios que antes parecían aislados. Su utilidad dependerá de reglas claras y de criterio humano para vigilar sus límites.

Esa vigilancia humana es la pieza central. La tecnología ofrece velocidad. El criterio jurídico aporta dirección, y ahí aparece la profesionalización. Un protocolo funciona cuando quien lo usa entiende su propósito y trabaja con datos completos. En los tribunales, la prueba pericial gana fuerza cuando el experto explica sus conclusiones con rigor y sencillez. Desde el INACIPE llevamos a esta Asamblea una convicción concreta: cada acuerdo nacional debe traducirse en capacidades reales dentro de las fiscalías.

Esas capacidades reales son la oportunidad de la Conferencia. Puede convertir los diagnósticos en tareas verificables y construir mecanismos de seguimiento que sobrevivan a la fotografía oficial. Las familias miden la coordinación en una búsqueda que avanza. La sociedad la reconoce cuando una denuncia encuentra cauce y una investigación resiste frente al tribunal.

Resistir frente al tribunal empieza cuando alguien se sienta a la misma mesa que otra autoridad. Cuando cada fiscalía aporta su pieza y todas saben compartirla, el país empieza a investigar como uno solo. Usted y yo lo sabemos bien. A una familia le importa una sola pregunta: si alguien sigue buscando. Ahí, justamente ahí, la coordinación se convierte en justicia.

Jorge Nader Kuri, abogado penalista. X: @JorgeNaderK

¡EL UNIVERSAL ya está en Whatsapp!, desde tu dispositivo móvil entérate de las noticias más relevantes del día, artículos de opinión, entretenimiento, tendencias y más.

Cargando comentarios...