Recientemente se publicó un importante documento: “La Transformación del Estado Mexicano para el Plan México”, elaborado por una muy prestigiosa economista, Mariana Mazzucato (MM), que solicitó el Gobierno. Ha sido objeto de polémica. ¿Cruza la línea entre la objetividad del académico y los intereses del consultor? ¿Sirve para mejorarlo o solo para justificarlo?
MM concluye que el “Plan marcha en la dirección correcta, pero su ejecución requiere una arquitectura estatal sólida y un mayor espacio fiscal”. El principal mensaje es que el éxito del Plan México (PM) requiere el fortalecimiento del Estado, de sus Instituciones -muchas de ellas destruidas o desmanteladas- y de las deficientes capacidades de sus recursos humanos. Requiere una concepción integral del desarrollo, una coordinación efectiva de actores, incluyendo una alianza con el sector privado, con obligaciones recíprocas; con objetivos claros y bien definidos, evaluación sistemática hacia el logro de resultados. Para ello propone la identificación de grandes “Misiones”. Señala que no es suficiente la movilización de la inversión pública con atención al monto, sino que requiere “asignación y dirección”. No se trata de hacer una lista de proyectos y programas. En México la inversión es insuficiente y muy mal canalizada. Identifica limitaciones estructurales, como la desigualdad regional, la concentración de la riqueza y la producción industrial, la informalidad laboral y el bajo contenido nacional de las exportaciones.
Presenta algunas recomendaciones valiosas: 1. La “sustentabilidad fiscal” no es solo cuestión de reducir el déficit, sino contribuir a la expansión de la capacidad productiva y generar ingreso futuro”. La actual “consolidación fiscal” está mal enfocada, debilita la palanca de la cual depende la estrategia. Su objetivo es defender los programas sociales y convierte a la inversión en variable de ajuste. Debe proteger ambas, siempre y cuando los proyectos demuestren su capacidad para aumentar el crecimiento, no ocurrencias fracasadas.
2. Subraya la importancia de la capacidad de compra del sector público para generar demanda estable y crear mercados. Una “palanca ignorada".
3. Señala que el sistema bancario privado, genera muy altas utilidades, pero canaliza poco crédito a la actividad productiva: alrededor del 30% del PIB, frente a Brasil (75%) y América Latina (50%). Debe el sistema bancario dirigirse y orientarse a la transformación productiva de largo plazo y el cumplimiento de objetivos nacionales. Señala aquí el papel fundamental que debe cumplir la banca de desarrollo: Nafin, Bancomext, Banobras, un instrumento olvidado, que solo da crédito de 4% del PIB. Debe servir para prestar a plazos más largos, dar asistencia técnica, con mayor direccionalidad hacia prioridades nacionales, con funcionarios competentes.
Contiene una recomendación equivocada y una gran omisión. Subraya, como todos reconocen, que México tiene un muy limitado espacio fiscal y la base tributaria más baja de la OECD. Pero a partir de un estudio de Oxfam, que analiza dramáticamente la gran desigualdad de la distribución de la riqueza en México (el 1% más rico posee el 40% de la riqueza); recomienda una reforma fiscal orientada principalmente a gravarla, a través del Impuestos a la Riqueza, a las Herencias, las Ganancias de Capital (y el predial, que ya tenemos). Esta propuesta, para mí, está equivocada. Las recientes experiencias internacionales demuestran que estos impuestos recaudan poco, son difíciles de administrar, generan salidas de capital. Pero en este tema varios analistas han comentado: “no es aconsejable darle más recursos a un Estado que no sabe gastar”.
Participé recientemente en un foro organizado por el Instituto para el Desarrollo Industrial (INADI), para analizar el documento. Hubo un consenso sobre una grave omisión: El Plan seguirá sin funcionar si no se resuelve un problema estructural, clave para que pueda movilizarse la inversión privada. Ésta requiere que haya confianza y seguridad jurídica, se fortalezca el “Estado de derecho” y el contrapeso de la división de poderes, con un poder judicial con jueces profesionales, fruto de una carrera, no una tómbola electoral; un proceso democrático con organismos autónomos. ¡Todo lo cual se ha debilitado o desmantelado!
Como conclusión: si se sigue haciendo lo mismo, y nada cambia, salvo asignar más recursos fiscales que no se tienen, el Plan México seguirá siendo un catálogo de buenas intenciones, que lleva 2 años sin producir resultados tangibles. Vale la pena realmente rescatarse, con cambios de fondo en nuestra estrategia de desarrollo.
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