Políticos y gobiernos, en particular autoritarios, han utilizado con frecuencia a los migrantes como arma. Castro lo hizo como distractor cada vez que enfrentaba problemas internos o para chantajear a EU o castigar a México por sus posiciones sobre derechos humanos en la isla. López Obrador abría el grifo para presionar a Biden o ayudar a la campaña de Trump, de lo que tal vez ahora se arrepienta. Marruecos lo ha hecho con frecuencia con España, recientemente en Ceuta, uno de los enclaves españoles rodeados por territorio marroquí.
Durante los últimos días de julio, más de 70 mil migrantes irrumpieron de golpe en Ceuta. Ante la magnitud del embate que Pedro Sánchez calificó como “violación de la integridad territorial”, el gobierno español desplegó al ejército y en horas devolvió a Marruecos la gran mayoría. Miserablemente, la derecha española se unió a la ultraderecha europea para usar políticamente los acontecimientos, caracterizándolos como “invasión” y convocando al vigilantismo. Trump celebró la crisis atizando su agenda racista y xenófoba. En España se especula que el gobierno pudo prevenir el ataque y que, ante la vulnerabilidad patente de Ceuta y Melilla, se podría repetir.
Aunque a otra escala, las semejanzas de este episodio con el “guaguazo” cubano contra México son extraordinarias. En 2002 medios controlados por el régimen cubano transmitieron insistentemente un fragmento manipulado de unas declaraciones de Jorge Castañeda para hacer creer que los migrantes serían bienvenidos en México. Mientras los rumores circulaban, un grupo cercano al gobierno se hizo de una guagua, recorrió las calles de La Habana y estrelló el vehículo contra la embajada mexicana ante la mirada complaciente de la policía. La estampida a Ceuta también ocurrió en las narices de las fuerzas de seguridad marroquíes que, sin embargo, pueden recurrir a la negación plausible (plausible deniability). De forma similar al “guaguazo”, todo indica que fue provocada por rumores diseminados en redes sociales en los que, con base en una interpretación malintencionada de una sentencia judicial reciente sobre expulsiones en caliente, se afirmaba que España permitiría la permanencia de migrantes que arribaran a nado alrededor del espolón que marca la frontera al alcanzar el Mediterráneo.
Si bien el gobierno español ha negado responsabilidad de Marruecos, sobran evidencias para sospechar que los marroquíes podrían haber abierto de nuevo el grifo de la migración para castigar, extorsionar o amenazar a España. ¿Por qué? Por un lado, los recientes esfuerzos españoles por mejorar las relaciones con Argelia, archirrival de Marruecos. Por el otro, la alianza entre Mohamed VI y Trump, sellada con el reconocimiento de EU a la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, a contrapelo de Naciones Unidas. El monarca marroquí no para de hacer regalos al presidente estadounidense, incluyendo ofrecer a su país como alternativa para una base militar o nombrar en su honor a una autovía que recorrerá el territorio ocupado. La sacudida provocada por Ceuta en España podría ser lo mismo una exhibición de fuerza marroquí que otro obsequio a EU, pues Mohamed acaricia sueños grandes y pequeños, desde anexar los enclaves españoles hasta ser anfitriones de la final del Mundial de 2030, para los que creen que Trump, quien desprecia no solo a Sánchez sino a España, podría ayudar.
Diplomático de carrera por 30 años, fue embajador en ONU-Ginebra, OEA y Países Bajos @amb_lomonaco
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