El futbol narcotizó al mundo, millones están embelesados con los movimientos del balón y la disputa de 22 jugadores en la cancha, todo mundo habla del mundial, incluso algunos comentócratas escriben sobre ese tema, algunos güeyes lo hacen para no tomar “partido” en las disputas por el poder o contra él, a lo mejor hacen bien.
El panorama fuera de las canchas y las pantallas está horrendo.
Una estudiante de nombre misterioso: Milo, me dice que los mexicanos prefieren estar narcotizados o atolizados (les dan atole con el dedo) porque si despiertan y piensan, se suicidan.
Citando a Nietzsche dice: “Si buscas la felicidad en la fe es que no quieres buscar la verdad”. Es el síndrome del cine de oro de Ismael Rodríguez que sublima la pobreza, en sus clásicas Nosotros los Pobres, Ustedes los ricos y Pepe el Toro.
Es la ideología enarbolada por la presidenta Claudia proclamando como México no hay dos, estamos requeté bien, defenderemos la soberanía cantando el himno nacional, los que perdieron sus privilegios mienten, la CIA no actúa en México, se acabó el neoliberalismo, no tenemos desempleo, México es el país más democrático del mundo, nos atacan los que quieren volver a traer a Maximiliano y adoran a Hernán Cortés, somos el segundo piso de la Cuarta Transformación, una revolución pacífica, acatamos el mandato popular, no mentir no robar, no traicionar y un gobierno rico con pueblo pobre jamás, por el bien de todos primero los pobres.
Morena es un adefesio, un costal de mañas, lleno de perros y gatos que pelean con fiereza por las inmensas ganancias que les dejan sus alianzas impúdicas con los narcos, los militares, la “mafia del poder”, los grandes capitales y su sometimiento lacayuno a Trump, un ropaje cada vez más desgarrado, como los jeans de marca rotos de manera artificial, que sigue embaucando a millones.
Sheinbaum con las tretas, las mentiras, la demagogia mestiza del priismo, el castrismo, morenismo, narcotiza a los jodidos, seduce a los tránsfugas de la vieja izquierda intolerante que ve traidores a todos los que no se someten a su tribunal inquisidor y por lo tanto merecen castigos infernales.
Poco a poco se están despertando del efecto narcotizador, algunos que, cansados de tanta derrota, se engañaron con el triunfo de AMLO, reafirmado con la arrolladora victoria de Claudia a la que le sumaron el macrofraude de la sobrerrepresentación.
No es fácil asumir que las banderas rojas se mancharon de sangre, semen y mierda, por los crímenes cometidos en nombre del comunismo en el bloque socialista de la URSS, China, Camboya, con matices en Viet Nam y Laos, en varios países de África: las antiguas colonias portuguesas, el Congo, Argelia, Libia y en la Siria de la dinastía Saad; el derrumbe de ese mundo del socialismo realmente existente, no puso fin a la historia como proclamó Francis Fukuyama, pero sí dañó mortalmente los sueños libertarios de millones de integrantes de mi generación, que estamos en extinción, no obstante que nos creíamos inmortales, como nos lo advirtió Ikram Antaki.
Los desafíos, aquí y en todo el planeta, son impedir la expansión de la derecha, como la española Isabel Díaz Ayuso del PP, alcaldesa de Madrid, a la cual no se le puede derrotar con Pablo Iglesias, que devino en propagandista de Irán, Maduro y la dinastía putrefacta de los Castro en Cuba.
Por ahí no va la cosa.
Para salir de los efectos del narcótico que nos adormece y nos dota Sheinbaum, se requiere defender la libertad, nada más, pero nada menos.
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