El sueño libertario de toda una generación ha terminado.
Tras una larga pesadilla, de escasez, abolición de la libertad, de colonización soviética, fusilamientos de miles de acusados de traición y un largo proceso de entronización de una dinastía castrista, la Asamblea Nacional aprobó 176 reformas económicas, previamente acordadas por el Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba el pasado 17 de junio de 2026.
Diez años después de la muerte de Fidel Castro y en el centenario de su nacimiento, después de siniestras negociaciones entre el estado cubano, encabezadas por el nieto de Raúl Castro, conocido como el Cangrejo, Guillermo Rodríguez Castro, Coronel del Ministerio del Interior y por parte de los Estados Unidos, el Jefe del Departamento de Estado, el cubano americano Marco Rubio, se ha impuesto el “modelo venezolano” de restauración plena del capitalismo.
Ese modelo consiste básicamente, en la entrega total al capitalismo de los Estados Unidos, a cuyo presidente Donald Trump solo le interesan los negocios, no le importa la democracia y a la dictadura castrista solo le interesa salvar su pellejo.
Como en Venezuela, tras la captura del dictador Nicolás Maduro y de su esposa Cilia Adela Flores, no habrá ningún cambio en el régimen político y seguirá vigente el artículo Quinto de la Constitución que establece la existencia del Partido Único de Estado para el Partido Comunista.
Alrededor de mil presos políticos continuarán en las mazmorras, principalmente los participantes de las protestas y manifestaciones del 11 de julio de 2021, conocidas como el Movimiento San Isidro.
Cuba es una tragedia, en varios sentidos.
Primero: el socialismo, decretado por Fidel Castro, el 16 de abril de 1961, se impuso como modelo totalitario. En Cuba solo había un solo Partido, un monopolio total en los medios masivos: radio, televisión, prensa y las redes de internet.
Segundo: la economía centralmente planificada, consistió en la expropiación total de la propiedad privada, tanto en el campo, como en la ciudad. Se llegó al extremo de prohibir la venta de “cucuruchitos de maní”. Ese modelo se colapsó al extremo de los “apagones” totales durante semanas.
En Cuba estaban prohibidas las huelgas, no había libertad de tránsito, ni dentro, ni mucho menos hacia fuera de la isla. El éxodo cubano tiene entre 2.5 y 3 millones de personas, casi el 20 % de la población, quienes viven principalmente en los Estados Unidos, en Miami y el resto del estado de Florida; también es grande el exilio cubano en España y en México ha crecido de manera impresionante en los recientes cinco años.
A raíz del Movimiento de San Isido en 2021, huyeron de Cuba más de un millón de personas.
Cuba se convirtió en una pesadilla o distopía, la gente deambula por La Habana, Santiago, Matanzas y otras ciudades más pequeñas, en medio de inmensos basureros, en los cuales hurgan para encontrar alimentos, ropa y cualquier cosa para sobrevivir.
La gran coartada de la dinastía castrista es el bloqueo de Estados Unidos. Esa medida absurda, que ha sido reiteradamente condenada por cientos de resoluciones de la ONU, solamente el bloqueo se sostiene con el voto de los Estados Unidos e Israel.
Las 176 reformas establecen la creación de empresas con más de cien empleados, que podrán ser de capital de cubanos del exilio, algunos de la isla y cualquier empresa o banco extranjero.
La Cuba que surgirá de está restauración capitalista, será un país con la creación de un puñado de millonarios asociados a los capitales extranjeros, sobre todo los de los gringos.
La Revolución Cubana ha muerto, asesinada por la dictadura castrista.
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