En la noche del 14 al 15 de junio, Ucrania sufrió otra vez un ataque masivo de más de 600 drones y 70 misiles rusos. La mayoría de los ataques ocurren de noche, pero el empleo de los misiles balísticos va creciendo porque la defensa ucraniana, muy eficiente para los drones, no lo es contra los misiles por falta de misiles Patriot que los EU han dejado de venderle. En esa noche, la defensa interceptó sólo 15 de los 34 misiles que cayeron sobre la capital. Dos drones golpearon la catedral de la Dormición de la Virgen (la Asunción, dicen los católicos) en el santuario de las Cuevas de Kyiv, la Lavra, sitio sagrado que tiene más de mil años. Una fachada quedó destruida y la cubierta parcialmente destrozada en sus cúpulas doradas.

​Es la segunda vez que, en 2026, la Lavra ha sido tocada, pero la última ha sido mucho más grave para un sitio catalogado por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. En su voluntad de negar la existencia de Ucrania, desde el primer día, las fuerzas rusas han sistemáticamente atacado muchos sitios culturales, además de saquear el patrimonio de los territorios ocupados. Los museos de Kyiv y Kharkiv, la Ópera de Kyiv, el museo de la catástrofe nuclear de Chernobyl han sido bombardeados y, en la misma noche del 14-15, los estudios de cine Dovzhenko, cuyo museo ardió con una colección única de 100 mil trajes históricos.

​Bien dijo en la mañana siguiente el estudiante de teología de la Lavra: “Cuando Notre Dame ardió en Francia, el mundo entero lloró, el mundo entero vio sin fin los videos del desastre y todos lamentaron la tragedia. Pero NotreDame se incendió accidentalmente. Aquí, la situación es diferente. La Lavra no se quemó sola, fue incendiada. Fue dañada por Rusia”. La UNESCO condenó el bombardeo y prometió ayudar a la reconstrucción que tomaría dos años, en tiempos de paz.

​Comparar las dos catedrales es más que justificado. Fundada en 1051, la catedral de la Dormición, monumento símbolo de Kyiv, ha sido a lo largo de los siglos y es el sitio espiritual y cultural más importante de Ucrania y uno de los santuarios más venerados del mundo ortodoxo. Por eso, el presidente Volodymyr Zelensky pudo decir que lo que hizo el agresor es “uno de los más grandes crímenes cometidos por Rusia contra la cultura cristiana”. Pocos días más tarde, cuando los drones ucranianos incendiaban la refinería en Moscú, añadió: “Si nuestra Ucrania arde, vuestro Moscú arderá”.

​Bien me dijo un viejo cristero, en 1967: “Quién escupe al cielo, le cae en la cara”. En 1847, cuando los “gringos” tomaron por asalto la Ciudad de México, no bombardearon nuestra catedral y tampoco la basílica de la Virgen de Guadalupe, a pesar del odio que profesaban sus generales Scott y Taylor por lo que llamaban el “papismo”. Recuerdo lo que me contaba mi abuelo alsaciano cuando yo, de chico, pasaba las vacaciones de verano con ellos en Estrasburgo: en 1870, los prusianos sitiaron la ciudad y, como no se rendía, la bombardearon masivamente, dañando gravemente su hermosa catedral. No se les perdonó, no se olvidó. Al inicio de la primera guerra mundial, los alemanes tomaron pronto la ciudad de Reims, para perderla poco después. Empezaron a cañonearla y dañaron muy seriamente su famosa catedral, con el pretexto que servía de observatorio para los artilleros enemigos. Los franceses emplearon las fotos, grabados y pinturas del desastre para una campaña de propaganda internacional contra la “barbarie alemana”, los “vándalos de los tiempos modernos”, “los nuevos hunos”. En 1962, De Gaulle y Konrad Adenauer asistieron, en la catedral de Reims, a un Te Deum para iniciar, simbólicamente, la reconciliación franco-alemana y la construcción de Europa. Habían pasado 48 años. ¿Podemos soñar con un Te Deum ruso-ucraniano en la catedral de la Lavra antes de 2074?