La designación de las nuevas consejerías del INE es un retroceso democrático en términos netos. El Consejo General ha perdido a tres de sus integrantes más destacados: Claudia Zavala, Dania Ravel y Jaime Rivera, quienes se distinguieron por ser árbitros imparciales y técnicamente competentes.
En cambio, entre los nuevos integrantes hay de todo: un perfil sólido (Blanca Cruz García, con experiencia en materia electoral e independencia probada), un perfil que genera dudas (Frida Gómez Puga, también con experiencia electoral, pero cuestionada por una supuesta cercanía con Morena) y un perfil impresentable (Arturo Chávez López, sin experiencia electoral y con una cercanía al oficialismo que lo descalifica como árbitro imparcial).
Se han dado muchas razones para sostener que Chávez López no cuenta con el perfil para el cargo que Morena y aliados le gan dado. Es cierto, por ejemplo, que tiene una experiencia electoral casi nula. Él mismo, cuando lo cuestionaron sobre sus conocimientos en la materia, dio una respuesta francamente ridícula: por ejemplo, dijo que, como funcionario del gobierno de Sheinbaum, había estado encargado de imprimir boletas y que había sido funcionario de casilla. Así. Tal cual.
Luego, con un comentario que sería cómico si no fuera tan trágico, les dijo a los integrantes del Comité Técnico de Evaluación que él ya había sido “consejero”, pues desempeñó cargos universitarios relevantes, pero ajenos a la materia electoral, como “consejero” universitario o “consejero” técnico. Sólo le faltó decir que también había sido “consejero” matrimonial para completar sus credenciales.
También se ha dicho, con toda razón, que existen datos que cuestionan su imparcialidad. Como se ha documentado en estas páginas de El Universal, fue precandidato del PRD (usando además el logo de Morena) a diputado federal y, por si fuera poco, en 2024 presumió abiertamente su apoyo a Claudia Sheinbaum. En redes sociales ha circulado ampliamente una foto suya con la icónica coleta de la presidenta y el hashtag #YoVotoClaudia.
Menos se ha dicho, en cambio, que además de la falta de experiencia e imparcialidad, Chávez carga con un evidente conflicto de interés que debería limitar notablemente su capacidad para fungir como consejero electoral. Y es que, como consta en decenas de expedientes judiciales, Chávez se desempeñó como representante legal de Claudia Sheinbaum.
En la sentencia SUP-RAP-96/2024, por ejemplo, se deja constancia de que el propio Chávez alegó que era un "hecho público y notorio" que representaba a Sheinbaum y que ese carácter se había acreditado, hasta ese momento, en al menos diecisiete expedientes más. Para decirlo pronto y sin rodeos: en el proceso de 2024, el que Sheinbaum ganó, Chávez fue su “abogado”; y ahora, con Sheinbaum en la presidencia, Chávez ha sido electo por Morena y sus aliados para fungir como árbitro imparcial, incluso en casos que podrían involucrar a la propia Sheinbaum.
Chávez tiene, me parece, un evidente conflicto de interés. Por ello, debería excusarse en los asuntos que involucren a la presidenta Sheinbaum, para quien trabajó y a quien representó hasta hace unos meses. De lo contrario, estaría violando no solo los principios de independencia e imparcialidad establecidos en el artículo 41 de la Constitución, sino también la finalidad y espíritu del artículo 25 del Reglamento de Sesiones del Consejo General del INE, que establece que las consejerías electorales “estarán impedidas para intervenir, en cualquier forma en la atención, tramitación o resolución de asuntos en los que tengan interés personal, familiar o de negocios” y que, en tales casos, “deberá[n] excusarse”.
Al imponer como consejero electoral a quien fuera representante de Sheinbaum, Morena y sus aliados no solo avanzan en la captura de los árbitros electorales y siguen mermando la credibilidad del INE. Han sembrado, además, las semillas de futuros conflictos: cada resolución en la que Chávez participe y que afecte los intereses de quien fuera su representada podría ser cuestionada, tanto en lo político como en lo jurídico.
Chávez fue “abogado” de la candidata Sheinbaum y hoy será árbitro frente a la presidenta Sheinbaum. Si eso no es conflicto de interés, nada lo es.
Javier Martín Reyes. Investigador en el II-UNAM y en el Instituto Baker.
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