El domingo, cientos de aspirantes a la UNAM están convocados a presentar el examen de control en las instalaciones de la Estación Noroeste de Investigación y Docencia (ENID) del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Las razones del examen son bien conocidas: el examen en línea falló, la trampa abundó y la Universidad no tuvo más remedio que aplicar una medida para garantizar la integridad del proceso de admisión y los derechos de quienes fueron desplazados por el fraude. Una medida tan sensata como necesaria.

Lo que es menos claro es por qué la Universidad apostó por tener un centro dedicado al análisis de los fenómenos jurídicos en el extremo más alejado de la República. Sirvan estas líneas, en estos días en que la coyuntura nos devora y lo devora todo, para recordar la historia de la ENID

El autor intelectual de la estación es un distinguido colega, Pedro Salazar Ugarte. Ignoro en qué momento la idea le surgió, pero lo cierto es que para 2014, cuando presentó su candidatura a la dirección de Jurídicas, ya estaba en blanco y negro. La Junta de Gobierno confió en Pedro y lo designó director en septiembre de ese año.

Luego vino un larguísimo camino para concretar la idea. Por un lado, la creación del espacio físico para la estación. Reuniones de trabajo con instituciones locales, como la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y El Colegio de la Frontera Norte (Colef), que fueron aliadas clave para la viabilidad del proyecto. La búsqueda de terrenos e inmuebles para albergar la estación. Reuniones de trabajo con los gobiernos locales y con las dependencias de la UNAM. Un tremendo esfuerzo institucional.

Por otro lado, la estación inició sus actividades académicas aún sin instalaciones. La primera generación del doctorado en derecho pudo arrancar gracias a la generosidad de El Colef, que facilitó cubículos para que los estudiantes tuvieran un lugar para estudiar. La ENID era apenas un predio sin construcción. Pero ya funcionaba.

De hecho, así fue durante varios años, en los que pasó de todo. Así, por ejemplo, el predio donde originalmente se edificaría, donado por el ayuntamiento, tuvo que cambiarse. En 2016, la Dirección General de Obras de la UNAM decidió que las obras no debían continuar. Hubo que buscar otro terreno y, un año después, se consiguió. Comenzó entonces la nueva construcción y el resto de las labores, entre ellas formar el acervo de la biblioteca, a la que se sumó, gracias a la generosidad de su familia, parte de la biblioteca de Héctor Fix-Zamudio.

Los esfuerzos fueron muchos y fueron colectivos. Pero rindieron buenos frutos. En 2022 se inauguró oficialmente la ENID, que hoy lleva el nombre de otro notable jurista: Héctor Felipe Fix-Fierro. Y, a partir de 2023, el personal académico y administrativo, así como el estudiantado, comenzó de lleno con la vida presencial. Desde entonces, las actividades institucionales no han parado. Todo este tiempo, al frente de la ENID ha estado Juan Vega Gómez, quien fue designado primero en el periodo de Pedro Salazar y ha continuado con esta tarea en la gestión de Mónica González Contró.

Los últimos años han mostrado que las razones que le dieron vida a la ENID siguen vigentes. Académicamente, la UNAM gana mucho al contar con un centro capaz de estudiar, desde una perspectiva jurídica e interdisciplinaria, los fenómenos transfronterizos. Y gana aún más al hacerlo desde una ciudad de enorme importancia geopolítica, económica y cultural.

Tijuana, situada en el extremo del país, no solo es, como reza el lema, donde comienza la patria. Es también es donde comienza la UNAM. El domingo habrá cientos de aspirantes presentando su examen. Ojalá que, en el futuro, sean muchísimos más.

Javier Martín Reyes. Investigador en el IIJ-UNAM y en el Instituto Baker. X: .

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