Fiel a su costumbre de mentir, desviar la atención, minimizar efectos, confundir e intentar cambios de narrativas, la presidente Sheinbaum quiso convencernos de que no era el Presidente Trump el que estaba detrás de los múltiples señalamientos contra este régimen narcoterrorista. Ya no le alcanzó. Son demasiadas y frecuentes las señales que nos envían nuestros vecinos, incluida la propia voz del primer mandatario estadounidense. No fue una “oficinita” extraviada en Nueva York la que solicitó la detención provisional, con fines de extradición, de Rubén Rocha Moya y sus secuaces. Son prácticamente todas las secretarías y agencias de Estados Unidos las que han hecho severos señalamientos. Ante ello, Sheinbaum ha insistido, una y otra vez, en pedir pruebas para proceder. O ignora o se vale de una auténtica “chicana” la titular del Ejecutivo Federal, pues no estamos en la etapa de desahogo de pruebas ya que el juicio no ha iniciado. Nuevamente, la falsa soberanía. Para disipar dudas, el mismísimo Trump, en la Cumbre del G7, afirmó que “México perdió el control del país; los cárteles gobiernan México, es triste”. Y dijo que si bien Sheinbaum es una buena persona, es una “mujer muy asustada”. Con diferencia de horas, el vicepresidente JD Vance afirmó que su gobierno se reserva la posibilidad de emprender acciones militares si se considera que son necesarias para proteger a la población de su país. Luego, el director de la DEA, Terry Cole, identificó al Cártel de Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación como “la prioridad número uno”. El mensaje fue, incluso, difundido por la Embajada de EU en México. Cole destacó que estos cárteles “han destrozado familias, devastado comunidades y desafiado a las fuerzas del orden en todos los niveles”. A su vez, el titular del Departamento de Seguridad Nacional, Mark Mullin, afirmó que “no hay un solo centímetro de la frontera norte que no esté bajo el control de los cárteles”. Más aún, el New York Times hizo trascender que Estados Unidos investiga a los gobernadores de Tamaulipas (Américo Villarreal) y Sonora (Alfonso Durazo) por corrupción, y que al menos otros 12 funcionarios mexicanos electos son ya informantes para la administración de Trump. Y solo para rematar, Héctor de Mauleón difundió una grabación en la que se escucha a Marina del Pilar Ávila, gobernadora de Baja California (sin visa), buscando llegar a las agencias de inteligencia de nuestro vecino país, a través de “asesores externos del FBI”. En realidad, se trata de Michael Nadler, influyente abogado que fue fiscal federal en Miami, especializado en lavado de dinero, corrupción y delitos del cuello blanco. Lo que no acaba de entender Sheinbaum es que los delitos por los que se acusa a tanto personaje perverso de su movimiento, es porque los delitos se consuman en Estados Unidos (aunque se gesten en México). Y, por lo mismo, no tardan en etiquetar a Rocha Moya como prófugo de la justicia, mientras las demás ratas comenzarán a brincar del barco.
Abogado
@JLozanoA
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