Gustavo Sosa Núñez

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible es un “plan de acción en favor de las personas, el planeta y la prosperidad”, a fin de “liberar a la humanidad de la tiranía de la pobreza y las privaciones y a sanar y proteger nuestro planeta” (ONU, 2015, p. 1).

Para hacer efectivo este plan, las ciudades son clave, pues son donde se congrega más de la mitad de la población mundial, son el centro del consumo global y responsables de más del 75% del consumo energético global, del 75% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), y de aproximadamente el 80% del producto interno bruto (PIB) mundial; aun cuando ocupan tan solo el 3% de la superficie terrestre (Athanassiadis, 2026).

Debido a la densidad poblacional que les caracteriza, las ciudades juegan un papel fundamental para mitigar impactos socio-ecológicos y promover la adaptación al cambio climático; aunque también son las zonas que ejercen mayor presión sobre el medio ambiente y los recursos naturales. Además, en las ciudades se toman decisiones que afectan a territorios cercanos y lejanos, lo que amplía el impacto territorial de su influencia.

Las soluciones a las problemáticas de las ciudades varían según perspectivas, preferencias e intereses de los gobiernos en turno, y esto resulta en entendimientos opuestos sobre el camino a seguir para mejorar, o al menos preservar, las condiciones de vida de los habitantes de las ciudades. Por un lado, están las posturas que optan por el bajo consumo energético, circular y autosuficiente, ralentizando el modo y ritmo de vida; lo que infiere implementar cambios sustanciales en la esfera pública, y resignificar el ámbito rural. Por otro lado, otros enfoques sugieren el uso de la inteligencia artificial para coordinar y optimizar la matriz energética que surja entre centrales eléctricas, vehículos eléctricos, baterías caseras, paneles solares y demás ítems que se vinculen; lo que implica el uso intensivo de energía y agua, por citar dos ejemplos que tienen repercusiones ambientales, para lo que la modernidad entiende como nuevas necesidades. Entonces, en un contexto de mitigación y adaptación al cambio climático, ambos caminos contemplan, implícita o explícitamente, la necesidad de una transición energética para el beneficio de las ciudades.

Además, las ciudades – que por sí mismas son consideradas como razón de ser de uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el número 11 – concentran la interacción de políticas y acciones para el combate a la pobreza (ODS 1), el hambre (ODS 2) y la desigualdad (ODS 10), el fomento a la salud (ODS 3) y la educación (ODS 4), el acceso al agua (ODS 6) y la energía (ODS 7), el desarrollo de infraestructura e industrialización (ODS 9), y la promoción del crecimiento económico (ODS 8) con su producción y consumo (ODS 12); todo enmarcado en un contexto de igualdad de género (ODS 5), protección al medio ambiente (ODS 14 y 15), y combate al cambio climático (ODS 13).

Así, las ciudades muestran la conexión entre los distintos ODS que conforman la Agenda 2030, lo que las convierte en actores centrales para buscar su consecución; o bien ser pilares de la instancia que le sustituya, considerando que le quedan 4 años de vigencia.

Referencias:

  • Athanassiadis, A. (2026). La Bataille Climatique sera Gagnée ou Perdue dans les Villes. Circular Metabolism. 17 de junio de 2026.
  • ONU [Organización de las Naciones Unidas] (2015). Transformar nuestro mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Resolución A/RES/70/1. 21 de octubre de 2015.

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Gustavo Sosa Núñez es Profesor-Investigador en el Instituto Mora. Doctor en Ciencia Política y Maestro en Relaciones Internacionales por la Universidad de East Anglia. Realizó una estancia posdoctoral en la FCPyS de la UNAM. Miembro del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, nivel II. Sus intereses de investigación refieren al enfoque ambiental de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, y la política ambiental y climática en México, a escala regional e internacional.