En 1945, el profesor de Universidad de Chicago, C. Herman Pritchett, comenzó a registrar en una tabla los votos de las y los ministros de la Corte Suprema de Estados Unidos. El objetivo era analizar a detalle la manera en la que las y los jueces deciden en diferentes temas y encontrar patrones que pudieran dar cuenta de sus alineaciones políticas. Aunque algunos periodistas lo criticaron por considerar que estaba haciendo tarjetas coleccionables como las de béisbol, la utilidad del registro de Pritchett sigue teniendo un impacto importante en el derecho.
La tabla dio pie al desarrollo del estudio del comportamiento judicial, una rama que reúne a politólogos, economistas, historiadores, abogados e incluso psicólogos para producir estudios que permitan predecir y comprender el comportamiento de las y los jueces fuera y dentro de los tribunales. Uno de los esfuerzos más notables ha sido la teoría de Richard Posner, Lee Epstein y William Landes, en la que analizan a los jueces como participantes de un mercado laboral. Como cualquier trabajador, las y los juzgadores tienen motivaciones y reservas, además de que analizan costos y beneficios. Algunos de sus descubrimientos más importantes incluyen que existen mayores probabilidades de que jueces hombres voten a favor de víctimas de violencia de género cuando en su tribunal hay al menos una mujer jueza, así como la teoría que explica por qué las y los jueces prefieren evitar emitir votos disidentes.
Hoy en día, las posibilidades de comprender y predecir el comportamiento judicial son infinitas gracias al uso de la inteligencia artificial. El año pasado, The Economist presentó un bot que predice los votos de las y los ministros de la Corte Suprema de Estados Unidos. Recientemente, Neal Katyal, uno de los abogados litigantes más importantes de Estados Unidos, expuso que utilizó una herramienta de inteligencia artificial para registrar los votos y las preguntas que las y los ministros realizan, con la finalidad de preparar el caso en el que el tribunal declaró inconstitucional la orden ejecutiva del presidente Donald Trump para imponer aranceles a otros países sin consultar al Congreso. Katyal explica que esta herramienta le permitió preparar posibles preguntas que las y los ministros le harían con base en sus votaciones y sentencias anteriores. También le permitió detectar patrones de comportamiento entre las personas juzgadoras para construir argumentos que pudieran defender su postura en contra de la orden ejecutiva. Katyal sostiene que las democracias constitucionales necesitan ser predecibles y congruentes con sus decisiones, además de que esto no representa una debilidad, sino una muestra de integridad por parte de las personas juzgadoras que sostienen sus interpretaciones.
Al mismo tiempo, reconoce una verdad fundamental y es que la inteligencia artificial puede ayudarnos a predecir argumentos y encontrar patrones, pero jamás podrá crear conexiones humanas. Katyal considera que un factor para ganar el caso consistió en sus habilidades de persuasión, el tono en el que hablaba y su capacidad para comunicarle a las y los ministros que entendía sus preocupaciones y que las explicaría con claridad. Al final, la razón de ser del derecho son las conexiones humanas y la manera en la que podemos comunicar una idea capaz de convencer a otros de que el argumento que proponemos es el mejor para resolver un caso.
En un momento de cambio e incertidumbre dentro del Poder Judicial y la abogacía mexicana, sería de gran utilidad contar con herramientas serias que nos permitan predecir el comportamiento de las y los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. ¿Cómo votan en ciertas materias? ¿Por qué emiten votos particulares en determinados casos? ¿Existe algún grado de unanimidad en sus votaciones? Estos esfuerzos requieren trabajo multidisciplinario y su utilidad beneficiaría a la academia, a la abogacía litigante y a cualquier ciudadano que desee conocer con mayor profundidad el trabajo de las personas juzgadoras.

