Nancy Nápoles, la alcaldesa morenista de Tenancingo a la que la fiscalía del Estado de México acusa de haber fingido su secuestro para cubrir un desfalco en el Ayuntamiento de 40 millones de pesos, ha negado a conocer a las personas que supuestamente participaron en este, y que en días pasados fueron vinculadas a proceso por las autoridades mexiquenses.
Nápoles dice que no tiene ninguna certeza de que los imputados hayan sido quienes la privaron de la libertad: “Eso es lo que dice la fiscalía. Yo no reconozco a esas personas como quienes me llevaron”. Asegura, también, que no vio a sus secuestradores porque iban embozados, y niega haber tenido algún tipo de relación con ellos. A la fiscalía le dijo, sin embargo, que los había conocido porque la apoyaron en la campaña política que la llevó al cargo.
La alcaldesa ha negado, desde luego, que su caso se trate de un autosecuestro. Parecen hundirla, sin embargo, las declaraciones de dos testigos colaboradores, uno de los cuales estuvo estrechamente ligado a la planeación del autosecuestro, de acuerdo con los datos contenidos en la carpeta.
Se trata de Christian “N”, amigo de un cuñado de Nancy Nápoles, Óscar “N”, al que conoció desde hace años y con el que se volvió a encontrar, en efecto, en los días de la campaña. Óscar lo invitó a apoyar a su cuñada.
Volvieron a encontrarse tiempo después. Platicaron. Christian acababa de abrir un negocio de fabricación de muebles. Óscar le propuso un “negocio” a cambio del cual le podría ayudar con unas máquinas para su taller.
El “negocio” era el autosecuestro que Óscar planeaba desde febrero de este año con José Roberto “N”, el esposo de la alcaldesa. Óscar dijo que como todos estaban de acuerdo, en realidad no iba a tratarse de un secuestro, por lo que no había que temer.
Christian no tuvo contacto, inicialmente, ni con la alcaldesa ni con su esposo. El plan se lo iba detallando Óscar. Entre abril y junio de 2026 se detectaron 136 llamadas y mensajes entre ambos.
Al paso del tiempo, Christian y el esposo de la alcaldesa se encontraron al menos una vez. En esa reunión le cambiaron el ofrecimiento: en vez de la maquinaria, le darían medio millón de pesos.
De acuerdo con la fiscalía, Christian metió al plan a su novia, Karla Valeria “N”, y a un hermano de esta, Víctor Manuel “N”.
Las cosas se planearon para el 31 de mayo. La alcaldesa Nancy Nápoles alegaría que no había agua en su casa y se iría a bañar a la de su hermana. Una vez ahí, descubriría que había olvidado ciertos artículos de limpieza y le pediría a su hermana que la acompañara a su casa por ellos. Una vez ahí, se quedarían platicando dentro del coche. Nancy dejaría la portezuela abierta para facilitar el “secuestro”.
Su esposo José Roberto, mientras tanto, atendería que la cámara de seguridad enfocara el instante preciso de los hechos: el momento en que bajarían a Nancy del Jetta en el que iba para subirla a un Virtus rojo.
Nancy le llamaría de inmediato a su hermana para pedirle que no diera parte a las autoridades y decirle que le estaban pidiendo 40 millones de pesos a cambio de su libertad. José Roberto esperaría unos minutos ante de llamar al director de seguridad.
La confesión de Christian coincide con lo que registró la cámara. Según su versión, hubo un imprevisto que echó a perderlo todo.
En casa de la hermana de la alcaldesa se encontraba la madre de ambas: la señora se empeñó en acompañarlas.
La cámara muestra que a la alcaldesa se la llevaron sin violencia. Christian asegura que en cuanto ella se subió al coche, les dijo “no se va a poder hacer”. Estaba segura de que su madre le marcaría de inmediato a la policía. De cualquier modo le marcó a su hermana para pedirle que no diera parte a las autoridades.
Según la declaración, ella mismo guio a los falsos secuestradores por lugares que carecían de cámaras de vigilancia. La fiscalía asegura que en el auto iban dos hombres y una mujer: Christian, su novia Karla Valeria y el hermano de esta, Víctor Manuel.
En el trayecto vieron pasar varias patrullas con las torretas encendidas. “Ya se echó a perder”, les dijo Nancy.
Pidió que la dejaran en un lugar solitario. Más tarde, la morenista declaró que “aprovechó un descuido de sus captores, logró escapar y pidió ayuda en un domicilio cercano y llamó a su esposo”. Dijo “que le pidieron 40 millones a cambio de su libertad, que si no los tenía los tomara de los recursos del Ayuntamiento”.
La alcaldesa, se lee en la investigación, le había llamado a su hermana desde el teléfono de Valeria. El análisis de la telefonía mostró que el aparato se desplazó hasta la colonia Tabacalera y que más tarde se reactivó, entre el 8 y el 10 de junio, en San José de la Noria, Oaxaca.
Hay registro de que el 2 de junio el mismo número estuvo en contacto con la alcaldesa y con su esposo. Se enviaron mensajes para encubrir el montaje y continuar la farsa: “Qué pasó con el dinero”, etc.
La fiscalía comenzó a indagar el caso como un delito de alta relevancia y puso a trabajar al mismo equipo que había llevado a cabo el Operativo Enjambre que derivó en la captura de los alcaldes de Amanalco (MC), Toluca (PRI) y Metepec (PAN).
Ese mismo equipo descubrió evidencias que cambiaron la hipótesis de secuestro a la de secuestro simulado.
Al analizar la sábana de llamadas, los investigadores detectaron contactos con un nuevo número: pertenecía a un expolicía que hoy también se ha convertido en testigo colaborador. Christian y los otros lo habían buscado para contarle lo que habían hecho y pedirle consejo. Él les recomendó cambiar el chip del teléfono e irse a otro estado. Por eso se fueron a Oaxaca, en donde los aprehendieron el 11 de junio.
Esa es la versión de la fiscalía, que asegura que el esposo y el cuñado de la alcaldesa se encuentran prófugos. Ella lo sigue negando todo: sostiene que no hay desfalco alguno en el Ayuntamiento. Mientras tanto, continúa al frente del municipio, y desarrolla “sus actividades públicas de manera normal”.
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