A las cuatro de la tarde del lunes 27 de julio se registra una balacera en la Plaza de Santo Domingo de la Ciudad de México. A esa hora el rumbo está poblado de peatones. Los testigos ven a dos hombres que se mueven en moto y que van directamente hacia un grupo de personas que está junto a las imprentas, a un lado de los portales.

Un hombre de 42 años es asesinado. Dos más, de 39, resultan heridos, uno de ellos con un tiro en el abdomen. El muerto es identificado por el periodista Carlos Jiménez como Edgar Iván Rivera Segura, familiar de uno de los operadores más relevantes de la Unión Tepito, vinculado a homicidios, extorsión y narcomenudeo en Cuauhtémoc y Venustiano Carranza: Jonathan Irving Herrera Sánchez, cuyo apodo es El Irving.

Los agresores emprenden la huida por la calle de Brasil, rumbo a Gustavo A. Madero. El asesinato se enmarca en la serie de venganzas, detenciones y ejecuciones que han estallado en los últimos meses, con una intensidad que hace tiempo no se veía en el centro de la ciudad.

Como uno de los líderes de la Unión Tepito, El Irving no dudó nunca en dar claras muestras de su ferocidad. No cumple 30 años y está involucrado en algunos de los asesinatos más sangrientos ocurridos en calles de la capital. Se le acusó de planear y llevar a cabo, en septiembre de 2018, durante la noche de El Grito, el ataque a una “chelería” de la Plaza Garibaldi que dejó 13 personas tendidas, seis de las cuales murieron: los sicarios habían llegado a la plaza disfrazados de mariachis, con armas largas escondidas dentro de estuches de instrumentos musicales.

El Irving fue detenido poco después en relación con estos hechos, pero fue liberado en 2022. Actuó con libertad durante otros tres años, escondido en el Edomex y entrando a la ciudad de madrugada. Siete años después del ataque en Garibaldi, en septiembre de 2025, lo aprehendieron en el rumbo de Peralvillo, con paquetes de cocaína, 2CB (la adictiva cocaína rosa), mariguana y cristal.

Su captura marca un límite claro en la escalada de violencia que ha arreciado en los últimos meses, en los que volvió a salir a la superficie la antigua pugna entre la Unión Tepito y la Anti Unión, que en otros años sembró la ciudad de escenas macabras.

El Mundial de Futbol restó relevancia a los homicidios que han estado ocurriendo desde entonces: por ejemplo, el ataque directo, llevado a cabo en motocicleta, que en la esquina de José Joaquín de Herrera y Vidal Alcocer cobró la vida de un hombre de 42 años y un niño de tres. El adulto fue señalado como vendedor al servicio de la Anti Unión.

El 9 de mayo, a las puertas de una cocina económica en la temible calle de Tenochtitlan, esquina con Granada, un nuevo ataque realizado por encapuchados dejó dos muertos y cuatro heridos. Ese sábado se dispararon 27 tiros. Uno de los fallecidos, con tres detenciones previas, fue ubicado como integrante de la Anti Unión. La agresión está relacionada con el imparable cobro de piso a comerciantes del centro.

El 25 de junio fue detenido en Eduardo Molina y Héroe de Nacozari, con una granada de fragmentación y varias dosis de droga, Ulises Garduño, El Ule, operador de la Unión Tepito en dos alcaldías, y al que se señaló como jefe de seguridad de El Irving. Se cree que el vacío que dejó en su célula criminal provocó “los reacomodos” que vinieron después.

El mismo día una vendedora ambulante de 60 años fue atacada entre los puestos de venta de Tepito y recibió un tiro en el cráneo. Un hombre que quedó herido, murió más tarde en el Hospital de Balbuena. Era el inicio de la serie de ejecuciones que va en ascenso: al día siguiente de la detención, el 26 de junio, en Paseo de la Reforma y Matamoros, dos hombres fueron acribillados a quemarropa por los tripulantes de una motocicleta. Al mismo tiempo, en José Joaquín de Herrera, fue masacrado un vendedor al que se ligó con la Anti Unión.

Del mismo modo, gota a gota, comenzó hace ocho años la violenta pugna que culminó con el hallazgo de cuerpos humanos descuartizados en el Puente de Nonoalco, donde se colocó un letrero: “Comenzó la limpia, mugrosos”.

Se acabó el Mundial. En el Zócalo ya no hay Fan Fest. Lo que ahora hay en el centro son ataques directos, a la luz del día, como el que se llevó a cabo en la histórica Plaza de Santo Domingo. Amargo despertar en una ciudad tomada por el crimen.

@hdemauleon demauleon@hotmail.com

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