Cuando la perestroika estaba en su apogeo, un analista de inteligencia estadounidense en la URSS estimó que el régimen iba para largo. Su esposa, en lo privado, difirió. El analista no veía la calle: la escasez, las largas filas para encontrar un poco de comida. La irritación por no tener servicios básicos de calidad.

El régimen se desplomó poco después. El ama de casa tenía razón, no el experto en inteligencia.

De ahí se acuñó una frase: el refrigerador siempre le gana a la pantalla. La propaganda no basta para superar una realidad económica, social, agobiante.

Eso pasa en México hoy.

El régimen tiene muchos problemas. Uno, sin embargo, está socavando rápidamente su popularidad: la economía.

Es reciente.

Antes, el golpe feroz fue la destrucción del mito de la “superioridad moral” de Morena. Los purificadores de la vida nacional resultaron ser ecolocos. Arrogantes. Exhibicionistas. La corrupción pululó por todo el organismo político del partido.

Luego vino la asociación con la mafia del huachicol y la ejecución de Carlos Manzo. Hoy, la embestida de Estados Unidos no es una crisis para Morena: es una catástrofe.

Quien lo diría: los catequizadores están siendo moralmente avasallados.

Pero los datos revelan que a este cocktail mortífero se suma la penuria económica.

El tema ya aparece como la segunda principal preocupación familiar, un poco debajo de la inseguridad.

La economía está detenida. El primer trimestre se contrajo. Quizá vayamos derecho a una recesión.

La inflación se come el mandado de las familias. La falta de empleo, y la precariedad del formal que se genera, están llevando a la decepción a las personas. Ese es el sentimiento predominante en la sociedad.

Un dato central: un enorme bloque de desaprobación proviene de adultos mayores. Pese a las pensiones del bienestar, que les permiten sobrevivir con cierta dignidad. ¿Por qué? Por el alza en los precios de los alimentos. Por la falta de medicinas y la ausencia de consultas. Eso devora el bienestar de la ayuda a personas que ya no tienen ingresos y que requieren de cuidados permanentes que el Estado ya no les da.

El régimen insiste en repetir en las mañaneras y con sus ejércitos de bots que el país transita de maravilla.

Apuestan a la pantalla. El refrigerador dice otra cosa.

Los oídos nunca logran calmar a un estómago vacío.

La promesa de prosperidad compartida no llegará. No lo hará este año, y quizá tampoco el siguiente.

Heredaron del sexenio anterior una economía prendida con alfileres.

Y se los están quitando.

@fvazquezrig

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