Elocuente y triste, pero cierta lamentablemente la caricatura del talentoso Kemchs que apareció en nuestro periódico a principios de semana: la bandera nacional está con girones evidentes en sus colores. Es elocuente porque gráficamente está señalando cómo es que la mentada 4T está acabando con instituciones y cometiendo yerros que tendrán tiempo en ser remediados; habrán de pasar años, cuando sea derrotada en las urnas esta forma equívoca de gobernar, iniciada en el sexenio pasado y continuada en esta administración con la amenaza, desde la campaña presidencial, que se construiría su “segundo piso”.

Hechos concretos fundamentan lo que escribo. Antes de enunciar algunos que estamos sufriendo, me refiero a la arenga presidencial, en donde entre los “vivas” pronunciados, estuvo el “viva la democracia”; enhorabuena que la vitoreó, sin embargo, en la vida pública no es así. El Instituto Nacional Electoral, garante de la democracia, y del que nos sentíamos orgullosos antes de la llegada de la actual Consejera Presidenta, se está comportando como una oficina, quizá con el rango de subsecretaria o dirección general de la Secretaria de Gobernación. A la sesión, en la que se iniciaban tareas electorales asistió la Secretaria de Gobernación. Acto formal, pero con un fondo que invita a preocupantes reflexiones. Como lo es la decisión de que podrán ser contabilizadas el día de la votación, las boletas que no presenten ningún doblez, esto es que no hayan ingresado a las urnas con lo que las boletas no entregadas a los ciudadanos para que voten, podrán ser llenadas en favor de quien deseen los funcionarios de las casillas, y después contadas en favor de ese partido o candidato al que quieran favorecer y haya obtenido mayoría gracias a ese llenado de votos.

La democracia tiene como forma para asegurar su vigencia el cumplimiento de las leyes, y ese cumplimiento en el ámbito electoral corresponde al Instituto Nacional Electoral, que procediendo como eficiente oficina de la Secretaria de Gobernación, permite los evidentes actos de campaña, contrarios a la ley por el momento que se están realizando, de los llamados defensores o coordinadores de Morena en los Estados en los que habrá elecciones el próximo año, y en donde esos “coordinadores o defensores” serán sus candidatos a gobernadores. Me pregunto a qué democracia vitoreó nuestra Presidenta la noche del 15.

A propósito del título de este artículo, escribí que ha habido decisiones oficiales que fueron referidas en estos días patrios que a mi juicio contrarían el mensaje presidencial de “independencia, soberanía, no doblegarnos, no ser colonia de nadie” lo que implica no permitir la injerencia extranjera, pero esa nacionalista afirmación se enfrenta al hecho de tener cientos de médicos cubanos contratados, y la amenaza o realidad de traer profesores cubanos. Nuestra bandera, la que miramos ondear con orgullo, tiene por eso rasgaduras que lamentamos.

Como lo afirmé, hay otras conductas de este sistema político que desde hace ocho años lastiman al país. Qué objeto tiene, en un régimen que afirma y pregona austeridad, que se esté gastando dinero en que la Presidenta viaje a los estados a rendir un informe de actividades, cuando ya lo hizo ante el Congreso.

Se habla de combatir la impunidad, y al que fue Secretario de Marina no lo quieren encontrar para que no tenga que ir a declarar.

Se me acabó el espacio para justificar de manera categórica y triste que nuestra bandera está desgarrada por acciones oficiales.

Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM

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